Apuntes sobre Fidel y el «ajuste» para los cubanos

Profundo y contundente siempre fue el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, como lo evidencian sus denuncias y análisis sobre las trágicas consecuencias de la Ley de Ajuste Cubano promovida por Washington

Autor:

Yisell Rodríguez Milán

De boca en boca y de titular en titular está todavía la noticia más importante con que el 2017 recibió a los cubanos dispersos por el planeta. Cuba y Estados Unidos firmaron un nuevo acuerdo migratorio y la victoria nos deja el sabor de aquello que por mucho tiempo se ansió y, ahora, finalmente, se consigue… aunque aún permanece la Ley de Ajuste.

Es el punto final para la política de «pies secos-pies mojados» y del Programa Parole para los profesionales de la salud cubana que, como manzana envenenada, sedujo a quienes perecieron en alta mar tratando de alcanzar el «american dream».

Un supuesto sueño que ha implicado la odisea de enfrentar el océano en balsas maltrechas y con tiburones acechantes, a mafias con «doctorados» en el contrabando de personas, los asaltos en grupos, las amenazas de muerte, las violaciones, los robos… todo porque ser cubano era la varita mágica para entrar a Estados Unidos con un tratamiento diferenciado.

El Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro, denunció permanentemente a los gobiernos estadounidenses por estimular a nuestros ciudadanos a la búsqueda de oportunidades en la tierra de Lincoln a través de una migración ilegal, desordenada e insegura.

A la luz de la Declaración del Gobierno Revolucionario y de la Declaración Conjunta de ambos gobiernos, JR recomienda a sus lectores un recorrido por algunos aspectos medulares abordados por Fidel.

Impacto en la sicología infantil y familiar

En 1999 Cuba estaba conmocionada. Una historia relacionada con la Ley de Ajuste Cubano había trascendido las anécdotas familiares para convertirse en interés supremo de la nación: Elián González Brotons, un niño de seis años, había sido encontrado aferrado a un neumático en las aguas de la Florida tras el naufragio de la débil embarcación en que su madre lo llevaba hacia Estados Unidos sin el consentimiento de su padre, quien permanecía en la Isla.

Secuestrado por contrarrevolucionarios apoyados por familiares lejanos del pequeño, su situación y la de su padre inquietaron al país que, con el Comandante en Jefe al frente, se lanzó a una campaña sin precedentes para exigir su regreso. Una de las entrevistas concedidas al respecto por Fidel, fue la realizada el 14 de diciembre de 1999 por la periodista Andrea Mitchell en la Escuela Latinoamericana de Medicina.

A través de ella, denunció los ejemplos dramáticos de las consecuencias del «ajuste cubano», cómo afectaba la sicología de los niños y las familias; y agregó: «Nos preguntarán: ¿Ustedes quieren que cese eso? A nosotros nos parecería lo más constructivo, porque si deciden que permanezca esa ley, entonces habría que pedir una ley de ajuste para todos los países latinoamericanos, ley de ajuste para mexicanos, centroamericanos y sudamericanos. No somos tan egoístas que queramos para nosotros solos esa ley», acentuó con sarcasmo.

Poco más de seis meses después del secuestro y tras una intensa actividad de solidaridad internacional, el Gobierno cubano logró el retorno del pequeño.

No se atreven a juzgar el tráfico de personas

El 4 de marzo de 2000, en Pabexpo, La Habana, durante la clausura del II Festival del Habano, Fidel aprovechó las preguntas de un periodista para denunciar la Ley de Ajuste Cubano, regulación norteamericana que cada vez cobraba más vidas.

En aquella entrevista con la ACN, Radio Rebelde y la Televisión Cubana, explicó cómo se había endurecido la legislación nacional para evitar las salidas ilegales pero, en contraposición, en Estados Unidos los jueces no se atrevían a aplicar ni los diez años estipulados en su legislación aunque el delito haya sido cometido en Miami, pues el financiamiento de las expediciones de contrabando, los barcos y los responsables de las violaciones vivían en esa comunidad.

Ocultamiento de información

El 27 de noviembre de 2001, durante un discurso en la Tribuna Antiimperialista José Martí, el entonces también Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba denunció cómo el Gobierno de Estados Unidos ocultaba información cada vez que morían personas en las operaciones de tráfico humano realizadas en lanchas rápidas procedentes y financiadas desde Florida.

Reveló, igualmente, los obstáculos de Estados Unidos a la emigración legal, entre ellos mencionó la politización del fenómeno migratorio, el robo de cerebros a través del proceso de selección para el otorgamiento de visas (lo que obligó a Cuba a establecer restricciones sobre el plazo para la salida de algunas categorías técnicas), la reducción al mínimo de los esfuerzos para interceptar naves en el mar, y la aceptación de cualquier tipo de personas en tierras estadounidenses, aun cuando hubieran sido descartadas en el proceso selectivo de la Sección de Intereses de EE. UU. en La Habana.

