Lo que cuesta jugar (I)

Para no pocas familias y sus hijos, la compra de juguetes es más una evocación nostálgica que una posibilidad concreta, ante el déficit y el encarecimiento de esos artículos que ahora se expenden principalmente en las tiendas en divisas

Autor:

Yuniel Labacena Romero

«Como hoy también es el Día de los Niños quisiera plantear una preocupación, no solo mía sino de varios niños, y es sobre el precio de los juguetes. Pienso que a todos los niños nos gusta tener una bicicleta, una muñeca que llore, un peluche grande, un carro donde montarnos… Estos artículos que menciono no se pueden comprar sin que nuestros padres tengan que hacer un análisis muy grande de su dinero o ahorrar por varios meses».

Así se expresaba, durante la última Asamblea Nacional Pioneril, Laura Castelló Caballeros, estudiante de la escuela primaria Pepito Mendoza, de Camagüey. A seguidas añadió: «Cuando conseguimos tener algunos de esos juguetes, casi no podemos jugar con ellos, pues hay que cuidarlos para que no se rompan».

Esta última ocurrencia de la pequeña provocó que las risas estallaran en el Palacio de Convenciones de La Habana, donde se desarrollaba la cita. Al ver la reacción, Laura pidió permiso para dar más argumentos: «Pienso que, por ejemplo, mi mamá es profesora de una universidad, y mi papá cirujano pediátrico, ganan salarios altos y, sin embargo, no pueden ir a una tienda a adquirir un carro de juguete de esos lindos, grandes, bellos, con muchos colores… que hay en todas las tiendas cuando entras,  para mi hermano.

«Yo tengo 12 años de edad y entiendo que mis padres no pueden comprar eso, pero mi hermanito, que nada más tiene tres, no lo comprende, pues hay juguetes que cuestan tanto que un niño de primer grado no puede alcanzar a leer esas cifras. Si algún día mi hermano tiene ese carro, me parece que él, muy destructor, en unos meses lo romperá. Deben bajar los precios de estos productos, porque no son de tan buena calidad y tampoco debe costar tanto fabricarlos».

La pionera dejaba sus planteamientos «como una preocupación de todos los niños, y con la esperanza de que esto cambie antes de que mi hermano deje de serlo».

Singular bombardeo

Muchos todavía recuerdan el gesto de Fidel, al triunfar la Revolución, cuando una de las primeras iniciativas que se propuso fue «bombardear» la Sierra Maestra con juguetes. El mismo joven líder rebelde se subió a una avioneta y lanzó juguetes a niños que vivían en esos sitios y jamás habían tenido uno. Eran bultos grandes con muñecas, camioncitos, avioncitos. Fue un Día de Reyes, y la idea también había nacido de la heroína Celia Sánchez, no solo para darles juguetes a los niños, sino también para que perdieran el miedo, porque muchos lo tenían cuando sentían un avión.

Más de dos generaciones de cubanos también recuerdan los cupones del «básico», «no básico» y el «dirigido», aquellos juguetes que llegaban al menos una vez al año y opción que, tras su desaparición, cedió paso a una decisión controvertida: la venta de juguetes en las tiendas en divisas.

Tampoco puede ignorarse que antes de la caída del socialismo en la URSS y Europa del Este, la industria cubana contaba con fábricas como Juguemil, donde se confeccionaron las entonces afamadas muñecas Lilí que, según los más viejos, gozaron de reconocida calidad y gustaban mucho a las niñas e, incluso, llegaron a exportarse.

Durante décadas, a la producción nacional de estos artículos —que ya hoy no existe— se añadieron grandes cantidades y variedades de artículos provenientes de la URSS, la RDA y China, así como parte de las materias primas y la tecnología para esta actividad. Aquella incipiente industria del juguete desapareció con el llamado período especial, y Cuba depende hoy de las importaciones, más allá de algunas variantes artesanales de muy dudosa calidad.

La verdad es que la industria para la elaboración de esos productos no parece tener proyectos de reanimación ni a corto ni a mediano plazos, y los juguetes que se importan y comercializan en pesos convertibles muchas veces no llegan a complacer, ya no solo las posibilidades del bolsillo de los padres, tampoco el gusto infantil o su necesaria función educativa.

«Salir a buscar un juguete para regalar a mis hijos el día de su cumpleaños, o cuando terminan un curso escolar, se ha convertido en una odisea», refirió Maira Pérez a la entrada del departamento de juguetes de la capitalina tienda Carlos III.

Tienda Carlos Tercero. Foto: Abel Rojas Barallobre

Tienda Carlos Tercero. Foto: Abel Rojas Barallobre

«En moneda nacional solo hallas lo que fabrican o venden los trabajadores por cuenta propia y cuando llegas aquí, no es que no haya variedad, por lo menos ahora en este minuto, pero los precios están por las nubes, y muchas veces los juguetes ni tienen calidad».

