Horas de recuento del Che - Cuba

Horas de recuento del Che

El inolvidable Comandante, en los días finales de diciembre de 1959 celebró el primer aniversario de la victoria en Santa Clara y rindió homenaje a sus hermanos caídos. Junto a él, el pueblo tomó las calles de la ciudad para apoyar las ideas de la joven Revolución

Autores:

Nelson García Santos
Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

SANTA CLARA, Villa Clara.— La ciudad se despertó para reencontrarse con los barbudos, que todavía mantenían la nítida estampa del guerrillero. Había deseos de congratular al Ejército Rebelde, que en diciembre de 1958 había sellado la victoria de la Revolución en esta urbe, y especialmente al Comandante Ernesto Guevara.

En aquellos días todo ocurrió tan rápido que el mismo Che, artífice del triunfo sobre la tiranía batistiana, allí tuvo que partir casi de inmediato hacia La Habana para ocupar la fortaleza de la Cabaña y, consecuentemente, cientos de personas se quedaron con los deseos de verlo, de estrecharle la mano o susurrarle dos palabras al hombre que comenzaba a tejer una leyenda que lo haría inmortal.

Se comprende, entonces, la euforia que reinaba en los días finales de diciembre de 1959, cuando Guevara regresó para celebrar el primer aniversario del triunfo y rendir homenaje a sus hermanos caídos en el combate. Fue una jornada en la que ocurrieron hechos trascendentales que hoy evocamos.

Semana de evocación

Desde las seis de la mañana del día 28, dedicado al Ejército Rebelde, la sirena del Cuerpo de Bomberos, las campanas de las iglesias y las bocinas de los autos y los carros altoparlantes que recorrían la ciudad, provocaron un ruido mayor que el acostumbrado.

Al escudriñar entre las hojas amarillentas y frágiles de los pocos ejemplares que ya van quedando del diario El Villareño, conocimos que el pueblo, como tantas otras veces después, tomó masivamente las calles de la urbe para apoyar las ideas de la joven Revolución.

Como en aquel amanecer del domingo 28 de diciembre de 1958, 12 meses después numerosas casas de familia abrieron sus puertas para brindarles desayuno y alojamiento a los combatientes del Ejército Rebelde.

Los villareños, inmersos ya en las transformaciones de la obra revolucionaria recién iniciada, celebraron durante una semana aquella victoria decisiva. A los obreros estuvieron dedicados los festejos y homenajes del día 29, luego de una jornada que, según reseñó el referido periódico, había alcanzado resonancia extraordinaria.

Desde el 26 ya venía desarrollándose en Santa Clara, con participación popular en numerosos actos, la Semana de la liberación, como se le llamó a aquellos días de tributo y júbilo compartidos.

Sobre estos acontecimientos dejó escrito para la posteridad el referido rotativo, que jamás en nuestra tierra se había vivido un momento igual, aludiendo al estremecedor homenaje rendido a los héroes y a los caídos luchando por la libertad, porque más que festejar la gesta escrita por los villareños, unidos hombro a hombro con las fuerzas rebeldes, se celebraron los nuevos aires de libertad y de igualdad que acariciaban a la Patria.

Muy contento

A Ovidio Díaz Rodríguez, dirigente del Partido Socialista Popular en la antigua provincia de Las Villas, le brotan los recuerdos, a pesar de haber transcurrido 52 años de aquella primera celebración. El Che estaba muy contento. Y la gente, que surgía de todas partes, lo aclamaba, lo saludaba como a un conocido de siempre: niños, hombres y mujeres a los que él respondía con palabras o una simple sonrisa.

Recuerdo que cuando llegó al parque Vidal, después de estar en el lugar donde se descarriló y tomó el tren blindado de la dictadura, él decidió enrumbar hacia la antigua Jefatura de la Policía, frente al parque del Carmen, donde cayó combatiendo el capitán Roberto Rodríguez, «el Vaquerito».

El Villareño, al hacer referencia a ese tributo popular el 28 de diciembre, destacó que fue recordado con profunda emoción por el Che, quien habló allí a la multitud que acudió a homenajear al joven.

Cuenta Díaz Rodríguez que luego, miles de personas desde distintos puntos de la urbe convergieron en el Paseo de la Paz, al costado de la Audiencia, donde se efectuó un acto en el cual el único orador fue el Comandante Guevara.

«Aquello fue apoteósico y reinaba un entusiasmo indescriptible. Fue buen colofón de todas las muestras de afecto y cariño que habían recibido el Che y el Ejército Rebelde», enfatiza Ovidio.

Lo que era poco conocido hasta hoy fue que aquello trascendió a la historia como la primera y única vez que el Che habló aquí en una gran concentración pública efectuada en la avenida Paseo de la Paz, e igualmente la única oportunidad en que asistió para conmemorar el triunfo.

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