El clima está sonando (I parte)

Los especialistas lo aseguran: Ciego de Ávila tiene «algo» que acentuó en sus tierras la sequía sufrida por el país

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.— «¡Agua, que va pa’l cielo!», reza el estribillo de una canción popular; pero con tanta sequía en el país, con tantas incertidumbres con la lluvia, el orden de las acciones se invierte para preguntar: «Caballeros, ¿cuándo el agua vendrá a la tierra?».

Esa es la pregunta en Ciego de Ávila. La actual sequía en la provincia es la más intensa y larga en su historia, y junto con las estadísticas, así lo afirman los ancianos de 80 años. A la hora de hablar de seca, ellos no recuerdan un evento como este, con tres años de duración y que ha colocado en punto crítico al manto freático, la principal reserva de agua del territorio, con capacidad para más de 800 millones de metros cúbicos.

Hoy en todos los municipios de Cuba existen afectaciones por la sequía y los territorios con mayor incidencia son, además de Ciego de Ávila, Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Las Tunas y Sancti Spíritus.

Quizá, como nunca antes, los avileños han deseado un ciclón o una hondonada. Algo que dé lluvia. Y ahí aparecen las otras preguntas: ¿Por qué no llegan los ciclones? ¿Existe alguna relación entre la sequía y la ausencia de los huracanes? ¿Posee esta tierra «algo» que aleja los vientos y los nublados; y que, al mismo tiempo, fija esta cuaresma que ya dura demasiado tiempo?

Los ciclones toman otra ruta

«Sí, hay relación —asegura el máster Oscar Benedico Rodríguez, director del Centro Meteorológico Provincial—. Existe un vínculo entre la sequía y las particularidades meteorológicas de la provincia, y que influyen en el déficit de lluvias de los últimos años».

El especialista explica que los mayores aguaceros en Ciego de Ávila siempre se han asociado con hondonadas o ciclones. Y ahí los datos se deprimen. Los huracanes no llegan y los que pasaron más cerca y dejaron lluvias fueron el Ike, en 2008, y el Sandy en 2012.

«Los huracanes no se aproximan por varias razones —explica Benedico—. Esos organismos necesitan aguas marinas profundas y con temperaturas altas, lo que origina una fuente importante de energía para ellos. Esas condiciones no se dan en Ciego de Ávila. Aquí las aguas pueden ser calientes en el verano, pero son poco profundas y por ese motivo los ciclones no son atraídos hacia esta zona: no tienen bastante «alimento» para mantenerse.

«Otras causas están en la geografía. En sus dos costas, Ciego de Ávila se encuentra rodeada de cayerías: al norte Jardines del Rey y al sur Jardines de la Reina. Nosotros llamamos a esos cayos los escudos de los reyes. Ellos son una defensa natural: frenan los vientos, rompen su energía y al combinarse con las características de sus aguas influyen para que un ciclón se desvíe, en dependencia de su categoría.

«Tampoco se puede olvidar que la provincia es muy llana y las elevaciones existentes son pocas y bajas. Ese relieve no propicia un forzamiento físico, que ayude al levantamiento o desarrollo de nubes de tormenta. Estas pueden pasar sin muchos problemas sobre nosotros sin liberar las lluvias. Aunque repito, todo eso ayuda; pero no excluye que seamos afectados por los ciclones».

Dedos cruzados

Silvia Hernández Hernández, especialista en el manejo de los recursos hídricos en la Dirección Provincial de Recursos Hidráulicos, aporta datos para conocer cómo se han comportado las lluvias y sequías desde 1989 hasta ahora.

La década de 1980 cerró con un diluvio ocurrido entre el 31 de mayo y el 1ro. de junio de 1988, que precipitó más de 1 268 milímetros de agua: todo un sueño para estos días de «abstinencia». Esa cantidad implantó récord a lo Usain Bolt, pues superó las marcas históricas de la provincia, incluso las de un pluviómetro ubicado desde 1909 en la localidad de Ceballos.

Dice la especialista: «Los momentos más significativos de lluvias por debajo de la media histórica fueron 1989-1990, 1992-1994, 1997, 2000 y 2004, que fue el más seco en los últimos 28 años. En ese año las precipitaciones se comportaron un 60 por ciento por debajo de la media, que es de 930 milímetros».

Solo que en 2005 San Pedro abrió la llave y espantó la sequía. El examen de los registros y gráficos indica la existencia de ciclos. En estas casi tres décadas, los períodos lluviosos han sido de tres años, seguidos de igual cantidad de tiempo de seca, lo cuales les dieron paso a tres años de lluvia hasta llegar al actual período con una sequía prolongada, que ha sido de seca a muy seca desde 2014 hasta 2016.