En la juguetería Mundo Mágico, de la tienda 5ta. y 42, en el municipio capitalino de Playa, Indira Porro coincidió con esas preocupaciones y aseguró que hay que rebuscar bien en los estantes para encontrar un juguete que cueste menos de diez CUC.

Juguetería 5 y 42, Miramar 3. Foto: Abel Rojas Barallobre

Juguetería 5 y 42, Miramar 3. Foto: Abel Rojas Barallobre

Junto a su esposo repasaba desanimada los anaqueles en busca de algo asequible a sus bolsillos y que también guste a su pequeño Pedro. «Él quiere una bicicleta, pero imaginas: una mediana ronda los 130 CUC...».

«Recuerdo que antes, en las tiendas en moneda nacional, se podían encontrar pistolas, escopetas, cerbatanas, muñecas…», manifestó Josefa Núñez, quien recorría el departamento de juguetes de Galerías Paseo, intentando complacer a su nieto. «Hoy no tenemos fábricas de juguetes ni forma de garantizárselos a nuestros niños a precios justos. La juguetería nacional debemos rescatarla».

Varios dependientes de las jugueterías como Paula Cerante González, de Carlos III, confirmaron que existe mucha escasez de estos artículos. «Aquí mismo no tenemos juguetes de control remoto, muñecas con coches, juegos de arco y flecha, espadas, muñecas que bailan, cantan o hablan, que por la alta demanda entre la población los llamamos juguetes estrellas. Aquí entran muy pocos juguetes, y en su mayoría son muy caros.

Tienda Carlos Tercero. Foto: Abel Rojas Barallobre

«Hay muñecos que no tienen nada llamativo y son carísimos. Aquí hubo hace años, por ejemplo, un pelotero inmenso, y hace tres o cuatro años que no entra ni una pelota. Con esta situación puedes imaginar la reacción de la población cuando llega a la tienda y no encuentra lo que quiere, y uno no sabe qué explicarle», afirmó.

Indagación dentro del «juego»

Las insatisfacciones no se quedan entre los clientes y los dependientes. Resultó muy reveladora una visita de control y fiscalización al estado de la producción, distribución y comercialización de juguetes en el país, realizada el pasado año por la Comisión de Atención a la Niñez, la Juventud y la Igualdad de Derechos de la Mujer de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Esa indagación contactó con 750 personas, entre padres, niños, directivos, trabajadores de tiendas en divisas y del sector no estatal, promotores del programa Educa a tu hijo, delegados, presidentes de consejos populares y pobladores, en 28 municipios de las provincias de Guantánamo, Granma, Holguín, Santiago de Cuba y La Habana.

El estudio permitió constatar que el acceso de los niños a los juguetes resulta insuficiente. Los entrevistados manifestaron su preocupación acerca de los precios tan elevados de los juguetes que se venden en las tiendas en divisas, lo cual se contradice con ofertas muy pobres en variedad y calidad. Existen lugares donde no llega este tipo de surtidos y tampoco se cuenta con departamentos exclusivos para su venta.

Otra preocupación surgida en la pesquisa es que los juguetes tradicionales que se ofertan, como las muñecas y carros, entre lo más buscado por los infantes, se distancian de nuestra identidad. La ausencia de estos  impacta en la desaparición de los llamados juegos de roles, como el de las casitas.

Los incluidos en la indagación referían que, años atrás, los juegos de vaquero o pelota, las muñecas, los yaquis, las bolas, los palitos chinos, los rompecabezas, trenes y carros de pilas, las bicicletas, entre otros, tenían mucho atractivo y aceptación por los pequeños. Apuntaron que aunque las industrias locales producen juguetes, algunos muy demandados, como los osos de peluche, en determinados territorios son insuficientes y su terminación es cuestionada, pues exhiben colores y diseños poco atractivos.

En la investigación se reconoció que los precios de los juguetes que expenden los trabajadores por cuenta propia son más económicos, sin embargo, un número importante de padres y familiares explicaron sentir temor al adquirirlos, pues desconocen el origen de los materiales que se emplean para su confección. Esto último fue reconocido hasta por los propios cuentapropistas, quienes añadieron que no se les facilitan materias primas.

Red fuera de cobertura

«Solo tenemos normalizada la comercialización de juguetes en el programa de la canastilla. Ahí está contemplado un juguete plástico o de goma, en dependencia de lo que podamos adquirir. Este se vende dentro del módulo de perfumería».

Lo anterior lo  aseguró Yosvany Pupo Otero, director de Ventas Minoristas del Ministerio del Comercio Interior (Mincin), quien añadió que «para ese artículo existe aseguramiento y está financiado por el presupuesto del Estado, pero se trata de un juguete en un módulo, no de un producto que se oferta de forma independiente como ocurría años atrás. Fuera de eso no hay otra entrega en moneda nacional que asuma el Estado.

