Oclae: otro escalón de rebeldía continental

La insurgencia justiciera del estudiantado cubano se unió hace 50 años a la de sus hermanos regionales en un espacio muy simbólico de las luchas patrias: la Escalinata de la Universidad de La Habana

Autor:

Yuniel Labacena Romero

El 11 de agosto de 1966 un milagro simbólico hizo confluir en la Escalinata de la Universidad de La Habana muchos viejos y nuevos sueños, y a todos sus inspiradores. Era como si Julio Antonio Mella, José Antonio Echeverría y Fidel Castro se juntaran en ese sitio con todos los nombres de la libertad americana.

Ese día, en la clausura del IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes, nació la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (Oclae) que, como afirmaba su Declaración General, había tenido lugar «en Cuba, territorio libre de América, en momentos en que el enemigo de todos los pueblos del mundo, el imperialismo yanqui, adelanta provocaciones reiteradas para tratar de destruir a la Revolución Cubana y limitar la fuerza contagiosa de su ejemplo».

El acontecimiento ocurría ante el Alma Máter habanera, con la asistencia de miles de estudiantes universitarios y secundaristas, becarios, delegaciones extranjeras y el pueblo en general. El evento se ratificó como el Congreso de mayor nivel representativo de cuantos se habían desarrollado hasta esa fecha por el movimiento estudiantil de la región.

Las federaciones estudiantiles de Venezuela, Uruguay, Puerto Rico, República Dominicana y Panamá ocuparon puestos como miembros del Secretariado Permanente, para cuya sede se designó, y así ha sido hasta la actualidad, a La Habana. Las organizaciones del área depositaron en la Federación Estudiantil Universitaria de Cuba un liderazgo que se ha mantenido durante 50 años.

Humberto Hernández Reinosa, quien presidiera la organización entre 1967 y 1968, recuerda que entonces se vivían momentos de mucha tensión, no solo para el movimiento estudiantil, sino para nuestros países, por lo que había que agruparse para fortalecer la lucha.

«Coordinamos diversos encuentros, talleres y conferencias y fuimos explicando la oportunidad de la organización para desarrollar la solidaridad efectiva de los estudiantes en su lucha contra el fascismo, el imperialismo, la injusticia social, el colonialismo, el neocolonialismo, así como por el bienestar estudiantil y la enseñanza pública y gratuita», cuenta.

En su etapa de presidente de la Oclae los momentos de mayor tensión fueron aquellos 11 meses en que el joven puertorriqueño José Rafael Varona «Fefel» (hoy mártir de la Oclae) luchó por sobrevivir, tras un bombardeo en Vietnam en 1968, donde se encontraba en solidaridad con ese pueblo, que luchaba contra la agresión yanqui.

Humberto fue de los pocos cubanos que tuvo el privilegio de departir con aquel joven, que se convirtió en bandera de lucha para el estudiantado del continente. «Tengo grabada en mi memoria su visible emoción por la visita a Vietnam, porque siempre fue un muchacho de profundas convicciones. Tenía mucha admiración hacia Cuba. La noticia de su muerte nos impactó, aunque sabíamos que no rebasaba aquella gravísima herida. Fue muy difícil para mí informarles lo sucedido a sus familiares».

Luego de recordar que Fefel llegó a Cuba en 1966 como delegado de Puerto Rico, en representación de la Federación de Universitarios Pro-Independencia al IV Congreso de la Oclae, y que fue parte del Secretariado Permanente de la organización, asegura que ser presidente de la plataforma le aportó nuevas visiones de la lucha estudiantil, de la necesidad de vigorizar la unidad y la solidaridad de los jóvenes.

Hermandad estudiantil

Para Kenia Serrano Puig, presidenta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, su paso por la Oclae le valió para aprender a cimentar la hermandad estudiantil, entender la batalla por la reforma y democratización de la enseñanza en la región, comprender que la lucha por la independencia de Puerto Rico es tan nuestra como la preservación de nuestra independencia, y conocer tradiciones combativas de los pueblos contra la dominación imperialista.

