Lo que rubriqué, siempre lo escribí desde el sentimiento

Llegó al Periodismo, con solo 14 años, como una tarea, y 54 años después la profesión es para ella alma, siempre latiendo con Cuba, su pueblo y sus sueños. Susana Lee acaba de merecer el Premio de Periodismo José Martí

Autor:

Zenaida Ferrer Martínez

Todavía era una estudiante de solo 14 años cuando asumió la responsabilidad de escribir para el diario Hoy. Eran momentos fundacionales de la juventud comunista, organización que le dio esa tarea a muchachos del bachillerato. Entonces no sabía ni teclear en una máquina de escribir. Hoy su impronta puede rastrearse en los dos diarios nacionales: Granma y Juventud Rebelde.

Susana Lee es una mujer sencilla, modesta, de hablar continuo y desenvuelto. Una mujer satisfecha con un premio inesperado, pero que une en el nombre y dedicatoria a dos de sus más grandes paradigmas: José Martí y Fidel Castro.

«La China» para muchos es una rigurosa profesional que no se permite un desliz, ni el descanso, sin cerciorarse de cómo quedó la página con su trabajo, y… hasta el periódico completo. Se siente honradísima de recibir, en este 2016, el Premio Nacional de Periodismo José Martí, junto a Orlando Pantoja y Pedro Méndez, ambos insignes colegas de Villa Clara, de la radio y del humor gráfico, respectivamente.

Pese a problemas de salud, al verla este día, pareciera que recuperó su lozanía e ímpetu, su don de la palabra, tal vez porque este premio trasciende todo género de motivaciones.

Crecer con la revolución

«Acababa de concluir la epopeya de la alfabetización y la UJC, recién constituida, solicitaba a jóvenes a quienes les gustara escribir para nuevas tareas. Confieso que me encantaba la idea, porque era yo quien redactaba los comunicados, efemérides y otros textos que se ponían en el mural del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, donde estudiaba, y alguien me dijo: Susana eres perfecta para eso.

«Me presenté en el periódico Hoy, y allí eligieron a cinco jóvenes para este y cinco más para el Mella, que era un quincenario. El jefe de información me llevó a un cubículo, asignándome silla, mesa y máquina de escribir. Explicó: el trabajo es así, me dio una especie de abc de cómo trabajaban allí y, de inmediato, me ordenó ir con un fotógrafo a cubrir un acto de un sindicato en el cine Payret: “Vienes, escribes tu nota en la máquina y me la entregas”, me orientó.

«No sabía qué era “cubrir” y muchos menos escribir en ese artefacto. Por suerte para mí, ahí estaban dos Carmen que me ayudaron en esos inicios: Alfonso y González, quienes me explicaron qué notas tomar, a quién preguntar, y que luego escribiera aunque fuera con dos dedos en la “máquina”. Por primera vez oí hablar de las preguntas del lead, aunque no me sirvieron de mucho, pues la nota fue directa al cesto de papeles.

«Como era joven, me dijeron que atendiera la UJC, los estudiantes, las mujeres. Se me quedó por costumbre preguntar, a quien tuviera a mano, qué indagar a donde iba. Siempre pensé que lo que hacía era provisional y no fue así. Ya estaba un poco más suelta, iba a coberturas a otras provincias, pasaba de hacer pininos.

«En ese tiempo conté con la ayuda, el consejo, la crítica oportuna y certera de experimentados periodistas: Ricardo Sáenz, Juan Marrero, Gabriel Molina, Raúl Valdés Vivó, que era el subdirector, y Blas Roca, director de Hoy. Me codeaba con la gente de linotipos y hasta bajaba a las máquinas a ver tirar el periódico. Aun así, continuaba pensando en licenciarme en Derecho».

Susana se convierte en fundadora

«Un día de octubre, a quienes trabajábamos en Hoy nos llamaron y nos dijeron que teníamos que ir urgentemente a la sede del diario, en Prado y Teniente Rey. Cuando llegamos ya estaban preparando el logotipo de Granma y nos informaron que Hoy y Revolución se fundían en un nuevo periódico. Se había decidido en una reunión del Partido en el teatro de Miramar, hoy Carlos Marx, y Fidel, y Malmierca junto con Blas, nos explicaron la importancia de la fusión. Creamos el primer número con los adelantos del Hoy y la reseña del acto en cuestión.

«Luego se conoció de la fusión de La Tarde con Mella, para dar paso a un nuevo diario que atendería la Juventud Comunista. Pero, los de más edad del periódico La Tarde dejaban el novedoso Juventud Rebelde, y los que habían venido de Mella, no tenían suficiente experiencia en el diarismo, de ahí que me pidieran que pasara a JR, al cual me incorporé en el año 1966 y en el que permanecí 15 años. Me consideré fundadora desde siempre de ambos periódicos.

«Juventud Rebelde era vespertino y eso me cambió la vida. Se unieron colegas exitosos como Ricardo Sáenz y Guillermo Lagarde, maestros ambos. Cuando digo me cambió la vida, es casi literal, ahí sí fue mi verdadera formación periodística fuerte. Fui reportera, jefa de equipo y llegué a jefa de información. Primero, no se trabajaba en equipos y me di a la tarea de crearlos, y disfrutaba, tras la formalidad en el diseño del órgano del Partido, de la transgresión de los cánones estéticos del periodismo gráfico, además del contenido, que hacíamos en JR.

