Las «fibras» sueltas del henequén

La producción, su calidad, y las áreas destinadas a este cultivo han descendido en los últimos años, lo que resulta imprescindible cambiar por la salud de la economía del país, que tendrá que importar este año cientos de toneladas de fibra

Autores:

Hugo García
Pedro A. Rizo

MATANZAS.— Cuba fue considerada potencia en la fabricación de fibra de henequén para la confección de sogas y cordeles, desde su introducción en nuestro país alrededor de 1850. Hasta exportaba cordeles de henequén a naciones desarrolladas, que lo usaban en el amarre de pacas de heno para el alimento animal.

Los tiempos de gloria del henequén quedaron atrás por diversas razones. Entre estas se destacan que muchos campos han sido arruinados por los bajos niveles de siembra hasta el 2003, la alta incidencia de incendios que motivaron la pérdida de áreas tanto de producción como de desarrollo, o la afectación causada por la ganadería vacuna, debido a la carencia de alambre para el manejo adecuado de la masa.

Otro motivo que favoreció la tendencia decreciente fue la posición geográfica del área en que se fomenta su cultivo y procesamiento, por encontrarse la empresa matancera cerca del polo turístico de Varadero y de la empresa petrolera del centro. Eso dificultó la captación de fuerza de trabajo, al ser además el henequén un cultivo de limitadas posibilidades de mecanización.

También influyó la falta de estimulación adecuada a las actividades agrícolas, el déficit de insumos para la maquinaria y el transporte, y los bajos precios de venta de la fibra.

Aun con todo esto en su contra, los henequeneros quieren que ese emblemático cultivo renazca para bien del país. Ellos esperan producir 1 300 toneladas métricas de fibra de henequén en el quinquenio 2011-2015, con un nivel de siembra de 600 hectáreas.

Este cultivo vive en regiones cuyas características son de suelos abruptos, peñascosos, de alta salinidad, pues en otros terrenos las pencas son pequeñas.

Las áreas de henequén y su producción han descendido en los últimos años, con un punto crítico en 2008, cuando solo se produjeron 165,1 toneladas de fibra. Conocedores del tema coinciden en que en la década de los 90 se fue perdiendo la cultura henequenera, aunque reconocen que desde hace más de un año esta se rescata paulatinamente.

Por la importancia de este cultivo para el país en la producción de sogas y cordeles, de interés para la agricultura y otros sectores, resulta imprescindible dinamizarlo con eficiencia.

Al rescate

Los henequeneros se proponen satisfacer la demanda nacional de fibra de henequén y alcanzar 580 toneladas de ese producto en 2015, de manera que se disminuyan las importaciones de esa materia prima.

Ese colectivo de más de 400 trabajadores pretende elevar los rendimientos agrícolas en 1,4 toneladas por caballería para ese año y disminuir los costos de producción, diversificar la agroindustria henequenera y lograr el perfeccionamiento del sistema productivo con el principio de la sostenibilidad.

Para lograr ese empeño se necesita tener 1 155 000 posturas en los viveros, que garanticen en el menor tiempo la siembra y la reposición de las plantaciones permanentes. Actualmente hay sembradas 650 000 posturas en viveros, y para cumplir el plan de 2011 faltan más de 450 000. Solo para realizar la siembra de este mismo año apremia preparar 148 hectáreas y a partir de 2014, alrededor de 200 cada año, para lo cual se necesitará de buldóceres, tractores y otros insumos.

Un especialista en el cultivo del henequén, el ingeniero agrónomo Vicente Orozco, añade que las posturas se seleccionan en el campo por su tamaño para traerlas al vivero, de modo que cuando se siembren en el cantero salgan parejas.

«Las posturas alcanzan su estado óptimo entre 12 y 17 meses, pero queremos reducir el tiempo de estancia, porque ahí es donde nace el henequén, y eso se logra aplicando materia orgánica, fertilizantes y riego —ya contamos con cuatro sistemas de riego—», destaca.

Sostiene que han llevado al vivero posturas del escapo floral de la planta y esa se desarrolla mejor que la de rizoma (la que nace en el suelo).

«Con las vitroplantas —agrega Orozco— se logra mejor rendimiento, porque tienen una constitución física vigorosa y aportan más fibra, así como se reduce el tiempo en el vivero (hasta que alcanzan los 40 o 50 centímetros para sembrarlas permanentemente). Una vez que se siembran permanecen alrededor de tres a seis años  sin cortarlas, con atenciones culturales como chapea y aplicación de herbicida».

Las plantas han de tener de 14 a 16 hojas para empezar el corte. Después que la planta comienza a producir se le puede hacer como promedio 1,1 corte anual, cada nueve meses aproximadamente. Hasta los 20 años se puede cortar, y a partir de los cinco se le puede introducir la ganadería, que contribuye a eliminar el enyerbamiento.

El ingeniero agrónomo explica que se cortan 25 hojas por cada mazo de pencas; luego se llevan a la industria, que es como una guarapera grande en la que se muele; sale la pulpa para un lado, y la fibra y el jugo para el otro. La fibra se pone a secar dos o tres días y la pulpa se utiliza como alimento animal o fertilizante.

