Anclar en Cayo más seguro

Los avatares de un proyecto integral de rehabilitación en el santiaguero Cayo Granma señalan la necesidad de la integración entre organismos para bien de las zonas patrimoniales

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

SANTIAGO DE CUBA.— Como un caracol gigante, detenido en el tiempo a la entrada de la bahía santiaguera, acaricia los sentidos Cayo Granma. Entorno marino al fin, la vida es allí soleada y tranquila.

En cada ensenada o embarcadero flotan los sueños de aquel pescador de apellido Smith que, según la leyenda —no comprobada, por cierto—, fue tal vez el primero en llegar para bautizar el lugar.

Por sus senderos, rampas y escalinatas; por su única calle de alrededor de un kilómetro, que bordea toda la isla, puede sentirse el lamento de aquellos inmigrantes haitianos que encontraron aquí refugio, o el tronar de los cañones en la batalla naval de Santiago de Cuba, que hizo que las aguas cercanas entraran en la historia.

En la arquitectura singular de sus viviendas de madera —tipo bungalows—, plantas en forma de L, techos inclinados de zinc, patios espaciosos y portales decorados, está también el testimonio de una burguesía santiaguera que, buscando expansión, en la época prerrevolucionaria lo convirtió en su zona de recreo.

Con un círculo concéntrico de inmuebles, que ascienden desde el mar hasta escalar los 29 metros de altura, Cayo Granma es la evidencia viva de valores arquitectónicos, paisajísticos y ambientales que, más allá de la ubicación geográfica, justifican su condición de área protegida del sitio Castillo del Morro San Pedro de la Roca, Patrimonio de la Humanidad.

Sin embargo, a pesar de su historia y valores, fue durante años tan solo un entorno marino distante, presa del abandono y el alto nivel de deterioro de sus edificaciones, a las que el inexorable paso del tiempo y las incidencias del clima, la salinidad y la presencia de elementos parásitos como el comején, le habían colocado el rótulo de patrimonio en peligro.

Proyecto de esperanza

El día que la arquitecta Aleida Márquez entró a su casa con cara de satisfacción para comunicarle la noticia, Alicia Felizola, Chiri para todos en el Cayo, confiesa que se asustó.

En ese momento tuvo la certeza de que una nueva etapa se abría, al conocer sobre el proyecto de colaboración internacional que establecería la Oficina del Conservador de la Ciudad con la Consejería de Ordenamiento Territorial y Vivienda de la Junta de Andalucía para rehabilitar la zona.

Así se puso en marcha la primera fase de intervención de un proyecto que, al decir de la arquitecta Aleida Márquez, jefa del equipo de trabajo del sitio Castillo del Morro, de la Oficina del Conservador de la Ciudad, se propuso la rehabilitación integral del 16 por ciento de las 9,6 hectáreas del Cayo, con las miras puestas en la elevación de la calidad de vida de sus habitantes.

La especialista precisó que «desde el año 2002 comenzamos la intervención en toda el área patrimonial, que incluyó el Castillo San Pedro de la Roca, la Socapa, Ciudad Mar, y Punta Gorda, donde construimos el centro comunitario Surtidor de Sueños, y otras áreas del litoral.

«Después de un estudio sociológico y urbanístico previo aquí en el Cayo, en un primer tramo, nos propusimos la rehabilitación capital de 22, de los aproximadamente 120 inmuebles existentes: 17 viviendas y cinco entidades estatales y el mejoramiento de toda la entrada y la calle principal, donde se concentra la mayor cantidad de servicios.

«Así trabajamos en el embarcadero, principal vía de acceso; la cafetería, y el parque, centro de reunión de la comunidad y que estaba en estado de gran deterioro y con escaso mobiliario urbano y áreas verdes; la bodega, a la que se le insertó un portal delantero; la fachada del antiguo correo, que tuvimos que reconstruir; y en un grupo de viviendas ubicadas consecutivamente en la calle 24 de Febrero.

«En el caso de las viviendas, aunque hemos usado materiales de tecnología avanzada, el proyecto mantiene la tipología constructiva de dichos inmuebles: casas de madera de altos valores arquitectónicos, y trabajamos en la colocación de cubiertas, el elemento más deteriorado; el mejoramiento de baños, cocinas, portales, pisos y cisternas, con muchos años de explotación y sin mantenimiento.

«Otra situación que presenta el Cayo es que sus viviendas vierten los residuales directamente al mar. Como solución a ese problema, el proyecto concibió la instalación de sistemas de tratamiento de residuales. Ya el acueducto fue rehabilitado y estamos trabajando en el alcantarillado.

