Una Revolución contra las torturas

Se dejaba a los prisioneros totalmente desnudos y horriblemente mutilados… Les ataban un pie a un árbol y el otro a la defensa de un jepp y lo echaban a andar… Frente a ese salvajismo creció la ética de la generación martiana, que derrotó a la dictadura

Autor:

Luis Hernández Serrano

«Ya muy pocos saben hasta dónde se podían resistir las torturas de un criminal como Esteban Ventura Novo», asegura Orlando Fundora López, antes de 1959 secretario general del Sindicato Bancario, quien fuera presidente del Movimiento Cubano por la Paz.

Este revolucionario cayó un día en manos de Ventura y de sus verdugos, el teniente Mirabal, jefe de grupo, así como Alfaro y Caro, miembros del conocido «Dúo de la muerte».

«Caro me dio una trompada por la nuca, me tiró de cabeza contra el buró de Ventura y sentí como una fractura cervical. Me arrastraron hasta un sótano donde después recobré el conocimiento.

«Vi desde la Quinta Estación a un niño que bajaba cantando por Desagüe. Entró al patio por el lugar donde yo estaba. Caro le pegó en la cabeza el tabaco que fumaba, y el muchacho salió gritando. Si eso le hacían al niño, ¿qué podría esperar para mí?

«Esos dos tipos se aparecieron con un trozo de manguera cada uno. Alfaro le dio un manguerazo a una puerta de los servicios sanitarios de aquel sótano y la desbarató. ¡Era un evidente mensaje!: “Tú eres de los que hay que ablandar a golpes”», le dijo Caro.

Alfaro se le acercó a la cara y le susurró, amenazador: «¡Así es que tú no sabes nada de nada!». Dio un salto y como mismo destrozó la puerta, le dio un manguerazo por el hombro a Fundora que le llegó a la espalda, y sintió que aquella goma estaba como hirviendo. Inmediatamente comenzó a pegarle más duro, no se sabe qué tiempo.

«Mi firmeza los encabronó, y Caro me dio un tremendo puñetazo que casi me noqueó. Caí al suelo y oí cuando le decía a Alfaro: “Con este la candela tiene que ser más brava”.

«Poco después llegaron los dos. Alfaro tenía la manguera agarrada por la empuñadura de bronce. Caro se me acercó y me dio dos galletazos (…) Le arrebató la manguera a Alfaro, la agarró al revés y comenzó a darme con la parte de bronce. Traté de esquivarlo, pero el metal me dio en el brazo izquierdo y en el hueso de la cadera».

Contó Fundora que aunque lo amortiguó un poco, le dieron un violento rodillazo en los testículos que le provocó tal dolor que terminó vomitando. Durante muchas horas arrojó sangre.

Torturar y matar era un oficio

«La masacre iniciada por los principales torturadores y esbirros de la dictadura, el 20 de noviembre de 1958, en Cabañas, entonces Pinar del Río, fue una verdadera pesadilla».

Lo evocó René González Novales (El Rubio), nacido en aquella zona el 17 de octubre de 1939, combatiente de la lucha clandestina y del Ejército Rebelde, y hoy coronel en retiro de las FAR.

Recordó que el capitán Leovigildo Iturriaga, jefe del Escuadrón de Bahía Honda; el teniente Armando Casola; los sargentos Capó, Julián Hernández y Pedro de la Carrazana; los cabos Lara y Cándido Cordero Díaz, y el soldado Papito Rivero, todos, igual que sus jefes, fueron unos monstruos.

«Compitieron entre sí para ver quién utilizaba los métodos de tortura y asesinato más bárbaros, y quién mataba a más campesinos, trabajadores y jóvenes indefensos e inocentes. Entre los muertos había cuatro conjuntos de hermanos: tres pares y un trío: Juan y Enrique Pérez Ledesma; Domingo y Vicente Álvarez Núñez; Bernardino y José Isabel Miranda Aguirre. Y Leandrino, Modesto y Leovigildo Trujillo Negrín».

