A los jóvenes hay que darles oportunidades - Cuba

A los jóvenes hay que darles oportunidades

El Decreto-Ley 268 es un instrumento legal que, usado adecuadamente, no solo ayuda a solventar problemas económicos del estudiante y sus familias y cimentar valores esenciales, sino a aprovechar capital humano en aquellos centros que aún presentan déficit de fuerza de trabajo y donde, por desconocimiento, falta de flexibilidad o inercia, no hacen valer la legislación

Autor:

Yuniel Labacena Romero

La experiencia le ha dado la autoridad para afirmarlo sin titubeos. «Este no será para ellos el trabajo de sus vidas, pero es un medio que tienen ahora para que ganen un dinerito, y así ayudar a sus familias».

Liliana Castillo Rodríguez es titular de la cafetería Las tierras del sol, en la capital, y está convencida de que a los jóvenes lo que hay que darles es oportunidades. En su establecimiento se desempeña desde enero último una estudiante de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

«Aquí somos flexibles con ellos, muchos han tenido determinados problemas, no pueden estar a la hora de empezar o han necesitado 15 días para adelantar en sus tesis, y por eso no los voy a despedir. Hemos tenido contacto con sus familias, quienes han pasado por aquí y conocen que sus hijos están empleados. En ellos tengo mucha confianza».

Maite Pinillo Ribalta, especialista de Empleo en la Dirección Municipal de Trabajo del municipio capitalino de Plaza de la Revolución, aseguró que casi nunca los estudiantes pasan por ese departamento en busca de opciones estatales, sino que van directo a buscar trabajo por cuenta propia.

«No tenemos las ofertas más tentadoras para ellos, solo algunas como camilleros en hospitales, técnicos o agentes de seguridad y protección. Esas son las plazas vacantes que más nos envían las entidades, pero a los estudiantes no les gustan. Además, los salarios tampoco son atractivos», dijo.

Quizá por esa razón, en el sondeo realizado por este diario, muchos estudiantes revelaron emplearse más en el trabajo por cuenta propia, «a pesar del estrés y el cansancio que genera». Al mismo tiempo, un buen número de ellos lo hace «por la izquierda», sin medir las consecuencias legales.

Sobre esta situación, Jorge Rodríguez Águila, especialista de Empleo no estatal, también en el municipio de Plaza, subrayó que tanto el trabajador como el titular del negocio corren el riesgo de ser sorprendidos por los inspectores cuando se realicen las visitas metodológicas.

«En las actividades vinculadas con la gastronomía es donde más hallamos trabajadores “sin papeles”, y la excusa que ofrecen los empleadores es la necesidad de someterlos a un “tiempo de prueba”, para saber cómo es su desempeño».

Rodríguez Águila precisó que en esos casos hay un plazo de cinco días hábiles para resolver el problema, al no ser ellos un organismo impositor. Pero reiteró que, como indica el Decreto-Ley 315, la Dirección Integral de Supervisión y Control sí puede multarlos.

«Al dueño del negocio y a sus empleados se les aplican cuotas que llegan hasta los 1 500 pesos por burlar el fisco, y cuando reinciden se les puede ocupar la licencia y suspenderla por un período de dos, tres o cinco años».

Si bien las opciones del trabajo por cuenta propia parecen ser las más apetecidas hoy por los estudiantes, ello pudiera ser consecuencia del desconocimiento del Decreto-Ley 268, que brinda la oportunidad del empleo estudiantil, lo que puede conducir a la falta de flexibilidades en espacios del sector estatal donde se requiera de fuerza de trabajo joven y bien calificada.

Un reportaje del sitio digital Soy Cuba, de esta editora, con el título Pluriempleo juvenil: ¿La emoción o el bolsillo?, arrojó algunas luces sobre ello. La Máster en Ciencias Ernestina Arias Rivero, máxima responsable de la Dirección de Trabajo en Las Tunas, consideró que todavía no hay suficiente información sobre este tema.

«Cuando se va a ejercer el pluriempleo es Recursos Humanos el que tiene la responsabilidad de decirle a la persona sus derechos y obligaciones. Deben saber que nunca pueden entrar en contradicción los horarios de estudio y de trabajo. El empleo adicional no tiene que ser por un período de ocho horas; la persona puede contratarse por dos o tres y por ese tiempo pagársele».

Corregir el tiro

El Máster en Ciencias Yoandro Batista de la Peña, director del preuniversitario Tomás David Royo, aseguró que en ese centro los estudiantes no solo llegan en busca de ofertas como profesores, sino también como trabajadores no docentes.

