Los pies vuelven al camino

Algunos imaginaban el futuro sin sus extremidades inferiores, pero nació un programa, impulsado por el Gobierno bolivariano, que les demostró que era posible otro desenlace

Autor:

Osviel Castro Medel

CARACAS, Venezuela.— Esa noche, cuando el clavo penetró por el centro de su pie, ni se enteró. Solo pudo percatarse cuando llegó a la casa y desabrochó su zapato: estaba chorreando sangre.

«Me busqué y me vi el hueco; era una herida grande, escalofriante, pero no me dolía», contaría varios meses después.

Lo cierto es que, a sus 71 años, José Enrique Pérez González, un diabético crónico, con la sensibilidad táctil dañada por la enfermedad, estuvo cerca de la amputación.

«Estaba feo, feo. Menos mal que vine aquí; me salvaron el pie. Me pusieron ese medicamento fabuloso y miren cómo estoy», expresa contento, sentado en su silla de ruedas, para referirse al Centro de Diagnóstico Integral (CDI) Sierra Maestra, ubicado en la legendaria parroquia 23 de Enero.

El remedio prodigioso que menciona José Enrique es el Heberprot-P, que ha ayudado a miles de pacientes diabéticos en Venezuela a no convertirse en bustos humanos por la potencial amputación de los miembros inferiores.

Su caso se emparenta con el de Omaire Lares, una mujer con úlcera del pie diabético, de 61 años, que vive en Chirimena, en el estado de Miranda. A ella habían decidido cercenarle el pie izquierdo después de la aparición de algunas lesiones cerca del calcañal.

«Primero rasparon las heridas, luego me aplicaron hielo, pero lo que hacía era empeorar y empeorar. Ya habían optado por la amputación y se lo comunicaron a los míos sin que yo lo supiera. Entonces alguien me sugirió que viera a los médicos cubanos; ellos me han puesto casi chévere con el tratamiento», cuenta junto a Sonia Arrais, su hija.

Tanto Luis como Omaire señalan que hace un tiempo desconocían el estilo de vida y los hábitos de alimentación que deben llevar las personas con su padecimiento. Hoy los conocen, pero eso forma parte de otra historia.

Una ruta diferente

«Es increíble que por un dedito se decida enseguida la amputación de una extremidad. Eso impacta, teniendo en cuenta las muchas posibilidades que existen previamente y más con este producto maravilloso que traemos de Cuba, que es el Herberprot-P, el cual ya ha demostrado en el mundo que con él se evita enormemente amputar una pierna».

Así nos dice el doctor cubano José Ortega, especialista en Angiología y Cirugía vascular. Su nombre y el de la enfermera Silvia Turcás —ahora de vacaciones en su natal Guantánamo— salieron a relucir constantemente en nuestros diálogos con los pacientes que aguardaban su turno en el CDI Sierra Maestra.

Ese afecto por Silvia y Pepe, como lo llaman todos a él, nace del humanismo demostrado en cada consulta y por haber enderezado historias que parecían enrumbadas a lo peor.

«En esta unidad atendemos a más de 1 050 pacientes. De ellos, unos 600 han presentado lesiones serias y solo se han tenido que realizar amputaciones a cuatro personas. Eso demuestra la eficacia del medicamento y del seguimiento científico que le damos a la enfermedad», añade el galeno.

Para otra paciente, Zaimar Salimey, de 43 años, a quien le habían pronosticado inexorablemente la amputación de ambos miembros inferiores, el tratamiento con el Heberprot-P tiene un lado complementario: el apoyo psicológico.

«Yo tengo ya un pie bien y el otro ha mejorado mucho. Nunca me habían tratado así. Yo no me había atendido con los médicos cubanos y tenía ciertos temores a lo desconocido, pero me doy cuenta de que para ellos soy un ser humano, no una mercancía. Siento que sufren por mí, que padecen mi enfermedad, me informan todos los detalles, me dan una ruta de cómo debo llevar la vida».

