Un maestro, muchos maestros

Un joven cabalga cada día a un lugar donde practica una profesión difícil, pero sublime

Autor:

Osviel Castro Medel

GUISA, Granma.— Ensilló el caballo, se despidió de los suyos en Vega Grande y a la media hora ya estaba en Pozo Frío, adonde llegó con los nervios casi en explosión por toda la gravedad que encierra el principio de curso.

De aquel primer día Alexander Suárez Pérez recuerda nítidamente el rostro asombrado de algunos padres cuando, en medio de la pequeña plaza entre lomas, lo presentaron: «Este es el maestro de la escuela».

No olvida que alguno hasta frunció el ceño, acaso porque le vio la cara de «vejigo», como suelen llamar los serranos a quienes no han llegado a la adultez probada.

«Yo me los gano», se dijo Alexander, aunque todavía tenía el susto propio de sus 25 años, agrandado porque se enfrentaría a un aula multigrado, que implica impartir, a la vez, clases a niños de diferentes cursos.

«El más chiquito era de primer grado, el mayor era de octavo de la enseñanza especial y mucho más alto que yo», evoca hoy sonriendo, cuatro años después de aquella clase inaugural.

Lo cierto es que cuando convocó a la primera reunión de padres y los mayores vieron su proyección, empezaron a  entender que a la primaria Alfredo Gómez, situada a unos 12 kilómetros de la cabecera municipal de Guisa, había llegado un maestro con deseos de consagrarse, enamorado del magisterio desde la niñez temprana.

Luego esa percepción creció, afianzada por la puntualidad de Alexander, quien jamás trotó tarde a lomos de caballo hacia la escuela. «Salgo temprano; son casi cuatro kilómetros de recorrido todos los días y no me gusta apurar a la bestia», ha dicho más de una vez.

Un día, impartiendo clases con los métodos del multigrado entre modestísimos pupitres, notó que uno de los niños de cuarto estaba metido en los contenidos de quinto; entonces tuvo la certeza de que la tarea futura iba a estar teñida de complejidades.

«No es lo mismo la teoría que la práctica. Para dar clases con el multigrado hay que ser mago, hechicero, como dice un amigo mío. Tienes que prepararte de verdad, ponerle la vida a los medios de enseñanza, evaluar constantemente y exigir para que el estudio individual se convierta en una vía fundamental para el aprendizaje», contó.

En otra ocasión, acopiando papeles necesarios para las clases, cayó en la cuenta de que un maestro multigrado es un todoterreno, «pues tienes que impartir Lengua Española, Matemática, Historia, Ciencias, Geografía, Educación Cívica, El mundo en que vivimos, Educación Laboral, Educación Artística y hasta Inglés... de todo, menos Educación Física y Computación».

Un viernes le dieron una noticia atómica: «Vas al X Congreso de la Juventud». Él, aunque había acumulado méritos en el magisterio y ya en las serranías de Guisa su nombre sonaba como referente, no imaginó que «se fueran a acordar de este guajirito. Fue la experiencia más linda que he tenido».

Después de eso un periodista fue a encontrarlo y Alexander le contó, a retazos, su vida desde los días de primaria en la escuela Abigaíl González hasta los momentos deliciosos en el Pedagógico de Manzanillo. Y sonrió a menudo, recordando cada clase convertida en capullo o luz en las alturas de Pozo Frío.

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