«Hoy tenemos un estudiante de la Facultad de Comunicación que imparte clases y otro de Filología que es el técnico de Informática, ambos de la Universidad de La Habana. Con ellos establecimos el contrato por horas».

Según Batista de la Peña, esos muchachos tienen cuatro horas diarias de trabajo, con dos grupos, y devengan la mitad del salario. Comentó que al principio del curso es cuando más los jóvenes van en busca de plazas y que han ocupado de otras universidades como el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (Cujae) y el Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas (InSTEC).

«Esto es importante, porque muchas veces no tenemos las plazas cubiertas, debido al déficit de maestros. Por ejemplo, en nuestra proyección docente del próximo curso solo contamos con cuatro profesores de Matemática, de los siete que debemos tener. Ese problema tengo que resolverlo por otras vías, y los estudiantes son una alternativa».

Un tiempo para hacer

Durante la pesquisa, tanto los estudiantes como algunos profesores expresaron que los planes de estudio de las carreras no están diseñados para que el alumno se diluya en otros propósitos que no sean el de estudiar, aun con el establecimiento del 20 por ciento de ausencias a clases que no hay que justificar, aprobado a raíz del VIII Congreso de la FEU. En consecuencia, la presencia del alumno en el aula sigue siendo trascendental en el modelo universitario cubano.

A ello se agrega que cada curso está diseñado para vencer determinados objetivos y que solo se permite repetir un año y llevar algunos arrastres. Desde la mirada de numerosos estudiantes, la academia les ofrece escasas facilidades en los horarios para que puedan tener ocupaciones laborales.

La Doctora Norma Barrios Fernández, vicerrectora docente de la Universidad de La Habana, recordó que en su etapa de estudiante le gustaba mucho manejar su dinero sin tener que depender de sus padres, aunque solo fueran los 30 pesos que recibía como estipendio.

También manifestó ser una defensora del principio martiano de vincular el estudio con el trabajo, del que este caso pudiera ser una variante, pues no existe elemento  más formador en una profesión que la constante práctica, solo que «la limitante está en que no siempre el empleo a tiempo parcial se logra en la especialidad que estudias».

Pese a ello se mostró satisfecha con las posibilidades que brinda la legislación y reconoció que con ella los estudiantes tienen una oportunidad muy decorosa para mejorar su economía personal y contribuir a la familiar, al tiempo que se preparan como profesionales.

No obstante, insistió en que ello no puede alejar al estudiante de su propósito principal: el estudio. «El empleo es su derecho, y en nuestra universidad existe flexibilidad con algunos programas docentes, aunque no se pueda incumplir con la asistencia a clases. Fuera de eso estamos abiertos».

Con su punto de vista coincidieron varios profesores de la Universidad de La Habana, de la Cujae y del Instituto Superior de Diseño (ISDi), quienes consideraron que, incluso, los centros de la Educación Superior pueden ser una magnífica fuente de empleo en muchas carreras o trabajos que necesitan cubrir.

A juicio de la Doctora Gilda Vega Cruz, profesora de la Cujae, si los centros de la Educación Superior abren puertas al pluriempleo sería un suceso interesante. «Existen trabajos que, mientras no interfieran el horario docente, podrían concedérseles a los estudiantes, como son la distribución de libros y la asistencia logística en las aulas, pues muchas veces carecemos de fuerza de trabajo para esas tareas».

Actualmente no empleamos a nuestros muchachos haciéndonos falta, reconoció Barrios Fernández. «Una cosa es que participen en tareas de impacto social con altruismo, y otra es que hay determinadas labores por las que uno quiere exigir una calidad, ¿por qué no pagárselas?.

«Aquí podemos hacerlo en carreras con perfil productivo como Economía, Comunicación, Contabilidad, Derecho… en función de un trabajo específico, pero hay que organizarlo; tener un plan de trabajo y respaldo económico. El camino es complejo, pero posible».

Para Yanela Soler Mas, profesora de la Facultad de Comunicación, la Universidad es una etapa de preparación, en todos los sentidos, para ejercer la profesión escogida. Sin embargo, no cree que pluriemplearse reste a ello o al desarrollo intelectual. «Todo lo contrario, esto favorece que se logren especialistas mejor preparados y con mayor responsabilidad».

No obstante, comentó que muchas veces el estudiante decide vivir los cinco años de la carrera sin la responsabilidad de un trabajo, «porque quizá le basta con las exigencias de la academia y piensa que para lo demás ya habría tiempo».

Gilda consideró que el apoyo familiar también influye. «Nuestros jóvenes suelen ser mantenidos por sus familias, pues para ellos la formación profesional de sus miembros es una prioridad», explicó.

