La última Reflexión de Fidel

El legado del Comandante, tanto intelectual como material, es gigante, por lo que resulta necesario hacer bien visible su pensamiento, sobre todo entre las nuevas generaciones

Autores:

Gisela García Rivero
Iván Gutiérrez Núñez

Entre los legados intelectuales más importantes de Fidel en los últimos años se destacan sus Reflexiones. Según el sitio oficial Reflexiones del Comandante en Jefe (disponible en www.cuba.cu), entre el 28 de marzo de 2007 y el 9 de octubre de 2016 Fidel escribió 484 textos denominados así, aunque en esa categoría también incluyó cartas a los líderes venezolanos Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el prólogo de un libro sobre Bolivia, mensajes y artículos. El año en que más produjo fue 2009, con 111 reflexiones.

Un texto obligado para entender el sentido de esos escritos es el que tituló Reflexión sobre las reflexiones, del 22 de junio de 2007, en el que explica que estos trabajos responden a un fuerte deseo de comunicarse con el protagonista principal de nuestra resistencia (el pueblo), a medida que observaba las torpes acciones del imperio, en ese entonces dirigido por el clan Bush.

En ese mismo artículo definió su estrategia: «Si son breves (las reflexiones), tienen la ventaja de que los ciento doce medios de prensa extranjeros acreditados en nuestro país que las reciben con antelación, publican partes importantes de su texto; si son extensas, me permiten profundizar lo que desee en determinados conceptos a mi juicio importantes para que nuestro pueblo, protagonista principal ante cualquier agresión, y otros países en circunstancias similares, dispongan de elementos de juicio».

En ese período se destacó también la serie de cinco partes que tituló El imperio y la isla independiente, de agosto de 2007, en la que analizó la historia de cómo Estados Unidos pretendió apoderarse de Cuba.

Otra de esas aleccionadoras reflexiones fue Regalo de reyes, del 14 de enero de 2008, en la que el líder cubano escribió a los revolucionarios más jóvenes, para recomendarles «exigencia máxima y disciplina férrea, sin ambición de poder, autosuficiencia ni vanaglorias». En estas líneas le habló a la juventud como un padre para aconsejarle no solo sed de saber, constancia, ejercicios físicos y mentales, sino para alertarla sobre las raíces corroídas del capitalismo, de las que solo brotan «las peores formas de individualismo, corrupción y desigualdad». También le advirtió los peligros del burocratismo.

Consideró que mientras no se tomara conciencia de esas realidades, ningún esfuerzo podría realizarse para impedir a tiempo, como señalara el Apóstol, que el imperio al que le conoció sus entrañas, «destroce los destinos de la humanidad». Y finalizaba con un consejo para todos los tiempos después de atribuirles la mayor importancia a quienes trabajan con sus manos y su inteligencia: «Ser dialécticos y creadores. No hay otra alternativa posible».

Cuando el Comandante en Jefe partió a la eternidad el 25 de noviembre de 2016, hacía solo 47 días que había publicado un artículo que tituló El destino incierto de la especie humana, en el que nos hablaba de cosmología y religión y en el que también se refirió al proceso electoral que entonces se desarrollaba en EE. UU.

Aunque oficialmente ese fue su último escrito, las masivas y espontáneas muestras de cariño y tristeza de nuestro pueblo ante su partida, las intervenciones de destacados líderes y personalidades mundiales y las del General de Ejército, nos han hecho meditar a muchos sobre el presente y el futuro de Cuba. Asimismo, varias de las tesis que Fidel defendió o analizó en sus textos saltaron a la vista en esos momentos de sentido tributo. Es como si con su muerte física el Comandante también nos invitara a ser parte de lo que bien pudiera llamarse su última y más profunda Reflexión.

Una de las ideas que con más fuerza Fidel le mostró al mundo por esos días es que la Revolución y sus líderes históricos siguen contando con el respaldo y la confianza de la mayoría del pueblo, después de 58 años. Las imágenes transmitidas por la televisión y que importantes cadenas internacionales no pudieron ocultar, demostraron que el proceso revolucionario continúa.

Todo lo contrario a lo que pudieron pensar o deseaban los enemigos de Cuba, la reacción popular ante la muerte de Fidel constituyó una especie de reivindicación o reimpulso a la Revolución. En tiempos de referéndums, el tributo al Comandante fue un Sí de apoyo popular a favor de continuar perfeccionando la obra revolucionaria. Además, se ratificó el líder cubano como un importante factor de unidad entre los diferentes sectores populares de nuestra sociedad. La movilización espontánea de la población para ocupar todos los espacios posibles por donde pasó el cortejo fúnebre demostró también que sigue siendo el sentimiento de amor que el Che Guevara señaló, lo que inspira y funda una verdadera revolución.

Otra poderosa reflexión pareció dejarnos con su adiós el Comandante. En los últimos días resultaron muy evidentes la admiración y el respeto que genera Fidel en nuestra niñez y juventud. Es precisamente esta última la llamada a revolucionar su tiempo con su espíritu, carácter y convicción. Fueron los jóvenes los protagonistas de los actos de homenaje. La frase Yo soy Fidel simbolizó en sí misma la necesaria y siempre invocada continuidad.

En las jornadas de duelo nacional los más altos valores de patriotismo y unidad (cultivados por Fidel y ratificados en cada Reflexión) se han evidenciado de manera categórica, lo que deja claro que el proceso cubano cuenta con un inmenso potencial revolucionario en las bases, en cada barrio y en numerosas familias. Sin ese sedimento la obra conquistada no pudiera perpetuarse. Resurgió un compromiso fidelista, que se traduce en la actualidad en el saberse revolucionarios, comunistas, socialistas, antimperialistas, internacionalistas, solidarios...

Las emociones y muestras de cariño de muchos amigos del mundo entero nos demuestran la dimensión universal del pensamiento fidelista. Es innegable que la Revolución Cubana y su líder histórico congregan la admiración y el respeto de seguidores y adversarios, aun cuando las banderas de las reivindicaciones sociales atraviesan un período difícil, especialmente en América Latina.

El legado de Fidel, tanto intelectual como material, es gigante, por lo que resulta necesario hacer bien visible su vertiente intelectual, sobre todo entre las nuevas generaciones. En este punto podría ayudar la búsqueda de alternativas para hacer más accesibles sus discursos, reflexiones, libros, videos y fotos, que son patrimonio del pueblo cubano y del mundo entero.

Otro mensaje que nos deja el Comandante es que a pesar de que EE. UU. cuenta con el más poderoso aparato de propaganda del mundo, el imperialismo no pudo, no puede y no podrá destruir a la Revolución y el legado de su máximo creador. Eso es resultado de la moral de Fidel (respetada siempre hasta por sus enemigos) y también tiene que ver con la alta cultura política con que cuenta el pueblo cubano, que también es parte de su obra.

Fidel entendió, casi desde que se inició en la vida revolucionaria, lo que luego sintetizó en la reflexión El Imperio y la isla independiente: «La historia de Cuba en los últimos 140 años es la de la lucha por preservar la identidad e independencia nacionales, y la historia de la evolución del imperio de EE. UU., su constante pretensión de apropiarse de Cuba y los horrendos métodos que hoy utiliza para mantener el dominio del mundo». Tocará al Gobierno y pueblo cubanos, sin Fidel físicamente, pero con él en las mentes y los corazones, remitirse siempre a sus Reflexiones. Sirva este artículo como una invitación a releerlas y estudiarlas, que es una manera de no dejar morir las ideas del Comandante.

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