Cobrar sin perder la esencia social

Los Joven Club de Computación y Electrónica avanzan hacia una fase superior. El pago de sus servicios, una medida a tono con el nuevo escenario del país, contribuirá a seguir fomentando una cultura informática, especialmente en los niños, adolescentes y jóvenes, sostuvo en entrevista con este diario Raúl Vantroi Navarro Martínez, su director general

Autor:

Yuniel Labacena Romero

La noticia tomó por sorpresa a algunos y hasta dejó cierto estupor en otros: los Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE) comenzaron a cobrar sus servicios de forma experimental el pasado 25 de agosto, al poner precio al tiempo de máquina a las personas naturales en tres instalaciones de la joven provincia de Artemisa.

Ante tal preocupación, los directivos de esas instalaciones afirman que el hecho de cobrar no significa que perderán su esencia social, ni la razón por la cual nacieron: la de fomentar una cultura informática, especialmente en los niños, adolescentes y jóvenes.

Así lo sostiene en diálogo con este diario Raúl Vantroi Navarro Martínez, director general de los JCCE, quien aclaró algunas dudas sobre esa medida, los beneficios que considera traerá, cómo se implementará en el resto del país y cuál será el camino para asegurar las condiciones que favorezcan el éxito de esa política.

Apunta que después de 27 años de creados y cinco de haberse integrado institucionalmente al Ministerio de Comunicaciones, los Joven Club avanzan hacia una fase superior, y que la medida está en correspondencia con el nuevo escenario que vive el país, de actualización de su modelo económico-social.

«Nos enfrentamos a un contexto económico muy diferente al de hace 27 años, lo cual demanda que la organización sea sostenible económicamente para mantener su presencia en la sociedad.

«Durante todo este tiempo, el Estado ha subsidiado íntegramente la labor realizada por los Joven Club. Solo en los últimos diez años el promedio ha sido superior a los    50 millones de pesos anualmente, por lo que necesitamos disminuir ese subsidio, y de ser posible eliminarlo.

«Cuando nacimos, en 1987, éramos    los únicos que teníamos computadoras. Sin embargo, actualmente todas las escuelas tienen laboratorios de informática, así como muchas entidades estatales tienen ordenadores. También los hay en 439 000 casas de familias, según arrojó el Censo de Población y Viviendas 2012, lo cual posibilita que ya el acceso a las tecnologías no sea exclusivamente desde los Joven Club.

«Por solo ilustrar otro caso, en este tiempo las entidades estatales se han beneficiado de nuestros servicios y productos gratuitamente, pese a tener ellos un presupuesto destinado a este tipo de necesidades».

En esas razones, expresó, se fundamenta el cobro de los servicios, lo que favorece que busquemos sostenibilidad por nosotros mismos. «Ello no lo lograremos del todo por el momento, pues la recaudación es a precios muy baratos, por debajo de las tarifas que existen en el mercado estatal y no estatal. Por otro lado, se mantienen gratis los cursos, los que representan el 30 por ciento de los servicios que brindamos».

—¿Cómo se decidieron los precios y cómo se realiza el cobro de los servicios?

—Lo hicimos por correlación, estudiando cómo está ese servicio en el mercado nacional, y en correspondencia a lo que invertimos en él. Por citar un ejemplo, a nosotros el tiempo de máquina nos cuesta 1,86 pesos en cup la hora, y lo estamos cobrando a dos, así que solo ganamos 14 centavos.

«La población debe saber que el objetivo no es obtener ganancias con esta medida. En el caso de las personas naturales, es verdad que todo el mundo no tiene seis u ocho pesos para pasarse sentado ante una computadora todo el día y no todos los padres pueden darles ese dinero a sus hijos; pero son precios bastante asequibles, cerca de lo que puede pagar un cubano medio.

«El cobro, reitero, es en cup, y para su pago la persona deberá adquirir una tarjeta prepagada en las instalaciones donde se está cobrando el servicio, con un número de serie para tales menesteres. Estas tarjetas tienen un valor de 10,00 y 20,00 CUP.

«Para acceder a los servicios cada persona primeramente debe registrarse en una plataforma digital con su correspondiente usuario y contraseña, que los identifica como cliente de Joven Club. A partir de ese momento y cada vez que lo requiera cargará con dinero su cuenta, al introducir en el sistema el código de la tarjeta prepagada previamente adquirida en las instalaciones.

«El saldo podrá acumularse hasta un año después del depósito. Si durante ese tiempo no lo utiliza se cancela la cuenta, pero previamente se visitará a la persona para saber los motivos. Cuando se implemente la medida en todo el país la tarjeta será válida en cualquiera de las instalaciones».