Con las fibras secas se hacen pacas de 250 kilogramos, que por su calidad se clasifican como A, B y C. La fibra C que se rechaza en la industria se traslada a talleres artesanales y con ella se confeccionan sogas para bueyes, tendederas y otros menesteres en Pinar del Río, Camagüey y Ciego de Ávila.

En estos momentos, en Matanzas se trabaja con una sola industria procesadora, la cual tiene una capacidad de desfibración de cuatro toneladas diarias, aunque su funcionamiento se interrumpe porque escasea el bronce para fundir y elaborar las cadenas que necesita la maquinaria.

Alfonso García León, director de la Empresa Henequenera Eladio Hernández, explica que están aprobados 60 000 dólares y 450 000 pesos en moneda nacional para la implementación de una industria nueva.

García León refiere que en 2010 tuvieron problemas con el plan de fibra que debían entregar procesada. «La contratación la realiza la Empresa de Aseguramiento Logístico al Tabaco, que demanda la mayor cantidad de toneladas de fibra para que se fabriquen las sogas para este importante rubro».

Los veteranos toman la palabra

Un veterano en estas lides, Narciso Torres Ávila, de 40 años de edad y vinculado al henequén desde 1997, ahora trabaja en la cosecha y chapea, con un salario que oscila entre los 250 y 300 pesos quincenalmente.

Cuando le preguntamos por su labor, comparte que «el corte es difícil». Y ni corto ni perezoso presenta un ejemplo: «por 180 mazos me pagan 36 pesos. Esta labor no es atractiva para los jóvenes, teniendo a Varadero tan cerca, además de que uno está expuesto a muchos riesgos, como una caída en terreno rocoso, pincharte con las espinas de la mata de henequén… Creo que no hay otro trabajo en el campo más difícil que este, incluso ni el de la caña de azúcar».

Por el vivero de La Conchita, cerca de Varadero, encontramos guataca en mano a otro campeón, a René Quintana Calero, quien desde 1960 trabaja en el henequén: «Vine joven y después de jubilado volví para el vivero. Aquí he hecho de todo y te aseguro que todos los oficios son difíciles, duros, como cortar las pencas, amarrarlas en mazos de 25 kilogramos cada uno, y cargar estos a veces hasta cien metros por dentro de las piedras».

Quintana Calero, quien vivió el esplendor y desplome del henequén, refiere que hay que trabajar fuerte con los jóvenes para que se incorporen y, como él, amen este cultivo.

Sustituir importaciones

La ingeniera industrial Alina López, especialista de Calidad en la Unidad Empresarial de Base de Producción de Sogas y Cordeles Julián Alemán, considera que la fibra que se está produciendo en Cuba muchas veces no cuenta con los parámetros requeridos, debido a su tamaño, porque para considerarla como de clase A debe tener 90 centímetros o más de largo.

También influye el mal desfibrado, y que la penca se demore en el campo, se seque y se manche. Después que se desfibra, se lava y el proceso de secado es al sol. Debe tener una humedad de un 12 por ciento, pero muchas veces reclamamos pues tiene más peso debido a la humedad, especifica Alina.

En Cuba hubo una fuerte cultura del cultivo de henequén, pero hoy la fibra nuestra viene con mucha cáscara y enredada, lo que muchas veces entorpece las labores y deteriora los «peines» de los equipos, insiste Alina.

Del mismo modo Lidia Esther Pino, directora de la Unidad Empresarial de Base de la Producción de Sogas y Cordeles Julián Alemán, con 22 años de experiencia en la industria textilera, califica a la materia prima cubana como de baja calidad, muy lejos de la época de esplendor de ese cultivo.

La inestabilidad con el suministro de fibra de origen nacional ha sido un escollo. Según el Departamento de Economía de la Julián Alemán, en 2005 esa unidad empresarial recibió 129,6 toneladas; 49,5 en 2006; 15,9 en 2007; 90,1 en 2008 y 65,6 en 2009.

En esta unidad, de las 33 toneladas de fibra recibidas en 2010 (25,5 de ellas proceden de Cienfuegos), todavía queda en los almacenes una parte, por considerarse que no cumple con los requisitos de calidad, nos dice el licenciado en Economía Humberto Rodríguez, director de la Empresa Textil Eddio Teijeiro.

En 1985 Cuba produjo 6 038,2 toneladas de fibra. Sin embargo, a partir de 1993 se tuvieron que importar por primera vez 420 toneladas, cuando la producción nacional aportó 1 826,6 toneladas.

Este año todavía la industria henequenera no ha entregado ninguna suma de fibra y hasta la fecha ya se han importado 312 toneladas procedentes de Brasil, a un precio de 880 dólares la tonelada, agrega Humberto Rodríguez.

«La fibra que se está produciendo en Cuba tiene baja calidad, pues no posee las especificaciones técnicas requeridas. Viene con cáscara y el 90 por ciento es categoría C, que no nos sirve», expone el director de la Eddio Teijeiro, quien asegura que ellos no reciben fibra de mala calidad, sin los parámetros técnicos necesarios.

