Continuidad de sueños en el Centro Martin Luther King

Una institución donde ha regresado muchas veces Frei Betto para soñar nuevos caminos emancipadores en el continente

Autor:

Yunet López Ricardo

«¿Tú cuando niño tenías la costumbre de orar?», preguntó hace ya más de diez años Frei Betto al Comandante en Jefe, y la respuesta luego la escribiría en su libro Fidel y la religión. Así contaba el fraile en 2007 en el Centro Memorial Martin Luther King Jr. (Cmmlk), un lugar al que ha regresado muchas veces Frei Betto para soñar nuevos caminos emancipadores en el continente.

Hoy, cuando el Centro cumple tres décadas de fundado, volvió a la Isla el también periodista brasileño para sentir otra vez el trabajo comunitario que aquí se realiza desde que en 1987, por iniciativa de la Iglesia Bautista Ebenezer, de Marianao, y los pastores Raúl Suárez y Clara Rodés, surgiera el Cmmlk en el barrio habanero de Pogolotti, donde desde entonces ni sus calles ni su gente han sido los mismos.

Comenzaron los proyectos que llevaron luz a la comunidad. El Centro ha formado educadores populares en toda Cuba y ha acompañado las luchas de los movimientos sociales y procesos de integración popular en América Latina y el Caribe.

Desde sus inicios la institución ha tejido notables lazos entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos, aun en momentos en que no se soñaba con una normalización de relaciones, y ha apostado siempre por la solidaridad y la participación social.

En el cumpleaños 30, exposiciones fotográficas, actividades en la barriada fundacional, con un concierto allí del cantautor Tony Ávila, y una gala en el Teatro Nacional con la limpia guitarra del trovador Silvio Rodríguez, son algunos de los festejos que por estos días han tenido lugar.

Para estar más cerca de su amigo Fidel, hasta el cementerio de Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, llegará Frei Betto.

Tal vez allí recuerde las tantas horas que lo escuchó hablar sobre religión, o aquel día cuando, en el Centro Martin Luther King, el mismo Frei afirmó que preguntarle al líder sobre la religiosidad de su madre o su formación religiosa no le disgustó, pues el Comandante hablaría «desde su vida y no desde sus conceptos».

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