En 2017 los dedos están cruzados. Al momento de redactar estas líneas, los embalses mantenían su tendencia al descenso y se encontraban por debajo del 15 por ciento de llenado. El manto freático acoge unos 170 millones de metros cúbicos, el 21 por ciento de su capacidad. Y todavía quedan unas cuantas semanas para la segunda quincena de mayo, fecha en la que, ojalá, deben llegar las lluvias.

¡Qué clase de Niño!

«Lloverá —dice Benedico—, pero los modelos indican un posible comportamiento por debajo de lo que se necesita, al menos en los primeros meses del período húmedo. En la segunda mitad de esa etapa, entre agosto y noviembre, sí es probable la ocurrencia de precipitaciones interesantes».

Para el meteorólogo, esta seca es resultado del cambio climático, que ha acortado los períodos de llegada de las sequías, a lo cual se añade una mayor ocurrencia del evento ENOS (El Niño-Oscilación del Sur).

«La causa principal de la ausencia de lluvias en la provincia ha sido El Niño —asegura— y de que esta sequía vaya por tres años. Con la presencia de ese fenómeno, los ciclones han disminuido en el área del Caribe. Si eso se combina con las particularidades geográficas y meteorológicas de Ciego de Ávila, entonces existen elementos que relacionan seca con ausencia de tormentas tropicales».

El ENOS es un evento a escala interplanetaria que altera la ubicación de los sistemas meteorológicos. Este apareció en la temporada ciclónica de 2015 y los huracanes disminuyeron. En 2016 el fenómeno se despidió; en el Atlántico se vieron elementos para la activación de ciclones y en la ansiedad cualquiera pensó en alivio. Y no fue así.

«El Niño —explica el especialista— provocó que el anticiclón de las Azores-Bermudas se acercara al territorio avileño y al acentuar su influencia limitó la actividad ciclónica y de lluvias. La trayectoria y zonas de recurva de esos organismos cambió y su centro se alejó de Ciego de Ávila».

Para 2017 se prevé una nueva visita de ese evento, que de pequeñín solo tiene el nombre. Su resurgimiento, sin embargo, se espera a finales de la temporada ciclónica, lo que hace pensar en un período lluvioso en torno a la norma. «Ese es un modelo. Hay un segundo que recoge que el Niño puede aparecer en medio del período lluvioso e inhibir las precipitaciones.

«A finales de este año debemos salir de la sequía meteorológica y agrícola», pronostica Benedico, aunque la felicidad no es completa cuando dice: «No será así con la hidrológica. La tensión en las reservas hídricas se mantendrá, al menos que pase un ciclón tropical lluvioso y es posible que esa situación se dé.

«Para nuestra situación, una depresión o una tormenta tropical sería algo bueno. Un huracán, en cambio, se convertiría en un dolor de cabeza: traería destrozos y no aportaría toda la lluvia necesaria para la provincia. Pero eso ya es más difícil de pronosticar. Habría que esperar más adelante y estudiar el comportamiento del clima. Aunque lo más importante es lograr un uso racional del agua. Las sequías se harán más reiterativas y hay que prepararse. El clima lo dice y hay que hacerle caso».

La sequía no acaba

En abril llovió, y bien. Las precipitaciones superaron en 51 por ciento la media histórica nacional para el mes, y en Oriente cayeron con ganas, pero solo es una comparación: abril no trae tanta agua, más en estos tiempos, cuando se necesita que sobrevenga muchísimo desde las nubes.

Hasta el pasado 8 de mayo las presas estaban al 37 por ciento de una capacidad de llenado, que supera en el país los 9 000 millones de metros cúbicos de agua, se supo la víspera, durante la reunión mensual que habitualmente sostienen con la prensa directivos del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos.

Abril fue bueno y mayo empezó bastante bien, pero «nada está escrito», así que más vale precaver (ahorrar). «Caminamos» el tercer año de la presente sequía. Ha sido tiempo malo, duro para la vida doméstica y la economía. Si no ha sido peor se debe a las cuantiosas inversiones y previsiones adoptadas por las autoridades durante la última década. Hoy mismo, revisando la publicación Gastos de inversión para la protección del medio ambiente. Cuba 2016. Edición Mayo 2017, de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (en www.onei.cu), comprobamos que la Gestión de las aguas resaltaba como la actividad ambiental más dinámica del país.

Para el año que transcurre el proceso inversionista en el área de recursos hidráulicos anda por los 450 millones de pesos, si a eso agregamos lo invertido en los últimos seis años, de 2012 acá, estamos hablando de una inversión de casi 2 000 millones de pesos en los procesos para la gestión del agua. (René Tamayo León)

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