Humberto Rodríguez aclara que la tonelada de fibra cuesta 880 dólares cuando la pone el proveedor de manera directa, es decir, cuando la empresa textil contrata la materia prima con su importadora y financiamiento propio, pero que el Tabaco utiliza un financista extranjero que cobra intereses.

Sobre la significación de producir nuestra propia fibra con la calidad requerida, el directivo llama la atención sobre el hecho de que, primero, no sale del país ese dinero para el extranjero y se ahorra la diferencia entre lo que cuesta importarla y el costo de producirla. La demanda estimada para este año es de 923 toneladas y hasta ahora no se ha contratado cantidad alguna con la henequenera cubana.

Ciencia que espera

El Doctor en Ciencias Agrícolas Gerardo González Oramas, jefe de la Línea de Biotecnología Vegetal de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Matanzas Camilo Cienfuegos, reflexiona que el henequén, a partir del surgimiento de la fibra sintética, fue perdiendo importancia, porque esta resulta mucho más barata. «Son más las plantaciones de henequén que se pierden y salen de la producción que las nuevas que se siembran, y entonces eso crea un bache».

El investigador matancero insiste en que son plantas que desde hace tiempo no se han mejorado genéticamente, ni se les ha hecho un trabajo de saneamiento, lo que repercute en su rendimiento.

La mejor estructura del henequén está en Matanzas, con la única desfibradora y fábrica de sogas y cordeles del país. La empresa yumurina cuenta con dos granjas henequeneras, una fábrica desfibradora, una granja ganadera, una unidad de aseguramiento y tres viveros.

«Con el desarrollo de la biotecnología en Cuba, nos unimos al grupo del Jardín Botánico Nacional y establecimos un proyecto para propagar el henequén; se hicieron estudios y una caracterización genética de las especies; en México se determinó que la población cubana tenía variabilidad», señala González Oramas.

Con más de 15 años de trabajo en el tema del henequén, el también profesor universitario comenta que existe una tecnología para la propagación in vitro, cuyas ventajas radican en que es una planta capaz de producir hijos de rizomas, y eso lo produce en su ciclo de vida, que es de 14 a 20 años, con alrededor de 1 800 a 2 000 individuos, hijos de la inflorescencia.

«Por el cultivo de tejido se pueden producir 5 000 posturas en 11 meses. No es que el cultivo de tejido sea lo superbárbaro, pero sí te permite seleccionar la mejor planta para clonarla; la población in vitro garantiza el cultivo de tejido con plantas que son mucho más vigorosas y la universidad hizo el estudio de por qué las plantas propagadas in vitro, incluso las hijas, producen más fibra.

«El cultivo de tejido no es que sea lo mejor, porque es caro; de lo que se trata es de seleccionar los mejores individuos y clonarlos, para luego hacer una combinación de la propagación in vitro con la convencional».

Precisa que no debe pasarse por alto la importancia que tiene esta tecnología, que aunque sea cara te permite un resultado considerable que justifica el gasto; porque mientras de la forma natural te demoras de cinco a seis años para hacerle el primer corte a la planta, a la in vitro se lo puedes hacer a los tres años.

El henequén tiene una gran importancia en la actualidad porque las fibras vegetales resultan muy demandadas, ya que casi todo lo que se quiere embalar es con fibras vegetales, las cuales son biodegradables.

«Sin embargo, hay una serie de problemas que impiden que avance su cultivo en Cuba, como la siembra fuera de tiempo, la mala selección de las posturas, la inadecuada rotación de los campos y otros; y hay que evaluar hasta qué grado es conveniente su rescate o no en el contexto nuestro», considera González Oramas.

Pero el henequén no solo es valioso por su fibra, añade el Doctor en Ciencias Agrícolas. De él se extrae la ecogenina para elaborar ciertos productos farmacéuticos; con este cultivo se pueden producir también detergentes, porque tiene zapogenina; y de la sustancia que se llama inulina, que es un polímero de fluctuosa con bajo poder calórico, se dice que pudiera convertirse en el edulcorante del futuro, lo que sería bueno para los diabéticos, y eso se extrae después que tiene lugar la cosecha.

«Hay que establecer cuál es la importancia de cada tarea y quién es su responsable, porque si hay un resultado debe utilizarse; nosotros estamos trabajando con el Centro de Investigación Científica de Yucatán y ellos lo tienen implementado en México.

«El henequén es una planta verdaderamente increíble; hasta se puede usar en la producción de fertilizantes», comenta González Oramas.

También agrega que se puede producir biocombustible con el henequén, y sobre el particular menciona un trabajo del Centro de la Energía Renovable de la CUJAE, en el que utilizan el henequén para extraer cera y de esta el PPG y otros productos.

Al atar cabos con la misma fibra del henequén vislumbramos que si se le «mete el pecho» por parte de los henequeneros y se aprovechan, de acuerdo con las posibilidades reales de aplicarlas, las propuestas de los científicos de la universidad, la economía del país agradecerá que en el futuro resplandezcan con su verdor los campos henequeneros.

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