«Como reportera disfruté y conocí mucho en las coberturas en equipos múltiples (integrados por periodistas especializados en temas económicos, educativos, culturales, sociales), que se hacían en las provincias designadas sedes de los actos centrales por el 26 de Julio. Creo que JR fue el primero en organizar así su fuerza profesional, y con mucho éxito.

«Recuerdo al equipo que laboró en el Congreso del Partido en 1975, y el año anterior en Matanzas, con Lázaro Barredo y José Masó, que trabajamos mucho y con gran satisfacción de hacerlo entre todos, para dar a conocer el surgimiento de la experiencia del Poder Popular en esa provincia. He estado vinculada al Poder Popular desde su fundación, es parte de mi vida.

«Jorge Enrique Mendoza, entonces director de Granma, siempre tuvo la intención de que retornara al diario, y le dije en una ocasión: no me parece que deba volver porque no soy militante. Eso no tiene que ver, me ripostaba. Así que un buen día me llamó y me explicó que ya está aprobado por el Partido mi regreso a Granma, era el año 1981. Llegué justo cuando la epidemia del Dengue estaba en su apogeo. Marta Rojas me ubicó y me orientó que tratara el tema de la recogida de escombros para alertar a la población. Pero enseguida Mendoza me asignó hacer una columna diaria sobre la enfermedad y sus consecuencias. Mi columna estuvo viva cada día durante seis meses, hasta que hice la nota de cese total de la epidemia.

«En 1985 me llamó Mendoza y me pidió estar en el periódico a las doce de la noche: “A partir de esa hora usted es la jefa de información del periódico”, me manifestó. Le di mil argumentos por los cuales no debía ser yo, y tajantemente explicó: eso está consultado con el Comandante en Jefe. Y así fue.

«Qué gran trabajo. En la redacción nacional había 17 o 18 periodistas, más los corresponsales en todas las provincias, y un numeroso y talentosísimo equipo de fotografía, a cuyos profesionales orientaba las coberturas, pero nunca dejé de escribir, siempre temas nacionales que son los que me gustan.

«Lo más bonito que tiene la profesión y, en particular, atender el Poder Popular, es la posibilidad de escribir, de reportar, de relatar, de contar las alegrías y los problemas del pueblo. Estar junto al pueblo en momentos duros y en las alegrías es otro de los tesoros que guardo.

«Claro, la mejor de las riquezas que me ha dado la profesión es haber podido reportar muchas actividades de Fidel, conocer en vivo su estilo de trabajo, ir donde había un ciclón, un problema agudo, una campaña. Tuve muchos encargos personales de trabajo venidos directamente de él. Fui diputada durante tres legislaturas, es decir, por 15 años. Ingresé en el Partido en 1992.

«Con lo que he escrito, con o sin filo, siempre voy a estar insatisfecha, y sé que siempre nos han criticado y nos seguirán criticando, mucho más los nuevos colegas, pero lo cierto es que para escribir de la Revolución, historiadores e investigadores, hay que ir a la prensa cubana, a los documentales y reportes de televisión, a los noticieros Icaic (que se están restaurando). Todo lo que hemos hecho bien o mal los periodistas conforma la verdadera crónica de la Revolución.

«Repasando ahora mi vida, te digo que no siempre quise escribir de logros, y lo hice mucho. Opté por la Revolución y eso me signa. Me habré equivocado como cualquier humano, pero afirmo que lo que rubriqué con mi firma siempre lo escribí desde el sentimiento, desde la convicción, incluso cuando escribí una frase cursi, una frase hecha, la sentí.

«Escribí de todos los planes y programas de la economía cubana, convencida en cada momento de que eso nos llevaría a una vida mejor, desgraciadamente no siempre ha salido así. Hoy, me duele no poder afirmar que voy a hacer más, por la edad, por la salud. Quisiera que las cosas fueran distintas, de otra manera, cuando estoy viendo el retiro de quienes hicieron la Revolución y de las generaciones que les acompañamos. Eso me preocupa.

«En los últimos años, hasta ahora que he caído enferma, me he ocupado de un trabajo anónimo, Cartas a la Dirección, de Granma. Hay cartas que te desgarran, ¡son tantos los problemas materiales!, pero te aseguro que son más la falta de voluntad, de conciencia, de sensibilidad de muchos funcionarios. Hasta un 50 por ciento de esos problemas son consecuencia del desconocimiento, de la indiferencia, de la carencia de valores. ¿Es tan difícil que la gente te trate bien, que te escuche y trate de ayudar? Eso forma parte de mis insatisfacciones.

«Hay cuatro personas a las que siempre tendré que agradecer, y no son las únicas: Gabriel Molina, Enrique Mesa, Ricardo Sáenz y Juan Marrero. No es que me alababan, me enseñaron. Otros paradigmas para mí son Marta Rojas y Magali García Moré, cada una en su momento y con diferentes ángulos en su visión periodística.

«También tengo el concepto de que el fotógrafo no es el maletín que el periodista se engancha al hombro. Es preciso un trabajo conjunto.

«El asunto de las fuentes sigue dando lata: que si no dan información, que si el secretismo y el no sé qué…, y les digo a los nuevos que siempre ha sido así, pero a las fuentes hay que ganarlas con la calidad del trabajo y con inteligencia, y hay que tener la alternativa de varias para confrontar, saber que a veces es importante una cifra, otras un concepto, una valoración.

«Recibí la noticia del Premio acabada de llegar a casa de un ingreso. Me alegré mucho, sé que Arleen Rodríguez promovió mi candidatura y estoy consciente de que mis compañeros de Granma y de Juventud Rebelde están felices por mí.

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