—¿Qué aceptación ha tenido el cobro experimental del tiempo de máquina? ¿Ha aumentado o disminuido la cantidad de personas que acuden ahora a los centros?

—En las instalaciones de Artemisa y en los comentarios dejados por los cibernautas en las páginas web donde se publicó la información, no se han criticado los precios, sino la situación de los centros y su equipamiento para brindar un servicio mejor. Del 25 de agosto al 24 de septiembre, 208 usuarios han comprado 336 tarjetas por valor de 3 960.00 pesos. Tenemos usuarios que han comprado más de una tarjeta.

—¿Qué otros servicios piensan ofertar?

—Hoy están aprobados con sus tarifas otros servicios como la asesoría e implementación, desarrollo e implementación de aplicaciones y asistencia informática, los cuales se incorporarán paulatinamente.

«También trabajamos en un sitio web de juegos en red, en la red de microblogging Pitazo, la hipermedia El Visor y el Estanquillo, un sitio para la lectura de revistas y periódicos en versión web. Asimismo, pensamos ofertar impresión de documentos, preparación de fotos digitales y venta de multimedias.

«La oferta de estos nuevos servicios y productos estará condicionada, en primer lugar, a nuestra propia creatividad y también a las condiciones económicas y materiales de cada momento.

«Vale recordar que a los servicios iniciales —cursos y el tiempo de máquina— se incorporaron otros como la Enciclopedia Colaborativa EcuRed con versión web, portátil y para móviles, así como el portal Cuba Va y sus variados productos como la red social La Tendedera y la blogosfera Reflejos, a los cuales se puede acceder desde nuestras instalaciones. También se ha incursionado en la realización de audiovisuales del tipo spot publicitario.

«Igualmente nos sumamos a la iniciativa de producción de videojuegos, a partir de la creación en 2005 de los Estudios de Videojuegos y Materiales Audiovisuales. Hasta la fecha se han elaborado ocho, entre ellos Gesta final, Comando Pintura, Los Bumbots y Beisbolito, presentes en los Joven Club. Otros cinco están en desarrollo. Mediante la interactividad, todos tienen el fin de estimular la curiosidad y motivación por el aprendizaje, y la inteligencia.

«Todos estos productos necesitan costosos recursos para su desarrollo y posterior funcionamiento, como lo relacionado con su hospedaje en el centro de datos de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A (Etecsa). Si queremos mantenerlos y abrir los nuevos, debemos lograr que cada uno de ellos de forma independiente o colectiva sean sostenibles económicamente».

—Los Joven Club van a crear Mi mochila, su «paquete» de aplicaciones y contenidos audiovisuales… ¿Tienen estas instalaciones las condiciones necesarias y podrán competir en un creciente mercado de banalización, pese a todos los intentos por detenerlo?

—Con la información que existe en nuestra nación y los conocimientos de sus profesionales, estamos en condiciones de desarrollar productos que sean interesantes para el pueblo. Y se trata de un paquete con un concepto más cultural, que no premia la chabacanería ni lo banal, sino que aporta conocimientos, y en lo formal tienen un atractivo muy esencial.

«Mi mochila se encuentra actualmente en etapa de desarrollo y prueba en La Habana, en un Joven Club de cada municipio, y se oferta, por el momento, de manera gratuita. Lo estamos elaborando de conjunto con el Ministerio de Cultura y el Instituto Cubano de Radio y Televisión, entre otras entidades.

«Es un paquete que contiene audiovisuales, libros, películas, muñequitos, videojuegos, cursos y aplicaciones informáticas, y prevemos que hasta las entidades estatales, personas naturales y los cuentapropistas podrán dar publicidad a sus ofertas.

«Aún no tenemos el producto cultural con todos los requerimientos previstos, ni existen todas las condiciones creadas para su generalización en el resto del país. En cierta medida estamos preparando todavía un paquete incipiente, pero a nuestro juicio con buen contenido».

—Hoy el estado técnico de los equipos y las condiciones de muchas instalaciones no son las más favorables. ¿Qué se hará ante esta situación?

—Ese es uno de los principales problemas que tenemos, pues seguimos trabajando pese a que un 25 por ciento del equipamiento está roto, lo que indica una obsolencia tecnológica de alrededor del 70 por ciento. La organización, que dispone hoy de más de 10 000 medios electrónicos, incluidas las computadoras, presenta actualmente dificultades por roturas en equipos climatizadores y máquinas, debido al calor y la elevada explotación.

«Los Joven Club, constructivamente, se hicieron para operar en el frío y en estos momentos existen más de 700 aires acondicionados rotos, lo cual provoca altas temperaturas. El calor en los laboratorios es la principal queja de la población, incluso en los centros donde estamos cobrando el servicio.