A Kenia le tocó presidir la Oclae entre 1996 y 1998, cuando la oleada neoliberal lo invadía todo. «Era difícil entender realidades diferentes a la nuestra. Corrimos riesgos junto a las organizaciones. Por ejemplo, en Ecuador, cuando visitamos un movimiento estudiantil que estaba dividido y que casi llegaban a la confrontación, logramos disuadirlos de no agredirse. No solo nos dedicamos a declarar, también vibramos junto al movimiento estudiantil.

«En los 90 la repercusión de la caída del socialismo en Europa del Este en el movimiento estudiantil de la región era evidente. Además, vivíamos una arremetida contra los derechos elementales de los estudiantes. En la universidad de Asunción, Paraguay, la facultad de Comunicación, contraria a la privatización, fue cercada con alambre de púas para acorralar a los alumnos que allí se manifestaban. La universidad de San Marcos, en Lima, estaba tomada por una comisión militar que había designado el Gobierno de Fujimori en 1997.

«También existían tendencias que consideraban que no había razón para que la Oclae existiera, mientras otros opinaban que era necesario un movimiento fuerte, integral, diverso, pero unido en una plataforma común de trabajo. Aun con la creciente privatización de las universidades, jóvenes de esas escuelas deseaban la conexión con el movimiento estudiantil del continente. En esa situación la Oclae tuvo que abrirse paso».

En su etapa al frente de la plataforma se recordó el aniversario 30 del asesinato del Che con una caravana estudiantil que abarcó todo el continente, y que llegó hasta La Higuera la noche del 7 de octubre. «Con pocos recursos lográbamos grandes cosas. Se estableció allí el primer busto del Che en bronce, pues el Gobierno de Bolivia siempre había impedido que se quedaran allí objetos permanentes.

«También recuerdo los debates sobre la reforma universitaria iniciada en Córdoba en 1918 y que ya el Che había profundizado en las universidades cubanas. Queríamos una universidad nueva, que no fuera cerrada a las masas, que se abriera a los hijos del pueblo. Por ello defendimos la existencia de una educación pública, que fuera inclusiva para todos y también gratuita. Luchamos por una universidad antimperialista y con un pensamiento fértil, en un mundo que ya no era bipolar», concluyó Kenia.

No abandonar los principios

Suzanne Santiesteban Puerta, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), una de las dos organizaciones cubanas miembros de la Oclae, afirma que hoy la plataforma gremial avanza en sus maneras de hacer, de unir al continente y de ser consecuente con las ideas marcadas en la Reforma de Córdoba. «Ha mantenido el oportuno apoyo a las causas más justas de los pueblos y deberá seguir asumiendo el rol protagónico en la defensa de los derechos y libertades que han sido bandera de sus miembros.

«Este cumpleaños ha sido un buen momento para rearticular el movimiento estudiantil. En ello ocupa un rol primordial el movimiento secundarista que, debilitado, proyecta nuevos espacios para su fortalecimiento. Por eso respiramos aires renovados, porque esta familia se integra más para consolidar los objetivos por los que nuestro Fidel la creó».

«El contexto de hoy es de resurgimiento del modelo neoliberal. La respuesta tendrá que seguir siendo la movilización, con una mayor organización y participación. Será necesario consolidar el combate contra el enemigo común de nuestros pueblos: el imperialismo, y seguir contribuyendo a la integración de los países. La organización debe seguir denunciando problemas no resueltos en el resto del continente como la criminalización de la protesta social y la militarización de las escuelas, así como proyectándose en defensa de la educación, entendida esta como derecho humano universal y deber del Estado, como lo es en Cuba».

En este medio siglo la Oclae ha cumplido con sus propósitos fundacionales, pues en medio de derrumbes políticos y arremetidas derechistas bebió de su historia para encontrar nuevos caminos, como aseguró Kenia Serrano: «Lo hemos hecho porque hemos tenido a Fidel como inspiración, y porque él ha iluminado el camino por el que deben transitar el movimiento estudiantil y todos los sectores sociales para lograr esa sociedad mejor a la que aspiramos todos».

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