«La venta en CUP la hubo hasta el año 2008, cuando se importaban productos desde China. Entre esos, por ejemplo, estaban los yaquis, las muñecas, los carritos. Hasta el Inder nos abastecía de pelotas de básquet y voleibol. Luego, ante el agravamiento de la situación financiera del país, se decidió que solo las cadenas en divisas se dedicaran a este tipo de ventas, y que nosotros nos centráramos en otros programas priorizados como las ropas recicladas, las piezas de bicicleta, los ajuares y el de ahorro energético».

Actualmente la mayoría de los juguetes comercializados en el mundo son producidos en China. Entidades minoristas nuestras como TRD y Cimex, a tono con esta tendencia, surten sus jugueterías con artículos provenientes de la nación asiática. En un encuentro de este diario con sus directivos, estos coincidían en que la distribución de los juguetes está conformada por varios agentes: fabricantes, importadores, suministradores y distribuidores, quienes tienen obligaciones de garantizar la calidad y seguridad de los ofertados en el mercado.

Ambas comercializadoras aludieron que ofertan mayor cantidad de juguetes en el verano y los fines de año, y que basan sus importaciones en productos que no estimulen la violencia, el amor al dinero, las diferencias raciales y que no representen la sociedad de consumo. Expusieron que sus compras en el exterior cumplen con la Norma Cubana de Seguridad, que está actualizada según los estándares internacionales. Más de 300 tipos de juguetes son evaluados cada año para entrar al país.

Julio Vázquez Martínez, director de Ventas de Cimex, explicó que su Grupo Empresarial destina el 40 por ciento de su plan de importaciones a alimentos, aseo, perfumería y electrónica, así como a varios programas priorizados, como es el caso de los equipos de cocción y sus menajes, el desarrollo de la televisión digital y la construcción de viviendas.

No especificó los montos que se destinan a la compra de juguetes, pero aclaró que aunque los mencionados son los productos de importación priorizados, se compra una variedad de juguetes como inflables, peluches y bicicletas, entre otros. «Antes se realizaba desde mercados cercanos y mediante compras a terceros, y no en China, lo cual encarecía el precio de venta del producto.

«Hoy Cimex no apuesta por los llamados juguetes de Todo por un precio, especialmente los de un CUC, por su baja calidad. Está dirigiendo las compras a artículos de más variedad y durabilidad, aunque cuesten un poco más, así como trata de concentrar la venta de juguetes en tiendas o departamentos especializados para garantizar un mayor surtido», detalló.

«Las exigencias para la compra de juguetes son mayores cada día, porque el carácter educativo debe conciliarse con las novedades del mercado y la tecnología», apuntó la especialista de Compra-venta de Comercio Interior de TRD Margarita Morales Fernández,  quien añadió que su cadena tenía un plan de importación bien planificado, de acuerdo con las realidades del país, y que a partir del 2014 aumentaron las ventas, que se han mantenido estables.

También de TRD, tanto Karyna Fernández Ferrer, directora adjunta de Compras, como María Eloísa Cabrera, jefa del Grupo de Clientes y Comunicación, detallaron que los controles para importar los juguetes son muy rigurosos. «Es muy importante ver si el producto puede ocasionar inflamabilidad, toxicidad u otros peligros. Estos trámites, que también deben realizarse en el lugar de origen de los artículos, en ocasiones pueden encarecerlos sensiblemente. En este sentido, dentro de toda la gama de productos de importación, los juguetes quizá son los que más requerimientos tienen que cumplir».

Cuestionados sobre por qué son tan costosos los juguetes en el país, estos funcionarios de las redes comercializadoras adujeron que como política sus cadenas no fijan los índices máximos de precios que establece el Ministerio de Finanzas y Precios. Arguyeron que, incluso, están muy por debajo de los márgenes comerciales. ¿Entonces dónde está el problema?

Interrogado por Juventud Rebelde sobre el tema analizado, el Grupo Empresarial de la Industria Ligera, perteneciente al Ministerio de Industrias (Mindus), nos envió un mensaje donde nos explicaban que, «como grupo no existen en el plantel actual de la Industria Ligera tecnologías para la producción de juguetes, ni proyección para inversiones asociadas con estas producciones a corto plazo».

Seguidamente planteaban que las respuestas al cuestionario de este diario debían darse por el Mindus, pues excedían sus competencias. Pese a nuestra insistencia, no fue posible encontrarlas.

No obstante, en una Mesa Redonda dedicada a la reorganización de la industria cubana y al papel del Mindus transmitida en octubre de 2013, las funcionarias representantes de ese organismo explicaron en relación con la industria del juguete que se evaluará, pero ni a un corto ni mediano plazos, se reanimará esta línea fabril.

