Honrar el uniforme

Jóvenes capitalinos que integran las filas de la Policía Nacional Revolucionaria llevan el uniforme con orgullo y se sienten comprometidos con enaltecer la imagen social de esta institución

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Cuando el joven teniente Yordan Aguilar Astorga vistió su uniforme de policía por vez primera, henchido de orgullo respiró profundamente. «Me dije que debía dar cada día todo lo mejor, como persona y profesional, porque si había llegado a cumplir mi sueño de integrar las filas de la Policía Nacional Revolucionaria, ahora me correspondía asumir otro desafío mayor: el de enaltecer la imagen de esa institución en el país, y para cumplirlo solo contaba con mi amor por este trabajo y el deseo de que todos lo reconocieran».

Este veinteañero, natural del municipio capitalino de San Miguel del Padrón, se siente satisfecho de haber rebasado las metas que, en distintas etapas de su vida, se propuso. Desde los 14 años se incorporó al estudio en el ámbito militar, culminó su Licenciatura en Derecho y, aunque se especializó en Investigación Criminalística, hoy se desempeña en el Área de Procesamiento de la Estación de la PNR de Centro Habana.

«Medio año llevo trabajando en este territorio tan complejo desde el punto de vista psicosocial, económico y operativo, y es precisamente por eso que he ganado experiencia y habilidades en esta labor.

«Muchos piensan que trabajar en el Área de Procesamiento de la Unidad, más conocida como Carpeta, se limita a recepcionar las denuncias. En realidad, esta es un área muy dinámica, en la que se necesita estar “armado” de conocimientos teóricos y de un elevado nivel de perspicacia. No trabajamos en el terreno, o sea, en la calle, y desde nuestro puesto debemos ser capaces de, luego de procesar las denuncias, trabajar en conjunto con los departamentos de Búsqueda y Captura y con el de Investigación Judicial para encaminar el esclarecimiento de un delito», comentó Yordan.

Momentos difíciles ha vivido este joven cuando se ha percatado de que, en ocasiones, las víctimas del hecho que denunciaron son los propios autores, o cuando ha debido explicar y conducir a un ciudadano que se niega a actuar como es debido.

«La Policía tiene la misión de salvaguardar la tranquilidad de la ciudadanía, por eso no tengo descanso y mi constante preparación y superación permitirán que pueda ser consecuente con la misión de esta institución, cuya imagen en la sociedad se ha dañado. Lograr que las personas se sientan complacidas con mi trabajo no es solo motivo de orgullo personal, sino también garantía de que agradecerán el trato que la Policía, que se valora como un todo, les ha dado», afirma Yordan.

Policía en todo momento

Las sonrisas lozanas de las jóvenes Yainaris Torres Díaz y Ariadna Chávez Santiago, de 20 y 22 años, respectivamente, matizan el trabajo diario. Ellas son instructoras policiales que, sin límites en su horario de trabajo y deseosas de aprender todos los días, se desempeñan igualmente en la Estación de la PNR de Centro Habana.

«Es muy difícil —dice Ariadna—. Nacimos en este territorio, muchas personas nos conocen y debemos dejar a un lado las amistades y las relaciones de afecto que conforman nuestra vida personal para desarrollar nuestro trabajo.

«Antes nunca pensé en ser policía, sinceramente. Mi familia se asombró mucho cuando decidí dejar de ejercer como tecnóloga de alimentos y asumir esta profesión que tanta entrega y sacrificio demanda. No me arrepiento; he aprendido mucho, sobre todo porque solo somos nosotras las instructoras de la unidad y el trabajo nunca falta», añadió.

Luego del esclarecimiento de un hecho, puntualizó Yainaris, su misión es trabajar con las víctimas, con los testigos y con los acusados y corroborar la información que se tenía al respecto.

«Nos hemos crecido como personas, aun siendo tan jóvenes, porque este tipo de trabajo pone a prueba nuestra entereza. Hay ciudadanos acusados de un delito, que sugieren un acuerdo para resolverlo todo y sabemos que quieren sobornarnos. La respuesta es rotunda, por supuesto, pero nos demuestra que cada día debemos estar seguras y convencidas de nuestra misión al vestir este uniforme azul», aseguró Yainaris, para quien el reto es mayor, pues trata de congeniar su rol de madre con el de trabajadora.

