Asaltantes hermanos de sangre

Las ideas unieron a ocho parejas y un trío de hermanos ante los muros de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de Julio de 1953

Autor:

Luis Hernández Serrano

Ocho parejas y un trío de hermanos de sangre… y de ideas participaron hace seis décadas en el asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.

Este trío de hermanos de padre y madre —el único que integró el contingente de los asaltantes— lo formaron Antonio, Armelio y Alejandro Ferrás Pellicer, quienes asaltaron el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de la ciudad bayamesa y, por suerte, sobrevivieron a la acción.

Pero es igualmente justo evocar que dúos o parejas de hermanos intervinieron ocho en aquella gesta. La primera —por supuesto, los más conocidos— fueron los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz, ambos de Birán, Oriente.

Los otros, también muy conocidos, fueron Abel y Haydée Santamaría Cuadrado, de Encrucijada, Las Villas. El primero de ellos, segundo jefe del Movimiento 26 de Julio y del asalto al Moncada, fue torturado salvajemente y asesinado, luego de la acción, en el Hospital Civil santiaguero.

Los restantes hermanos resultaron ser Julio y Pedro Trigo López, ambos de Calabazar, en La Habana; el primero de ellos asesinado igualmente en el Hospital Civil.

También los hermanos Roberto y Orlando Galán Betancourt, de Artemisa, quienes sobrevivieron; José Wilfredo y Horacio Matheu Orihuela, ambos asesinados; Raúl y Mario Martínez Ararás, el segundo ultimado también como prisionero, ya sin balas, al terminar el combate. El primero abandonó las filas revolucionarias luego de la amnistía del 15 de mayo de 1955.

Asimismo participaron los hermanos Manuel y Virginio Gómez Reyes, de Marianao, quienes fueron asesinados del mismo modo cobarde. Y, por último, Guillermo y Gerardo Granados Lara, de Artemisa, el primero caído entre los únicos ocho que murieron allí peleando.

Entre los 1 200 hombres entrenados para combatir existieron otros hermanos de sangre, como Luis Felipe y René Pacheco, en Baire, de la célula de Palma Soriano, en Oriente, pero se pudo conseguir armas solo para un centenar y medio de compañeros.

Es curiosa la coincidencia de que también ocho parejas de hermanos carnales participaron en otro hecho histórico de nuestra rebeldía patriótica: el célebre rescate, a filo de machete, del brigadier general Julio Sanguily, hermosa página de nuestras luchas por la independencia, comandada por el mayor Ignacio Agramonte y Loynaz.

Ellos fueron escogidos por el mismo mambí camagüeyano en plena manigua, entre 35 aguerridos cubanos. Mencionamos a continuación los nombres, apellidos y grados militares de estos bravos:

Los tenientes coroneles Antonio y Emilio L. Luaces Iraola. Enrique Mola Boza, comandante, y Elpidio L. Mola Boza, teniente. Los también tenientes Antonio y Manuel Arango y Tan. Los hermanos Manuel Emiliano, comandante, y Ramón Agüero Agüero, soldado. Igualmente Ramón y Ángel Bueno, el primero de ellos sargento de primera que resultó muerto en el combate, y el segundo, soldado. También los hermanos Lorenzo y Mateo Varona, ambos soldados, el segundo de ellos herido en el rescate. Además Benjamín y Plutarco Estrada, sargento de segunda y soldado, respectivamente. Y Francisco, cabo, muerto en la acción, y Eusebio, soldado, los dos Montejo de apellido.

Fuentes: El Grito del Moncada, Mario Mencía, p. 161. Tomo I, Editora Política, La Habana, 1986; y archivo del autor.

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