Los maestros que nos faltan

Solo con un cambio de mirada hacia la profesión pedagógica, desde la familia y la sociedad en general, podrá superarse el déficit de profesores que enfrenta hoy el país

Autor:

Margarita Barrios

De un plan de 31 113 plazas para el ingreso a las universidades de ciencias pedagógicas (UCP), en el actual curso escolar, solo se cubrieron 6 128, lo que representa un 19,7 por ciento.

Es cierto que el volumen de carreras pedagógicas es grande, y el acceso a las mismas aumentó en 15 puntos porcentuales con respecto al curso anterior, pero no hay manera de conformarse, porque el plan de plazas está concebido a partir de las necesidades, y con una perspectiva de cinco años; de no cumplirse el ingreso, el camino se sigue complicando.

Otras cifras aportadas por el Ministerio de Educación pueden acercarnos aun más al problema. De las 18 961 carreras para el curso regular diurno, fueron cubiertas 4 775, para un 25 por ciento; mientras que de 12 152 ofertadas para el curso por encuentros, se cubrieron 1 353, para un 11,1 por ciento.

Un total de 28 000 jóvenes aprobaron los exámenes de ingreso a la Universidad, de acuerdo con los datos del Ministerio de Educación Superior. Otras especialidades como las carreras humanísticas, las médicas y algunas técnicas desbordan las peticiones, mientras las licenciaturas en educación siguen siendo «el patico feo».

Incluso algunos estudiantes que aprobaron los exámenes de ingreso prefirieron no acceder a la Universidad, con tal de no dedicarse luego a la tarea de enseñar.

Comienza la pesadilla

Al inicio del actual curso escolar, la cobertura del personal docente presentaba una mejor situación que en años anteriores, con más de 175 000 maestros disponibles, con lo cual se satisface un 93,2 por ciento de las necesidades.

Pero, ¿cómo completar ese 6,8 por ciento restante, que implica estudiantes sin un maestro permanente frente al aula?

Nuevamente tuvieron que acudir a las escuelas 1 600 estudiantes de las UCP para cubrir ese déficit, aunque, para satisfacción de todos, no son, como antes, jóvenes de los primeros años de las carreras, sino de cuarto y quinto años, o sea, mejor preparados, aunque les falta experiencia.

Además, un grupo de egresados de la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) imparte clases de Matemática y Física en el nivel preuniversitario.

Las provincias con mayores problemas de cobertura son La Habana, Matanzas y Artemisa, y las dos primeras recibieron también un contingente de jóvenes maestros procedentes de otras provincias.

En el caso de la Enseñanza Técnica Profesional (ETP) y la Educación de Adultos, fue necesario contratar a otros profesionales para que impartan clases.

Ese déficit de docentes trae consigo sobrecarga para quienes están frente al aula, y también para quienes tienen la responsabilidad de guiar el proceso docente-educativo. Dicha carencia repercute en el éxodo, que no se detiene.

Hasta el mes de junio, 3 714 maestros habían abandonado las aulas, 676 más que el curso anterior. Los territorios con mayor éxodo son La Habana, Ciego de Ávila, Matanzas y Artemisa. Es significativo que las regiones con mayores dificultades en la cobertura son aquellas que pierden más maestros.

También pesa el personal inactivo, por certificados médicos y licencias sin sueldo, que al término del curso anterior sumaban 13 882, mientras se jubilaron 2 081, y nuevamente La Habana va en la punta de las estadísticas.

En las universidades pedagógicas

Formar con calidad al profesor que luego impartirá clases en el nivel medio y medio superior es prioridad del sistema educacional, pues en su formación pedagógica y sus condiciones éticas, radica el éxito de su clase.

En la búsqueda de esta excelencia, desde el pasado curso escolar los profesores de Secundaria Básica imparten solo dos asignaturas: Español-Historia; Informática y Educación Laboral; Geografía-Química o Biología-Química; mientras que ya para este curso la Matemática y la Física son independientes. A menor cantidad de asignaturas, mejor preparación y mayor calidad en las clases; sin embargo, aumenta la cantidad de docentes necesarios. Cabría entonces preguntarse: ¿en qué situación se encuentra hoy la matrícula de las UCP?

En las aulas de esos centros se encuentran 28 706 futuros maestros. De ellos 14 263 en curso regular diurno y 14 443 en curso por encuentros.

