Educación: derecho que Cuba garantiza y comparte

Programas cubanos de alfabetización como el «Yo, sí puedo» internacionalizan uno de los logros de la Revolución: la eliminación del analfabetismo

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Más de 618 800 niños y niñas en Cuba reciben educación preescolar en sus primeros seis años de vida en correspondencia con los postulados de nuestra Constitución, muestra del respeto a uno de los derechos esenciales de todo individuo desde edades tempranas.

Así lo expresó Mercedes Leyva Lugo, metodóloga del Ministerio de Educación de la Educación Preescolar en conferencia de prensa este lunes, en la que enfatizó en los logros alcanzados después del triunfo de la Revolución y hasta la fecha en la garantía de los cuidados y atenciones necesarias para el desarrollo integral de los infantes.

Los primeros seis años de vida son fundamentales en la conformación de la personalidad, añadió, por lo que es vital contribuir a la educación de nuestros pequeños por la vía institucional, es decir, en los círculos infantiles o por la vía no institucional a través del programa Educa a tu hijo.

«El 17 por ciento de las niñas y niños cubanos asisten a nuestros círculos infantiles, donde velamos no solo por el buen desarrollo de su aprendizaje sino también porque reciban atención médica y una adecuada alimentación, conforme a los requerimientos nutricionales de esta etapa de sus vidas.

«El trabajo coordinado con los Ministerios de Salud Pública y Cultura, el Inder, la FMC y los CDR permite que la atención que se les ofrece a los pequeños en estas instituciones se traduzca en su excelente desarrollo físico e intelectual».

El programa Educa a tu hijo, variante no institucional que desde 1992 permite la educación preescolar de los pequeños y el trabajo directo con su familia, acoge en la actualidad a 480 000 infantes que, por diversas razones, no asisten a los círculos infantiles, precisó la especialista, fundadora de este programa.

«El programa Educa a tu hijo se desarrolla en las comunidades con la intervención de una promotora, es decir, una persona licenciada en Educación que orienta el trabajo con los pequeños y forma a los ejecutores, quienes trabajan directamente con las familias y sus niños, y garantizan así su preparación antes del ingreso a la escuela.

«Es la familia la responsable de la educación de sus niños y niñas, por lo que la labor con ella es esencial como parte del programa y también del trabajo en los círculos infantiles, y el perfeccionamiento de la educación preescolar en general, en el que estamos inmersos, toma en cuenta esta premisa, en tanto un nivel más alto de la calidad de la atención que reciben nuestros infantes es interés de todos», insistió Leyva Lugo.

Yo, sí puedo

En los últimos diez años, 7 126 433 personas han sido alfabetizadas con el sistema de enseñanza-aprendizaje «Yo, sí puedo», presente hoy en 30 países, y más de un millón 186 mil reciben clases, reflejo del interés de Cuba de contribuir a la reducción del analfabetismo a nivel mundial, afirmó José Ricardo del Real Hernández, jefe del Departamento de Educación de Jóvenes, Adultos y Alfabetización del Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño.

El método «Yo, sí puedo» se implementó en 2003 por vez primera en la República Bolivariana de Venezuela, precisó Del Real Hernández, y tuvo como antecedente el desarrollo de programas radiales de alfabetización desarrollados en Haití, Nicaragua, El Salvador, entre otros países, a partir de una iniciativa de Fidel en la última década del siglo pasado.

«En los años 90 existían aproximadamente 860 millones de analfabetos en el mundo y aunque esa realidad no ha dejado de ser preocupante, Cuba quiso contribuir en su reducción a través de programas como el «Yo, sí puedo», el «Ya puedo leer y escribir» y el «Yo sí puedo seguir», estos últimos con el objetivo de propiciar la continuidad de estudios y el aumento del nivel de escolaridad de las personas.

«Distingue a estos programas el proceso de contextualización que desarrollamos en cada una de las naciones en las que los implementaremos, pues es imprescindible conocer las características socioculturales, lingüísticas y económicas, las necesidades educativas, las motivaciones y las posibilidades de aprendizaje de cada territorio para lograr la adaptación del programa a cada contexto específico», explicó el especialista.

Los medios audiovisuales y bibliográficos son ingredientes esenciales de los programas de alfabetización, como lo son también los facilitadores, personas residentes en las comunidades que se han formado como agentes educativos, acotó Del Real Hernández.

Más de 20 contextualizaciones han recibido el método «Yo, sí puedo», en español, inglés, portugués y en lenguas como el guaraní y el quechua, apuntó, y en la actualidad se trabaja para llevarlo también al francés, para su aplicación en otros países.

«Los programas como el «Yo, sí puedo» no se limitan solamente a enseñar a leer y a escribir a las personas, sino que ayudan también a su formación como ciudadanos más conscientes, más instruidos, más capaces de contribuir al desarrollo de sus comunidades y a la eliminación de graves problemas en sus sociedades.

«Depende de la voluntad política, tanto a nivel de Gobiernos nacionales como locales de los distintos países y de los medios técnicos de que dispongamos, la aplicación de estos programas y sus resultados; pero sobre todo depende también del interés de Cuba de prestar su ayuda para internacionalizar un logro de su Revolución».

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