Niños diferentes con iguales derechos

Las casas de dos pequeños de Artemisa se convirtieron en aulas desde el pasado 2 de septiembre. Una maestra muy «particular» lleva hasta allí no solo los conocimientos, sino la magia de nuevas formas de comunicación, cariño y confianza

Autor:

Yuniel Labacena Romero

SAN CRISTÓBAL, Artemisa.— La alegría de estar el 1ro. de septiembre en una escuela no la compartieron Ronald Alfredo Serrano Martín y Lázara Nerisleidis Pozo. Sin embargo, estos adolescentes, con retraso mental moderado, no se vieron privados de aprender. Al amanecer del siguiente día, espacios de sus casas se convirtieron en aulas, como desde hace dos cursos viene ocurriendo.

La maestra Felicia Delgado Valladares entró nuevamente en sus hogares para llevarles los libros y los materiales escolares, e iniciar las nuevas clases.

Desde hace días, Ronald y Lázara añoraban el encuentro con su maestra, pues «enseña muchas cosas del mundo cotidiano». Por ello la besaban y mimaban, como devolviéndole el cariño que ella les ha regalado, como lo ha hecho con todos sus alumnos desde que con solo 16 años se decidió por el magisterio.

Con la intranquilidad acostumbrada Ronald cuenta que ha aprendido los colores, también a hacer figuras de plastilina y hasta a armar rompecabezas de un solo corte con las láminas que la maestra trae, a la cual quiere por sus clases.

Sobre la mesa del comedor, que se ha transformado en su improvisado pupitre, estaban la goma, las libretas, cajas de lápices de colores, plastilina, crayolas…, los materiales escolares que cualquier niño cubano recibe cada septiembre, sin importar el lugar de la geografía donde esté.

Impresiona cómo el pequeño, a pesar de su miopía severa y también de una lesión estática del sistema nervioso central, identifica los rostros de Fidel y Chávez. Cuando los ve empieza a llorar, ya que son dos personas a las que quiere, por todo lo que han hecho por los niños.

Tanto la maestra como su madre Leticia refieren que no existe nada que lo entretenga más que Vivir del cuento, ese programa televisivo que ha devenido una satisfacción muy grande para él y que disfruta en su DVD. «Me gusta ser como Pánfilo, para que las personas se rían. Yo le mandé una carta», dice, y añade que también le encantan la música y los muñequitos del Rayo McQueen.

El pequeño sueña con viajar a Brasil a conocer a su «novia» Noemia, la actriz Camila Morgado de la novela Avenida Brasil, y allí contarle lo aprendido hasta ahora. Su hipotonía muscular y el síndrome de inmunodeficiencia celular, otros de sus padecimientos, no han sido obstáculo para que a sus casi 13 años que cumplirá este 22 de septiembre, aprenda nuevos saberes.

Compartir con sus compañeros

Es imposible no emocionarse al observar a niños como estos. Lázara Nerisleidis padece una osteogénesis imperfecta (conocida como enfermedad de los huesos de cristal) y una hipotonía generalizada, por lo que las clases del curso anterior las recibió enyesada.

En su mirada y sus gestos se descubre la gratitud por quienes han hecho posible que ella comprenda mejor el universo. «He aprendido las palabras agudas y llanas, los sustantivos, los números romanos y los productos», dice oronda, y recuerda que antes desandó con mucho cuidado las aulas del seminternado Pepito Tey, de la comunidad Ramón López Peña, donde vive.

La asignatura que más le gusta es Lengua Española, pues con ella aprendió a leer, a pronunciar las palabras, a conocer el idioma… Además, le encantan los medios que la maestra le trae. Este año comenzará con Geografía, Historia de Cuba, Ciencias Naturales y espera —comenta— aprender mucho y descubrir otras cosas.

Relata que en la computación ha encontrado una forma de divertirse, por eso muchos no se sorprenden al verla en el Joven Club de Computación y Electrónica de la comunidad jugando y experimentando con las nuevas tecnologías, o simplemente asistiendo a los turnos de esa materia que existen para niños como ellos en el seminternado.

Lázara narra que trata que sus ratos libres sean iguales a los de otros de su edad. «Me pongo a leer, a ver las imágenes de los libros y a jugar en el barrio, pues me encanta compartir con mis compañeros», explica. Y añade que aprendió con la película cubana Conducta cómo deben ser los niños buenos.

