Rostros de un camino

Jóvenes del Ministerio del Interior se enorgullecen de ser parte de esta institución y aseguran la disposición infinita en su trabajo

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Cuando su madre la vio vestida de verde, con botas rústicas, una pesada mochila en la espalda y fusil al hombro, le pidió que abandonara la vida militar porque, consideraba, era muy fuerte para una mujer.

La mayor Yilianne Medina Hernández se ríe cuando rememora ese momento, porque «si le hubiera hecho caso a mi mamá, no fuera tan feliz como lo soy ahora siendo miembro del Ministerio del Interior (MININT)».

De recuerdo en recuerdo, todavía esta joven instructora penal recuerda detalladamente la primera vez que se enfrentó a un interrogatorio. Era de noche y sus conocimientos se pusieron a prueba en cuestión de minutos, en los que debía obtener toda la información necesaria del acusado para esclarecer el delito.

«Ha sido ese uno de los momentos más difíciles que he tenido durante mi trayectoria y que he superado, sobre todo, por el amor que le tengo a este trabajo. Cuando una hace algo que le gusta, todo es más fácil y si se tiene la ayuda de la familia, que no debe faltar si una mujer quiere lograr éxitos en la vida militar, es mejor», explicó Yilianne.

A pesar de que esta pinareña siempre tuvo el sino de una mujer madura y responsable, muy adelantada para su edad, hoy se autocritica porque, dice, se ha vuelto más seria, con un carácter más endurecido.

No es para menos, teniendo en cuenta que para ejercer la especialidad de Investigación Criminal y Operaciones debe conjugar lo adquirido en la academia con la práctica diaria en la estación de policía. Sobre todo, asumir los retos que impone trabajar diariamente con personas implicadas en hechos graves, quienes pueden acudir al soborno o a la amenaza contra ella con tal de evadir la justicia.

«Debemos ser muy fuertes y tener muy claros los términos legales con los cuales trabajamos y los principios que rigen las acciones del Ministerio del Interior. Contribuimos al esclarecimiento de hechos graves que tienen un marco sancionador por encima de los tres años de privación de libertad, por lo que se exige además una intensa preparación sicológica para el tratamiento con personas que han sido testigos, víctimas o sospechosos», añadió.

Puede ser que el amor le haya jugado algunas malas pasadas a esta treintañera jovial, pero ella sabía de antemano que es uno de los riesgos más comunes a los que se enfrentan las mujeres en esta profesión.

«Esta especialidad, por ejemplo, es una de las más complejas y casi siempre su horario de trabajo es el nocturno. Se necesita de apoyo y comprensión de la persona que haya decidido unir su vida a la de alguien que, como yo, disfrute tanto su trabajo; porque está claro que dentro del MININT soy feliz en lo que hago y lo haré siempre».

¿Fuera del ring?

Ante un llamado de nuevo ingreso, el primer suboficial Rodilexis Rodríguez Núñez, de 28 años, decidió presentarse a las pruebas y aspirar, luego de aprobarlas, a la preparación como educador penal en establecimientos penitenciarios, una de las especialidades que más le motivaba, porque «genera valentía».

Ama el deporte y anteriormente se entrenaba en boxeo; por eso la disciplina, las exigencias y la necesidad de no cometer errores para obtener éxitos en la vida no le tomó de sorpresa en el mundo militar.

«Mucho de la entrega diaria que exige el deporte me ha servido para ser un oficial del MININT con todas las de la ley, sin señalamientos. En ambas profesiones se necesita mucha preparación para no perder el control ante las diferentes situaciones difíciles que se me han presentado y para las que todavía están por llegar», insistió.

En la Unidad Especial para los enfermos de VIH/sida, en la provincia de Mayabeque, Rodilexis se desempeña además como segundo jefe del Departamento de Orden Interior y secretario del comité de base, labores a las que le dedica especial atención porque se siente responsable de la preparación de los demás y con su actitud debe dar el ejemplo.

«Ingresé en el MININT con 21 años, así que no puedo dejar de reconocer que en esta institución me he hecho hombre, como se dice. He aprendido mucho y aspiro a ser un cuadro profesional con más grados de los que ahora llevo, no para lucirlos solamente en el uniforme, sino porque serían el premio a los buenos resultados de trabajo que espero alcanzar».

Ternura

Cuando me acerqué a la mayor Taylí Martínez Díaz y le pedí que me contara de sus vivencias como miembro del Ministerio del Interior no hizo más que sonreír.

«Mejor sentémonos, que esto va para rato», me dijo.

Tenía razón. No podía comenzar a explicarme sus responsabilidades como profesora de la Facultad Independiente General de Brigada Luis Felipe Denis Díaz, en Villa Clara, sin antes hablar un poco de su infancia inquieta y su madurez prematura.

«Viví en una finca rural hasta los ocho años, en Cifuentes, y luego nos mudamos para el pueblo. En la escuela siempre asumí compromisos a nivel de destacamento y en la dirección del colectivo de la escuela.

«Luego de los estudios en la Secundaria ingresé a los Camilitos, donde comenzó a sembrarse en mí, a pesar de todos los sacrificios, esta semilla del amor por la vida militar y también por mi actual esposo, a quien conocí en ese tiempo y con el que ya tengo 20 años de vida en común», añadió.

Justo en ese instante Taylí detuvo su hablar cadencioso. Sabe que es muy difícil congeniar una profesión tan abnegada como la suya con las exigencias de la vida hogareña y de pareja. Pero ha tenido suerte, reconoce, no solo por el apoyo de sus padres, que también se enorgullecieron de su Licenciatura en Derecho y de su especialización en Procesamiento penal, sino por el que siempre ha tenido en el seno de la familia que ha construido.

«Como estudiante de este instituto siempre di todo de mí para estar en la vanguardia. Después de graduarme decidí permanecer en la docencia de esta institución porque me apasiona trabajar con los jóvenes que comparten el mismo sueño que tuve yo algún día. Me gusta transmitirles mis experiencias y lograr identificación con ellos sobre la base del diálogo y el apoyo incondicional como profesora, militar y amiga. Sé que esta etapa es muy difícil y determinante para continuar o no por el camino que eligieron».

La imagino preparando las clases, conversando en los pasillos con los estudiantes, brindando consejo, hablando con los padres para ventilar decisiones impostergables en la vida de un cadete o simplemente hallándole más horas al día de las que realmente tiene para no dejar a un lado su superación.

«No puedo pararme frente a un aula si mi preparación individual no está a la altura de lo que mis alumnos necesitan y por eso hice mi maestría y luego mi doctorado, a la par de los embarazos y cuidados de mis dos hijas. Además, desempeño cargos administrativos en la escuela, que me permiten estar muy al tanto de los muchachos y guiarlos en su intenso entrenamiento, con disciplina.

«Lo mejor de mi vida ha sido poder realizar mi sueño. La mujer organizada y disciplinada que soy, la firmeza en mis decisiones y tenacidad en el cumplimiento de mis aspiraciones, y mi entrega a toda tarea que se me encomiende se las debo a esta institución. Si pudiera tener otras vidas además de esta, las hubiera transitado por el mismo camino», aseguró.

Sin perder la ternura, Taylí le da más vueltas a las manecillas de su reloj para que el tiempo le alcance y no le sea imposible estar siempre dispuesta. Aunque reconoce que a la mujer le resulta más complicado combinar sus roles tradicionales con profesiones como esta, sabe que su presencia es imprescindible en el MININT, como lo es dentro de cualquier actividad, «porque somos más sacrificadas, más entregadas».

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