Aun cuando la Universidad de La Habana no tiene un registro de sus estudiantes empleados —cuya solicitud se aprueba de forma particular en las facultades—, el diálogo con la Vicerrectora corroboró que hay alumnos contratados, sobre todo en el sector no estatal o como profesores.

El Doctor Luis Ramiro Piñeiro, quien fuera decano de la Facultad de Matemática y Computación, apuntó que no son muchos los que en su facultad ejercen el pluriempleo, y solo se enteran cuando los estudiantes tienen problemas docentes e informan de esta situación.

«Ello afecta el rendimiento, pues en la mayoría de los casos son actividades nocturnas que perjudican el sueño y, por tanto, el rendimiento en clases. Desde luego, hay muchachos que se emplean en lugares afines con su especialidad y esos generalmente no tienen problemas».

«Si nuestros muchachos están pluriempleados, hasta ahora no han afectado su vida docente. En la Universidad, el curso pasado incrementamos la promoción y la calidad, y eso es con los estudiantes que tenemos, estén o no ejerciendo esa oportunidad», indicó.

Laura Suárez, profesora de Comunicación Visual en el ISDi, dijo que en ese centro es común que los estudiantes se vinculen a un empleo casi siempre «de manera no oficial», aun cuando la carrera demanda mucho tiempo de estudio independiente.

«Estamos en plena disposición de apoyar esta opción, pero no puede interferir en la docencia. El hecho de que el estudiante tenga derecho a un 20 por ciento de ausencias a clases que no tiene que justificar no quiere decir que se realicen menos evaluaciones, son las mismas y se exige igual, sobre todo en los trabajos independientes».

Idalis Quiñones Padrón, también profesora de la Cujae, y el Doctor Raúl Guinovart Díaz, decano de la Facultad de Matemática y Computación, expresaron que los programas educativos son muy rigurosos como para que el estudio coexista con el empleo estudiantil. Para ello se necesita esfuerzo y planificar el tiempo con el propósito de lograrlo, enfatizaron.

Ambos académicos opinaron que un ajuste sería beneficioso. Para ese objetivo sería indispensable, apuntaron, buscar ofertas para todas las posibilidades, readecuar un poco los programas de estudios, sin olvidar que la formación es lo principal…, pero puede existir un equilibrio entre ambas opciones.

Esta es una oportunidad que nunca existió, reconoció Raudilio Martín Sánchez, de la Facultad de Derecho, quien manifestó que el hecho de que muchos no ejerzan el pluriempleo no quiere decir que no les interese, sino que están protegidos por el Estado y en la mayoría de los casos tienen el apoyo familiar.

Oportunidad en ciernes

Jesús Ottamendis Campos, director de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), afirmó que la mayoría de los estudiantes que se emplean en el sector estatal, ejercen como docentes, así como en algunas actividades técnicas y, en menor medida, como serenos u otros puestos de poca complejidad no relacionados con su formación.

Puntualizó que la contratación, en correspondencia con lo legislado, es posible para los estudiantes con 17 años de edad o más, sin vínculo laboral, de cursos regulares de los niveles medio superior y superior.

Para los estudiantes menores de 18 años se establecen condiciones especiales para ejercer el empleo. «No pueden ser ocupados en trabajos en que estén expuestos a riesgos físicos y psicológicos; a sustancias peligrosas, a altas o bajas temperaturas o niveles de ruido o vibraciones perjudiciales para su salud y desarrollo integral; en labores nocturnas, bajo tierra o agua; en alturas peligrosas, en espacios cerrados o con cargas pesadas.

«Antes de suscribir contratos de trabajo con los estudiantes, la administración de las entidades tiene la obligación de garantizar condiciones laborales seguras. Los educandos, cuando egresen de sus niveles de enseñanza, tienen el deber de cumplir el servicio social en el lugar al que sean asignados».

—¿Por qué considera que la cifra de estudiantes que optan por esta posibilidad es baja?

—Creo que está relacionado con la falta de cultura e información existentes sobre este tema, por lo que hay que insistir más en él. No puedo decir que el rigor de los planes de estudio impida pluriemplearse, pues estaría distorsionando los objetivos del Decreto-Ley 268. Ese vínculo debe existir siempre y no ir en contradicción con la misión principal del estudiante: la docencia.

«La exigencias de las pruebas no pueden bajar porque el educando tenga la oportunidad de trabajar. Su propósito es hacerse un profesional y, por ende, tiene que existir un rigor. Si posee la posibilidad, el dominio y la inteligencia para trabajar además de estudiar, ahí está la oportunidad, pero esta decisión no puede ir en detrimento de la Universidad.