A sus 12 años se califica como una bailarina de «primera categoría». Cuando en su casa se escuchan a los Ángeles todo se vuelve una algarabía, pues le fascinan sus canciones y «hasta los chicos» que las interpretan.

Explorar lo desconocido

La vida de muchas familias cambia cuando conocen que sus hijos padecen de enfermedades que les imposibilitan realizar una vida normal, pero también se transforma cuando los ven, al lado de una maestra, recibiendo las habilidades que les permitan no aislarse de la sociedad. Afrontar este tipo de situaciones y no rendirse ante ellas convierte a padres y familiares en mejores personas.

Para ellos los días de septiembre están dibujados también por tijeras, forros, papeles, figuras, letras, plumones, pegamentos…, que dejan como nuevos los libros de texto y con un brillo único hasta las libretas. Los padres de Ronald y Lázara Nerisleidis agradecen ese gesto que les permite cumplir un sueño y explorar lo desconocido.

«Es difícil trabajar con pequeños como estos», reconoce Felicia, esa maestra y custodia especial que se olvidó de disfrutar de su jubilación y descansar después de largos años de trabajo, y que respondió como otros tantos educadores al llamado para reincorporarse a las aulas.

Con la dulzura y voluntad que la caracterizan entra en el hogar de cada pequeño dos veces a la semana y hace que el mundo les pertenezca. Por ello esos martes y jueves son días muy bien recibidos y ansiados por sus muchachos.

«En el caso de Ronald, quien tiene poca estabilidad en su cuerpo, está en la preparatoria, es decir, como si fuera un preescolar. Con él, desarrollo ejercicios del lenguaje y trabajo esencialmente la educación plástica con plastilina, acuarelas y temperas. Es un niño que ya manipula la tijera, pinta, rasga, arma rompecabezas, pega…».

«Lázara Nerisleidis aprendió a leer, escribir y calcular, consigue identificar imágenes, e interpreta palabras del vocabulario». La maestra señala que el día 1ro. de septiembre la madre buscó los libros, y cuando llegó el martes a la casa ya estaban forrados.

Felicia añade que la matemática es fundamental para estos niños, porque así se relacionan en el hogar y con el mundo que los rodea, y aprenden a diferenciar las cosas por tamaño y colores. «No es llenarlos de datos sin sentido, sino encaminar a cada niño a querer aprender, enseñarles a disfrutar aprendiendo y prepararlos para su futuro.

«Ellos tienen los mismos derechos a recibir los beneficios educativos y a disfrutar dentro de la sociedad. La familia es importante, para que nuestras clases cumplan sus objetivos y también para que continúen las tareas que orientamos, y así los muchachos adquieran las habilidades necesarias para desarrollarse», valora.

Durante casi 50 años Felicia entregó sus conocimientos y su cariño en las aulas del seminternado Pepito Tey, donde impartió clases desde el prescolar hasta el sexto grado. Hace dos cursos lo hace en la Educación Especial, como parte del claustro de la escuela 8 de Octubre, para atender a estos niños cuya discapacidad les impide llegar hasta la instalación.

¿El secreto para trabajar con ellos?, le pregunto y sin pensarlo dos veces afirma: «Sentir amor, cariño, tener mucha paciencia y dedicarles tiempo a la preparación y a los objetivos que quieres lograr. Se trata de comprender que existen niños diferentes con iguales derechos, necesitados de nuevas formas de comunicación, cariño y confianza».

Una enseñanza «bloqueada»

A partir de 1959 comienza en nuestro país la atención organizada, masiva y sistemática de los pequeños que precisan de los servicios de la Educación Especial, la cual funciona como un subsistema de la Educación General. Sus planes de estudio, además de dar cumplimiento a las actividades docentes, contribuyen a reducir o compensar el problema que presentan los infantes.

Aunque actualmente existen las condiciones necesarias para ofrecer la debida atención a estos alumnos, el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba, impacta cada año en los beneficios que pueden recibir, tal como destaca el más reciente informe presentado por la Mayor de las Antillas, para la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas.

Por solo citar un ejemplo, la Educación Especial cuenta con 982 talleres docentes dedicados a la preparación de los estudiantes para la plena integración social y laboral, pero esa política genocida dificulta el acceso a materias primas, insumos y tecnología nueva de máquinas, herramientas, instrumentos y utensilios para los talleres docentes, lo que afecta a más de 22 000 niños, niñas y adolescentes con necesidades educativas especiales.

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