Quiso a Cuba con amor de vida y muerte

Juan Gualberto nos legó su ética revolucionaria, su cubanidad, su amor por la tierra y su valor imperecedero. Su verbo y letra estuvieron siempre al lado de los humildes, en defensa de la sufrida clase negra y de su Cuba

Autor:

Hugo García

MATANZAS.— Siempre me han rondado en la mente los riesgos que corrió Martí al buscar en quién delegar la orden del alzamiento del 24 de febrero. Lo digo porque ello implicaba una posible delación o el acobardamiento ante la inminencia del peligro que los acechaba. Sin embargo, Martí hizo la más certera selección y la historia le dio la razón cuando escogió al mulato Juan Gualberto Gómez.

¡Qué confianza infinita lo abocó a seleccionar al matancero para esa empresa, cuando otros patriotas y amigos suyos podrían haber tenido ese honor y responsabilidad histórica! El Apóstol, con su visión y sensibilidad, optó por el hombre que nunca había cejado en su lucha contra el racismo y por la independencia.

«Quiere a Cuba con ese amor de vida y muerte, y aquella chispa heroica con que la ha de amar en estos días de prueba, quien la ame de veras. Él tiene el tesón del periodista, la energía del organizador y la visión distante del hombre de Estado», escribió Martí sobre Juan Gualberto, un hombre inclaudicable, que no cedió ante sobornos ni intenciones de que traicionara sus principios.

El Delegado del Partido Revolucionario Cubano (PRC) en la Isla fue entonces quien transmitió la orden de alzamiento en 1895. Y no solo se expuso al destierro, sino que en plena República, durante la Asamblea Constituyente de 1901, alzó su voz en contra de la abominable Enmienda Platt, y enfrentó al interventor norteamericano, general Leonardo Wood, cuando este le propuso la bien renumerada dirección del Archivo Nacional de Cuba.

Así era Juan Gualberto, que rechazó favores y migajas del imperialismo, porque la Patria estaba en su lado izquierdo, latiendo hasta su muerte.

La amistad entre Martí y Juan Gualberto surgió desde la época de los preparativos de la Guerra Chiquita, cuando se conocieron en el bufete de Nicolás Azcárate. Pronto sus pensamientos coincidieron, a tal punto que Martí lo llamaba mi amigo queridísimo.

Juan Gualberto, que andaba La Habana con un tabaco en su mano, levita y sombrilla, nos legó su ética revolucionaria, su cubanidad, su amor por la tierra y su valor imperecedero.

Su verbo y letra estuvieron siempre al lado de los humildes, en defensa de la sufrida clase negra y de su Cuba. Para ello fundó en La Habana el periódico La fraternidad, y posteriormente La Igualdad y La República Cubana.

Como lo hubiera hecho Martí si hubiera vivido los inicios del siglo XX, Juan Gualberto se opuso con tenacidad a la intervención norteamericana y luego a la dictadura de Gerardo Machado, quien le envió 2 000 pesos cuando su salud se estremecía a causa de un edema pulmonar; aun con carencias rechazó tal ofrecimiento por considerarlo indigno.

Nació libre el 12 de julio de 1854 en el ingenio Vellocino, cercano a Sabanilla del Comendador; vivió una etapa de su vida en La Habana y también en París, donde dominó el francés y conoció a otros cubanos con ideas independentistas.

«Mi corazón usted se lo sabe de memoria, como no tiene más que verse el suyo», le escribió Martí en una misiva, demostrando la convergencia en sus puntos de vista respecto al tema de la independencia y lo peligroso de las intenciones imperiales hacia Cuba y otras naciones.

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