«Aunque las cifras de estudiantes empleados no son altas, la medida ha ayudado a cubrir plazas poco atractivas, como en el caso de los docentes».

—¿Esos años en los que el estudiante está empleado cuentan en su aval como trabajador?

—Sí. El Decreto-Ley establece que a los incorporados al trabajo se les reconozcan todos los derechos de la legislación laboral y de seguridad social, así como los estipendios o retribuciones que por otros conceptos reciban.

De la indagación hecha por este diario se puede deducir que, aunque el Decreto-Ley 268 contribuye a la formación profesional e integral de los estudiantes, a aminorar carencias económicas presentes en el país y a resolver necesidades sociales, es necesario seguir ampliando las oportunidades que se ofrecen a los estudiantes y que los empleadores, sobre todo del sector estatal, hagan un mejor uso de las posibilidades que les ofrece la legislación.

Como subrayó la académica Norma Barrios, mucho tiene que lograrse en este camino, algo que es posible, pero a la vez requiere de mucha organización. «Tiene que existir conciencia de los organismos y de las instituciones involucradas para que se implemente la posibilidad de empleo parcial».

La legislación es un instrumento que, de utilizarse adecuadamente, ayudaría a tener capital humano en aquellos centros que aún presentan déficit de fuerza de trabajo y que, por desconocimiento, falta de flexibilidad o inercia, no se valen de esa legislación.

Nota: Participaron en este reportaje Sara Cotarelo y Nelly Osorio, del Equipo de Investigaciones Sociales de Juventud Rebelde.

 

Padres sin paternalismo

Tan importante como desarrollar en los jóvenes el interés por el conocimiento, lo es el amor por el trabajo. Esa fue la razón por la que Julio Fernández apoyó a su hijo cuando decidió laborar como dependiente en una cafetería particular, a la vez que estudiaba en la Universidad de La Habana.

Julio nos contó que a veces iba y lo observaba mientras ejercía su labor, y aseguró que lo aprendido en la carrera de Turismo fue imprescindible para él, pues así estaba en constante práctica, aunque por supuesto, requirió sacrificio. «En apoyar o no a los hijos está el éxito», confesó.

Los criterios de los padres resultaron diversos. Existen los que apoyan la idea y los que, en número mayor, la desaprueban.

Neysys González, trabajadora de la Oficina Central del Banco de Crédito y Comercio, opinó que cursar estudios implica sistematicidad para conseguir el dominio de las diferentes materias, y «es mejor que el muchacho se prepare bien para que después decida su futuro».

Igual idea compartió Idania Herrera, madre de un joven de 22 años de la Universidad de Pinar Río. Dijo que cada vez crecen las exigencias en la academia, pero si algunos deciden por ello y hacen un esfuerzo extra, «sería un alivio a la economía familiar, aunque no para dejarlos de mantener».

Apuntó que la mejor opción en caso de optar por un empleo, es hacerlo en la misma especialidad en la que se forma, ya que sería un apoyo para consolidar los conocimientos y evitaría que el estudiante se alejase de sus propósitos y de otros proyectos que disfrutan sus contemporáneos.

«Si mi hija me dice que quiere trabajar mientras estudia, no la apoyaría. Emplearse hoy es un reto», expresó el médico Alberto Benítez, y argumentó que el trabajo estatal se ha subestimado mucho, sobre todo en compensación económica y en condiciones. «Y si me dice que va a hacerlo en el sector privado, tampoco estaría de acuerdo, ya que pese a ofrecer mejores salarios, se trabaja muchísimo».

Aun cuando muchos padres manifestaron en nuestro sondeo que trabajar hoy en Cuba es un desafío, reconocieron que si sus hijos se desempeñaran en la especialidad que estudian, les gusta o cuyo trabajo dominan, y ganaran para mantenerse, les apoyarían.

«Es una forma de crecerse y continuar con esa vinculación de estudio y trabajo que ha promovido la Revolución. Es una manera de superarse, y si tiene relación con lo que estudian serán mejores profesionales en el futuro», afirmó Domingo Martínez, profesor de Química, quien insistió en que se necesitan responsabilidad y organización del tiempo para cumplir con ambas funciones.

«Considero que esta es una decisión bastante madura, responsable. A la vez que se forma mejor como persona, el joven comienza, en alguna medida, a ser independiente económicamente, ello sin dejar a un lado el sacrificio. Solo me negaría si mi hija pusiera en juego su rendimiento escolar».

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