«No propondríamos una Ley de Ajuste para los demás países porque es una ley asesina, pero sí propondríamos el desarrollo del Tercer Mundo, si no se desea que su población excedente aplaste a las sociedades ricas, a costa de la abundante sangre de los emigrantes que tratarán de filtrarse por todas las vías. Propondríamos justicia para el mundo y un poco de luz para los políticos ciegos que hoy dirigen las más desarrolladas y ricas naciones de la Tierra. La Ley de Ajuste Cubano no solo constituye una ley asesina, sino también una ley terrorista, de un terrorismo de la peor especie, que mata conscientemente y sin el menor remordimiento a niños inocentes», dijo entonces.

Incentiva secuestros y el terrorismo

En el mes de marzo de 2003, durante una comparecencia especial en la Mesa Redonda con motivo del secuestro de un avión DC-3, el líder de la Revolución profundiza en los hechos asociados a este acto de terrorismo y en las maneras en que Estados Unidos trató de buscar fórmulas que sirvieran «como taparrabos a la vergonzosa tolerancia y los privilegios concedidos a los responsables de gravísimos crímenes, como el contrabando de inmigrantes y otros hechos similares».

Uno de los instantes emblemáticos de esa transmisión televisiva fue cuando expresó: «En ese país tan poderoso, que hace leyes todos los días, me pregunto cuántos legisladores norteamericanos estarían de acuerdo en que tales hechos quedaran impunes, o se opondrían a una ley que rectificara esos disparates de tantos años y que los condujeron a esta situación vergonzosa al cabo de 44 años de inútil y estéril intento de doblegar a Cuba. En manos de ellos estaría y no se opondría nadie en el mundo, ni en el propio Estados Unidos, con excepción de una minoría mafiosa y terrorista. (…) El otro punto esencial es poner fin de una vez y para siempre a la Ley asesina de Ajuste Cubano que tantas vidas ha costado».

Cambiaron emigrante por exiliado

En 2006, Fidel habló en Matanzas sobre la emigración ilegal, que cumplía entonces 40 años bajo el amparo de la Ley de Ajuste Cubano.

«Un maligno día, a fines de 1962, el Gobierno de Estados Unidos suprimió abruptamente los vuelos normales y las salidas legales del país. Cientos de miles de personas perdieron todo vínculo con familiares residentes en Estados Unidos, entre ellas padres que habían enviado sus hijos a Estados Unidos (…). Solo quedaron las salidas ilegales, estimuladas a la vez por todos los medios como parte de la sucia propaganda contra la Revolución y el socialismo. Esta política dio lugar a sucesivas crisis migratorias», narró el Comandante durante su discurso.

Y recordó como momentos tristes cuando en febrero de 1963 el Gobierno de Kennedy anunció que los cubanos llegados desde la Isla serían recibidos «como refugiados». La respuesta cubana fue, agrega, que el 28 de septiembre de 1965 se habilitó el puerto de Camarioca para que cualquier familia cubana residente en Estados Unidos, utilizando medios de transporte marítimos propios o contratados, pudiese recoger familiares que podrían emigrar mediante permiso previo de las autoridades cubanas.

Hizo referencia, además, a los acuerdos migratorios firmados por ambos países hasta ese momento e incumplidos por la parte estadounidense; las malas intenciones de la emisora subversiva Radio Martí encargada de incitar de forma abierta o velada a las salidas ilegales del país, y el apadrinamiento a los actos de secuestro por parte de las organizaciones terroristas anticubanas radicadas en Miami.

Fidel era un hombre de pueblo y cuando condenaba la Ley de Ajuste uno podía sentir que él pensaba, hablaba y actuaba por nosotros como si con su sensibilidad enorme comprendiera el hondo sentimiento de cada familia lacerada por la emigración ilegal.

De seguro no pocos cubanos este 12 de enero, cuando vieron en sus televisores la noticia del nuevo acuerdo con el que Cuba y los Estados Unidos dan un paso importante para el avance de sus relaciones migratorias con la eliminación de dos escollos (política de «pies secos-pies mojados» y Programa Parole), pensaron en Fidel y en la fuerza con que defendió la eliminación de una ley «made in USA» que todavía tendrá que ser derogada para que se puedan realmente alcanzar relaciones normales en el área migratoria entre ambas naciones y cuyo saldo —más que envidia de otros migrantes— ha dejado para la Historia de América muchos muertos y una herencia de inconsciencia política.

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