De los 22 asesinados, 14 eran jóvenes; cuatro mayores de 40 años, sin llegar a los 50, y cuatro mayores de esa edad. A Leovigildo Trujillo Negrín le ataron un pie a un árbol, y el otro a la defensa de un jepp que echó a andar, partiéndolo en dos. Su cadáver jamás apareció. A Gonzalo Rivero Miranda —luego de torturado salvajemente— le abrieron la cabeza en dos mitades, de un violento machetazo.

A Regino Ramos Ramos le amarraron un alambre de púas alrededor de la cintura, haciéndole un siniestro “tortor” con un trozo de madera dura hasta reventarlo y provocarle la muerte, en plena lucidez.

A los hermanos Bernardino y José Isabel Miranda Aguirre les dieron tantos golpes que resultó muy difícil reconocerlos después. Aparecieron tirados en un chucho de caña, entre San Claudio y Recompensa. Isidoro Roque Cordero, Roberto Nodarse Blanco, Francisco Rodríguez Valdés (El Tabaquero) y Modesto Trujillo Negrín fueron ahorcados, luego de sacarlos de sus domicilios, delante de sus familias, en Cabañas, y de torturarlos.

Los criminales sacaron a sus víctimas del Cuartel de Cabañas, vestidos de uniforme, para que nadie se diera cuenta de lo que preparaban. Después, en la soledad de los montes, los torturaron, ahorcaron y enterraron en lugares apartados. A Isidoro Roque Cordero le robaron 70 pesos que tenía.

El cadáver de Francisco Rodríguez Valdés apareció totalmente desnudo y horriblemente mutilado: con las manos atadas, le cortaron los testículos y se los amarraron al cuello.

En la finca Guasimal, en la Cañada de El Chivo, se encontraron dos fosas, con siete cadáveres. El hallazgo fue hecho por los hermanos Jesús y Narciso Portales, campesinos de la región. Es muy triste saber que una mujer, Evarista Roque Cordero, halló entre los cadáveres a su esposo Domingo Álvarez Núñez y a su hermano Isidoro. Y también es doloroso conocer que uno de los desenterrados —ya al triunfo de la Revolución— era Gonzalo Álvarez, quien tenía a dos hijos entre los muertos: Domingo y Vicente, y a un yerno.

A Marcos Antonio Lafá lo llevaron al cuartel de Cabañas y dos días más tarde fue torturado y asesinado. Y a Hugo García Lombillo lo torturaron sin piedad y lo asesinaron en el puente de El Bongo. Lo tiraron al río, metido en un saco de yute.

También fueron torturados y ahorcados Pedro Torres Conde, Carmelo Barrios Montes, José Trujillo Rodríguez, Octavio Campos Concepción, José Benito Díaz y Celestino Moreno Fiallo. Aquella masacre no podrá ser olvidada. Ellos fueron una ínfima parte de los más de 20 000 cubanos asesinados por la sangrienta dictadura de Batista. ¡Contra todo eso se hizo la Revolución!

Fuente: «Los milagros no se repiten», testimonio de Orlando Fundora López, JR, miércoles 13 de mayo 2009, página 4. «Cuando matar era un oficio», evocación del coronel en retiro René González Novales, veterano clandestino y del Ejército Rebelde, JR, domingo 23 de noviembre de 2008, página 8. «Expediente de los derrotados», investigación de la especialista del Instituto de Historia de Cuba Marilú Uralde Cancio, JR, 21 de julio 2005, página 4. «Ha muerto el verdugo», estudio de Wilfredo Sánchez Núñez, JR, 24 de mayo de 2001). Estas cuatro entrevistas son del autor. Y «Fontán, lealtad a toda prueba», artículo de Delfín Xiqués, Granma, jueves 7 de febrero 2008.

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