Del total, 1 644 se forman en Licenciatura en Educación Preescolar; 3 693 en Primaria, 1 224 en Especial y 1 825 en Logopedia, por lo cual 20 320 están matriculados en el resto de las especialidades dirigidas fundamentalmente a las enseñanzas Secundaria Básica y Preuniversitario.

Al término del pasado curso escolar, la retención en esas universidades fue de 93,4 por ciento y se produjeron 626 bajas, la mayoría por falta de motivación.

En toda carrera universitaria ocurren fracasos y deserciones, pero en este caso cada baja complica la solución a largo plazo del problema del déficit de maestros.

El camino de los liceciandos

Las 16 universidades de ciencias pedagógicas con que cuenta el país dan pasos firmes para formar con mayor calidad a los futuros docentes. Se ha elevado la cantidad de horas-clases y se ha logrado que los alumnos de hasta tercer año se mantengan sin asumir aulas.

En los pedagógicos se han instalado laboratorios de idiomas para las carreras de lenguas extranjeras, los cuales son de gran utilidad didáctica, y se enfatiza en el uso y aprendizaje de la lengua materna, como medio para elevar la expresión oral de los docentes.

Otras medidas han sido el fortalecimiento de los claustros con másteres o doctores, y aplicar una evaluación docente rigurosa, con pruebas sistemáticas, parciales y finales.

Otras experiencias se ponen en práctica y con buenos resultados para la formación de maestros. Por ejemplo, que estudiantes de preuniversitario realicen el duodécimo grado en las UCP para que luego estudien carreras pedagógicas.

También existe un curso de dos años, que los habilita como docentes, para aquellos que no aprobaron los exámenes de ingreso a la Universidad.

Esta experiencia comenzó el pasado curso escolar, por tanto, al término del actual período docente culminarán sus estudios y pueden insertarse como maestros. La idea es que mientras trabajan y devengan su salario, se preparen para los exámenes de ingreso y opten por una carrera pedagógica.

Escuelas pedagógicas: una esperanza

La posibilidad de formarse como maestro en cuatro años y a partir del noveno grado, es una opción que fue recibida con agrado por los jóvenes que culminan la Secundaria Básica.

Las escuelas formadoras de maestros se retomaron en el curso escolar 2010-2011. Hoy suman 21 y existen en todas las provincias, algunas incluso, como la capital, cuentan con dos.

El plan de ingreso para esos centros, en el actual curso escolar, fue de 7 883 plazas, y se otorgaron 7 082, para un 89,8 por ciento de cobertura.

En las escuelas pedagógicas se forman como educadoras de círculos infantiles 3 713 jóvenes; como maestros primarios, 16 419, y como maestros para la Educación Especial, 819. En el 2014 ocurrirá la primera graduación, lo cual constituirá una importante inyección de maestros en esos niveles de enseñanza para todos los territorios.

Estos bien preparados maestros tendrán a su cargo un momento importante del proceso de aprendizaje, pues la escuela primaria es la base de toda la enseñanza. Luego, desde su puesto laboral, podrán hacerse licenciados en esas enseñanzas y graduarse en las universidades de ciencias pedagógicas, con lo cual completarán su formación y serán aún más idóneos para ese trabajo.

Vocación: El Talón de Aquiles

Al realizar una valoración de cómo se comporta el acceso de los graduados de duodécimo grado a las carreras pedagógicas, Margarita Mc Pherson, viceministra de Educación, expresó que en el actual curso escolar se duplicó la cantidad de estudiantes que continuaron estudios en esas licenciaturas.

«En muchas universidades donde el curso anterior no tuvimos apertura de carrera, este año la tuvimos; o en las que el pasado año abrieron una o dos especialidades, ahora aumentaron a cinco».

Para la Viceministra, solamente el trabajo vocacional, realizado con eficacia desde los primeros niveles de enseñanza, logrará devolver a nuestros jóvenes el gusto por enseñar. «Y para lograrlo, es fundamental el trabajo que realiza el maestro en el aula, destacó. En la medida en que la clase tenga calidad, el aprendizaje sea más sólido y el ejemplo del profesor sea positivo ante sus alumnos, la mirada hacia la profesión será diferente».

Sin dudas, la falta de docentes no es solo un problema de la escuela, es también de la familia y la sociedad, que aspiran a tener un buen maestro para sus hijos, y es de ellas de donde tienen que nacer esos futuros profesores.

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