¿Política para los juguetes?

«Creo que el juguete no es aprovechado todavía en toda su dimensión. Se ve con mucha ingenuidad, es decir, como algo solo para entretener», lamentó Irene Rivera Ferreiro, viceministra de Educación, quien a la vez llamó a recordar cuando Martí dijo que desde los juguetes del niño se elaboran los pueblos. «El juguete representa la cultura del país, tiene un sentido hacia el futuro. Es muy importante saber qué juguetes les brindamos a nuestros niños. Muchas personas aún no lo comprenden y a veces son los propios padres quienes ignoran su valor instructivo».

Recordó que en el caso de las escuelas cubanas se otorgó a los rasgos educativos del juego una primacía que redundó en no pocas iniciativas. «En nuestros centros estos productos han pasado por las mismas limitaciones que ha tenido el país para su producción. Se ha ido compensando primero con la elaboración de los propios docentes, y ahora nosotros estamos haciendo para los círculos infantiles una compra de módulos de juguetes. Hay que tener en cuenta que no son los mismos para todas las edades, y para ello existe un texto de cómo se usan los juguetes en cada centro.

«El juguete en estas edades es como el laboratorio de Física o Biología para los estudiantes de secundaria y preuniversitario; es un espacio de aprendizaje, solo que se aprende de forma diferente», apuntó la Viceministra, quien consideró que cuando se ha ido a comprar al mercado mundial, no siempre se ha sido totalmente selectivo, ni se cuenta con toda la preparación para saber qué cosa beneficia a un niño y qué cosa no».

Los juguetes siempre han desempeñado un papel importante en la vida de los niños. Para la Doctora en Ciencias Pedagógicas Keyla Estévez García, investigadora del Centro de Estudios sobre Juventud, «a pesar de que hoy en día parecen ser diferentes a los de antaño, su fin siempre ha sido el mismo: llevar alegría y placer, y crear oportunidades para incrementar el aprendizaje y el desarrollo.

«Los juguetes añaden magia y emoción al aprendizaje sobre la vida, el funcionamiento de las cosas y cómo llevarse bien con los demás. Saber escoger los juguetes que fomenten el juego sano amplía el desarrollo cognoscitivo, físico y social del niño. Los juguetes que fomentan la creatividad y la imaginación en los niños, por lo general son los que se utilizan una y otra vez», apuntó la también coordinadora de la Sección Juego y Sociedad, de la Asociación de Pedagogos de Cuba.

«A mi entender en Cuba debemos de intencionar tanto para la familia, como para la escuela y hasta para los propios niños, una preparación en relación con el uso que hacemos de los juguetes, su importancia, los momentos y el para qué. A la familia debemos educarla en la compra; no se trata del juguete más caro o el más grande; no solo por el poder adquisitivo de cada familia, y las diferencias que de por sí se crean lo mismo en el barrio como en la escuela, sino también por el uso adecuado que se le pueda dar.

«La industria cubana está deprimida, pero quienes se encargan de comprar en el exterior deben velar más por los códigos que se transmiten, las ideas que se proponen deben parecerse a las condiciones nuestras. Se deben hacer esfuerzos por dotar a nuestras escuelas y círculos infantiles de los juguetes que se necesitan para cada actividad, tanto docente como para la recreación de las niñas y niños. En el mercado informal se puede adquirir cualquier tipo de juguete y a cualquier precio, producido de cualquier manera.

«Por los avatares de la vida perdimos lo que antaño fue la venta de juguetes en el mes de julio; fecha en que celebrábamos el Día a los Niños y premiábamos a los más pequeños por el término del curso escolar. Ha reaparecido desde hace varios años en el país la celebración del Día de los Reyes, el 6 de enero. No estoy en contra, pero se debería pensar en estrategias más inclusivas, que no significa retomar exactamente la vieja experiencia: no necesariamente hay que vender tres juguetes por un bombo y a precios “regalados”; pero sí debemos, por lo menos, incentivar que la familia retome la práctica de un regalo de niños y para niños. Hay que seguir pensando en nuevas alternativas».

Tienda Carlos Tercero. Foto: Abel Rojas Barallobre

Tienda Carlos Tercero. Foto: Abel Rojas Barallobre

Tienda Carlos Tercero. Foto: Abel Rojas Barallobre

Tienda Carlos Tercero. Foto: Abel Rojas Barallobre

Tienda Carlos Tercero. Foto: Abel Rojas Barallobre

Juguetería 5 y 42, Miramar 3. Foto: Abel Rojas Barallobre

Juguetería 5 y 42, Miramar 3. Foto: Abel Rojas Barallobre

Con ingenio y sensibilidad

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