«Existe la voluntad del Gobierno de mejorar paulatinamente las condiciones de los Joven Club. Se ha diseñado un programa que se debe ejecutar en seis años y que prevé el mejoramiento de la infraestructura técnica y material, según las posibilidades reales del país.

«Si hoy no hemos abierto los otros servicios es también por la situación de nuestra infraestructura tecnológica, material y económica. Solo un país como el nuestro se pudo dar el lujo de haber ofrecido un programa como este de manera gratuita durante tanto tiempo, con lo costosa que es la computación».

—Se ha dicho que para 2016 ya todas las instalaciones cobrarán los servicios…

—Según el cronograma previsto, la organización deberá reordenarse para iniciar el 2016 cobrando todos los servicios en nuestras instalaciones. Por ello, durante el resto del año en curso y el venidero coexistirán servicios gratuitos y cobrados.

«Este cronograma había comenzado en abril con el cobro en Artemisa, a las personas jurídicas, del producto Segurmática Antivirus, al precio de 50 pesos cubanos, y a partir de noviembre se extenderá la experiencia escalonadamente al resto del país, luego de evaluar sus resultados».

—¿Cómo se han preparado para asumir este cambio?

—Para enfrentar los nuevos retos, los Joven Club cuentan con su principal recurso: los trabajadores, que son más de  5 200. De estos, el 47 por ciento son graduados universitarios, y de ellos más de 600 son másteres en ciencia. Además, el 30,6 por ciento está vinculado directamente a la prestación de servicios.

«El trabajo en equipo, la cohesión y la perseverancia que cada uno aplique en cada momento, permitirá concretar la visión prevista. La principal limitante solo debe ser nuestra propia creatividad».

—¿Podría cambiar el sistema de pago para los trabajadores?

—El sistema de pago tenemos que cambiarlo. Si una organización que cobra sus servicios quiere incentivar que los trabajadores ingresen por resultados, tenemos que pagarles por ellos; pero eso no será en este minuto, pues aún estamos en un experimento con el cobro de los servicios.

—¿Con esta nueva medida se podrá acceder a Internet desde los Joven Club?

—En el caso de la Red Cuba Joven Club va a dar ese servicio como hasta ahora, ya que desde casi todas nuestras instalaciones se puede acceder a las páginas punto cu. Para el 2016, cuando ya cobremos todos los servicios, este también será uno de ellos, como acceder a las redes sociales que hemos creado.

«En cuanto a Internet y los correos, será utilizando la plataforma Nauta de Etecsa. Los Joven Club habilitarán varios laboratorios como salas de navegación. Como mismo las personas van ahora a un telepunto de Etecsa, en este caso lo podrán hacer en el Joven Club, con las mismas tarjetas y tarifas.

—¿Qué implicaciones tuvo la entrega de un programa de la Unión de Jóvenes Comunistas al Ministerio de Comunicaciones?

—Ha sido una decisión bien tomada. Cinco años después hemos podido contar con más recursos, estar presentes en el mundo de la informática, más cerca de los clientes y, sin embargo, no se ha perdido la esencia del trabajo que veníamos realizando con la UJC. En los años en que pertenecimos a los proyectos juveniles, nuestro programa cumplió su papel, y ahora se ha producido un significativo avance.

Navarro Martínez aseveró que en el transcurso de estos años muchas personas han encontrado en los Joven Club el espacio para interactuar con las tecnologías. Fue perfeccionada la atención a los niños, adolescentes y jóvenes, y se incorporaron personas de la tercera edad y con discapacidad, entre otros grupos sociales, esencia que no perderán nunca en su trabajo.

«Aunque cobremos los servicios, con estos sectores realizaremos múltiples actividades y trataremos de protegerlos, teniendo presente que el Estado no subsidiará productos sino personas, algo que se está estudiando. Incrementaremos los círculos de interés, encuentros con los niños, crearemos otros programas docentes, seguiremos la atención de los niños talento y de conjunto con las escuelas buscaremos nuevas ofertas.

«Queremos dejarlo bien claro: los Joven Club no van a perder su esencia social y la atención a los más jóvenes será una prioridad en nuestro trabajo, para que ellos sigan viendo a nuestros centros como espacio para interactuar con las nuevas tecnologías, aunque el tiempo de máquina que no esté relacionado con actividades docentes, tengan que pagarlo.

«Todo lo haremos cumpliendo esos principios, experimentando primero y generalizando después de que las condiciones técnicas y materiales mínimas necesarias estén garantizadas».

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