«Tenemos prevista la construcción de baños públicos. También tenemos intenciones de avanzar en la señalización del área, que no existe y es muy importante, ya que muchos de estos inmuebles atesoran una rica historia.

«Queremos rehabilitar asimismo los viales: la calle principal o el camino peatonal, que se determinó fuera todo de lajas y del cual nos falta aproximadamente un 20 por ciento por sellar, y los accesos perpendiculares como escalinatas y rampas que dan paso a las cotas superiores, pues en estos momentos solo hay dos escalinatas consolidadas que ascienden hasta la iglesia.

«Esto haría más agradable el camino en un entorno que a diferentes alturas ofrece una vista interesante, y pudiera usarse para la creación de miradores naturales, cuyos valores paisajísticos son una opción turística inexplorada en el área, que ayudaría a incrementar las restringidas ofertas de hoy, limitadas a los servicios de un restaurante en divisas y otro en moneda nacional».

Horizontes demorados

Como impacto del integrador proyecto, el parque del Cayo exhibe hoy una nueva imagen. El nivel de satisfacción de los habitantes crece, y pudiera ser mayor, a no ser por la preocupación que entre todos persiste en torno a cuándo terminará el proyecto si, en nueve años de ejecución, solo ha conseguido rehabilitar en su totalidad nueve inmuebles.

La arquitecta Aleida Márquez entiende la preocupación de los moradores. «El desarrollo de este proyecto ha sido bastante lento. Hemos tenido dificultades con la transportación de los materiales y los trabajadores. Cuando comenzamos teníamos que trasladar los materiales en la lancha del transporte público y eso nos trajo no pocas complicaciones. Igualmente, no siempre hemos dispuesto en la provincia de los materiales cuando los hemos necesitado, y todo esto, entre otras causas, ha ocasionado los atrasos en el cronograma de ejecución previsto.

«En dependencia de la disponibilidad de los materiales le hemos dado seguimiento a las labores en el área, pero aún queda mucho por hacer; nuestra experiencia en la zona nos dice que solo podremos avanzar si contamos con el apoyo de otros organismos, como la dirección de la Vivienda, Transporte, Turismo, Viales y otros.

«Tenemos muchos proyectos con el área: pensamos en potenciar la economía local, desde el punto de vista turístico muchos de estos inmuebles pudieran usarse como hostales que redundaran en su propia rehabilitación, pudiera pensarse en la necesaria reforestación de este entorno marino con el concurso de alguna empresa forestal.

«En fin, el proyecto es integral, e involucra a muchas entidades de las que necesitamos para poder avanzar; pero cierta concepción de que la zona patrimonial es únicamente responsabilidad de la Oficina del Conservador de la Ciudad nos limita mucho el trabajo hoy, lamentablemente.

«El hecho de que el área sea declarada Patrimonio de la Humanidad, presupone una responsabilidad de los Estados parte en que esta condición se mantenga; en este caso, eso involucra a todos los organismos que deben intervenir en la zona. El que la Oficina rehabilite determinados inmuebles, no quita que otras entidades puedan asumir las responsabilidades que le competen».

Por el litoral

Sin dejar de trabajar por la culminación de este proyecto, los especialistas de la santiaguera Oficina del Conservador no dejan de soñar.

«Como el sitio Castillo del Morro es tan amplio —explica la arquitecta Márquez—, queremos incluir rutas, por vía terrestre o marítima, que permitan a la población acceder hasta Punta Gorda, Barrio Técnico, visitar el Cayo y la Socapa o el propio castillo de El Morro, evidencia de lo que fue el sistema defensivo de Santiago de Cuba».

En la zona hay un potencial turístico enorme, que además de ayudar a comprender mejor el área, también pudiera aportar económicamente a la ciudad, la provincia y el país.

«La Oficina cuenta con el personal preparado para esto y tenemos un trabajo encaminado con la nueva generación de la zona, por intermedio del proyecto Niños guías del patrimonio, que desarrollamos en esta zona. Así contribuimos a que en el futuro puedan hacer una divulgación certera del área y apuntalen su identidad.

«Asimismo hemos recibido la colaboración de los pobladores adultos de la zona, muchos de los cuales han sido contratados como ayudantes en la rehabilitación.

«Si todos nos unimos el proyecto sería más ágil y podríamos darle un nivel superior de soluciones a los problemas, podríamos plantearnos nuevas perspectivas y estrategias, potenciar nuevos usos, en fin, conectar la zona citadina con su entorno marino, por el bien de la ciudad y de los pobladores del litoral».

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