La felicidad de Dolores

Las referencias de Zaimar, que implican información perenne, campañas de promoción de salud, el impulso de dietas saludables, el suministro gratuito del Heberprot-P y otras acciones, se incluyen dentro del programa Buen vivir del diabético, que se inició en Venezuela desde 2008.

La doctora María Dolores Castro Santana, especialista en Biología Clínica e investigadora del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, de La Habana, quien es la coordinadora nacional de ese programa por la parte cubana en la tierra de Chávez, apunta que el proyecto ha atendido a más de 92 160 pacientes con diabetes mellitus, de los cuales muchos presentaban lesiones de alto riesgo.

«Hemos ido creciendo paulatinamente. Ya estamos en 17 estados y hay posibilidades de insertarnos este año en otros dos. Nuestros objetivos esenciales son llegar a todo el país, lograr la prevención de la enfermedad promoviendo hábitos de vida saludables y garantizando condiciones óptimas para la intervención terapéutica en el caso de las personas que ya están con el padecimiento, enseñarles a convivir con la enfermedad y evitar la evolución de esta».

El programa Buen vivir… entraña la atención integral al paciente por parte de especialistas en Endocrinología, Medicina interna, Angiología y Cirugía vascular, Oftalmología, Podología, Cardiología, Medicina física y rehabilitación, Nefrología y Traumatología, entre otras ramas.

«El trabajo es arduo porque Venezuela no escapa a la tendencia universal del desconocimiento que existe sobre la enfermedad. Nosotros insistimos mucho en que tanto la diabetes como la úlcera del pie diabético son prevenibles y que, ya aparecida la enfermad, es posible evitar las complicaciones e impedir las amputaciones con el uso del Heberprot-P.

«En estos años hemos encontrado infinidad de historias sobrecogedoras, pero al final las mejores son aquellas que te dan la felicidad de devolverle la salud a una persona enferma», expone María Dolores.

Deseos

El día en que JR conoció a José Enrique Pérez él estaba bailando sobre su silla de ruedas: un grupo de músicos de la misión Cultura Corazón Adentro estimulaba el alma de los pacientes con canciones mundialmente conocidas. «Esto es lindo», decía este residente en el lejano barrio de Los Frailes.

Luego lo vimos escuchando atento la charla de una profesora de Educación Física. Al final nos dijo, con la mirada puesta en algún pedazo del cielo: «Yo soy diabético, hipertenso, pobre y vivo solo, pero tengo tremendas ganas de vivir porque estos médicos maravillosos me las han devuelto».

La prevención es la clave

Como en todo el mundo, en Venezuela la diabetes mellitus está asociada a enfermedades cerebrovasculares, ceguera, daño renal, daño de nervios, amputaciones y otras complicaciones.

Según el mensaje promocional del programa Buen vivir del diabético, tal padecimiento constituye la sexta causa de muerte en el país.

Por eso el proyecto, impulsado por el Ministerio del Poder Popular para la Salud, proporciona gratuitamente los medicamentos (hipoglucemiantes orales, insulinas, antibióticos, etc.) y los medios (glucómetros y tiras reactivas) para conseguir el correcto automanejo y control metabólico de la enfermedad y la terapia de las complicaciones derivadas de estas, incluyendo la más temida: la úlcera del pie diabético.

El Gobierno Bolivariano, respaldado por los convenios solidarios con Cuba, asegura también de forma gratuita el tratamiento de la úlcera de pie diabético con Heberprot-P, un medicamento de reconocido prestigio mundial, que acelera la cicatrización y ha probado su impacto en la reducción del índice de amputaciones.

Pero la base del programa es la prevención. Por eso insiste en hábitos de vida saludables, el ejercicio físico, dieta balanceada y medidas profilácticas como evitar andar descalzo y la cercanía de los pies al sol intenso, el fuego u otras fuentes de calor; lavar los pies diariamente con agua tibia y jabón; secarlos bien después del baño para evitar bacterias y hongos, impedir la resequedad de la piel y mantener activa la circulación de la sangre en los miembros inferiores subiéndolos mientras se esté sentado y moviendo los dedos, entre otras.

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