Somos policías en todo momento, recalca Ariadna, quien reconoce que la vida militar, y en particular esta institución, tiene un buen campo de desarrollo para los jóvenes desde sus distintas especialidades. «Aunque nuestro turno de trabajo haya concluido, si caminamos por la calle y vemos algo mal hecho, enseguida debemos actuar, porque es algo que ya forma parte de nuestras vidas, desde dentro».

A ese accionar diario se enfrenta la suboficial y agente de Orden Público Arlety Reina Saíz, con solo 18 años, a quien el trabajo en la calle le impone retos inigualables.

«Yo apenas salía de mi casa y cuando decidí ingresar a la PNR y estudiar esta especialidad, ni imaginaba todo lo que aprendería cada día en la labor preventiva que realizo. Así, chiquita y delgadita como soy, creí que la gente no me respetaría pero me he crecido, yo me doy cuenta, y puedo enfrentar las ilegalidades, las alteraciones del orden y las indisciplinas sociales como si mi tamaño fuera mayor, porque en realidad lo que importa es el de la responsabilidad individual en el bien de la sociedad», afirmó Arlety.

Junto a ella estaban los subtenientes Yuneisy Maza Lebren y Hans Porro Álvarez, quienes un día soñaron con hacer el mismo trabajo que el serial Tras la huella mostraba. Por eso no dudaron en escoger la especialidad de Investigación Criminalística al egresar de la Academia Mártires de Tarará, como el resto de sus compañeros.

Para ambos, lo bueno que tiene trabajar en el mismo territorio en el que nacieron y crecieron es que saben cómo piensa la gente, por qué actúan y cuánto son capaces de enmendar, desde su comportamiento, para ser mejores. En el esclarecimiento de un hecho, ya sea un robo con fuerza, con violencia o un asesinato, una violación a un domicilio o cualquier otro delito, reconoce, no solo influye el conocimiento que tengan para analizar las pruebas en el terreno, sino también esa «psicología» que les permite arribar a conclusiones.

Policía del pueblo

Si un niño le pregunta si es su amigo, como habitualmente hacen los pequeños, a Roberto Morales Ordúñez, jefe de sector del Consejo Popular Pueblo Nuevo, en el municipio de Centro Habana, se le «estrujará» el corazón de la alegría. Pero si es un joven como él quien se lo dice, o un adulto, será mayor la complacencia.

«Trabajar en la comunidad es un desafío muy grande, sobre todo cuando soy de la misma zona. Durante mis tres años de servicio he enfrentado numerosos problemas de indisciplinas sociales, de maltrato familiar, de convivencia, de robo, y he optado por hablar primero con las personas, pues el trabajo preventivo siempre será una carta de triunfo, que evitaría el inicio de un proceso penal, una sanción o incluso una multa.

«Dedico mucho tiempo a mi labor porque me siento responsable de todo cuando suceda en la comunidad que atiendo y porque debo ser ejemplo para todos los que en ella conviven. De lo contrario, ¿cómo podría hablar de educación formal, de buen comportamiento, de desterrar el delito? ¿Cómo podría contribuir a que se respete la institución que represento si yo mismo no lo pongo en práctica?», añadió.

Los policías de Cuba, agregó Roberto, no estamos aquí para sacar la pistola ante el mínimo problema que se presente, sino que debemos hablar con la gente, promover en ellos la capacidad de análisis, de reflexión, de civismo que se necesita para convivir en sociedad.

«Somos del pueblo, del mismo pueblo con el que trabajamos y si lo hacemos mal, cada uno de nosotros favorecería que se tenga un mal criterio de la institución en general. Sin embargo, no solo eso me motiva, sino también saber que mi trabajo proporciona bienestar colectivo y que sin llegar a medidas drásticas, una persona puede mejorar su conducta e integrarse a la vida familiar y social, porque mi ayuda tuvo valor en ella», insistió Roberto.

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