Cuba, ¿una zona azul?

Los centenarios representan uno de los segmentos de más rápido crecimiento dentro de la población cubana, con implicaciones socioeconómicas y de salud muy especiales que el país asume

Autores:

Odalis Riquenes Cutiño
Ana María Domínguez Cruz
Aileen Infante Vigil-Escalera

Dice que su hermano Marcelino —fallecido a los 102 años— le enseñó a tener edad, pero Andrés Ulacia Pino encontró su propia receta. Cuando este 17 de mayo el almanaque le indicó su cumpleaños número cien, aseguró a estas reporteras: «Quien no oye consejos no llega. En la vida hay que ser buen oyente».

No beber, no fumar, alimentarse bien y mantener una correcta armonía en el hogar son sus secretos para arribar bien al siglo de vida. Para él, proveniente de una familia de seis hermanos y con siete hijos, nueve nietos y siete bisnietos, la familia unida es otro elemento clave en la ecuación, «porque alimenta y fortalece. Y no solo la sanguínea, sino también la que conforman los amigos que se cultivan con los años, en el día a día, codo a codo».

Sus orígenes humildes y campesinos sin dudas tributaron a su longevidad. En Real Campiña, Aguada de Pasajeros, aprendió desde muy joven a trabajar, primero como cantinero y luego como «azucarero al pie de la calle», como define sus labores como cortador de caña. Desde entonces nunca paró de trabajar; ni siquiera ahora.

La construcción, y más específicamente la albañilería aprendida en la capital, a donde llegó huyendo de la represión ejercida en su pueblo natal contra los militantes del Partido Socialista Popular, lo acompañó desde los 29 años. Nunca le tuvo miedo al trabajo fuerte, y esta es una realidad que no solo reflejan sus gastadas manos, sino la fortaleza de su cuerpo centenario.

Mantener la mente siempre activa ha sido otra virtud clave. Desde sus labores clandestinas aprendió que la memoria es la mejor herramienta del hombre. Más escuchador que lector, como se define, recuerda cada pequeño fragmento de su vida o de la historia patria a lo largo de este siglo de existencia.

Cuesta sacarle los recuerdos a Andrés. «El hombre no debe ir por ahí alardeando de sus hazañas», pero ahí están, agolpadas todas en su incansable mente. ¡Quién pudiera ser cómo él!

Para vivir más y mejor

Ya el ser humano no sueña con la quimera de la inmortalidad, sino que se ha centrado en conseguir una existencia más larga y saludable. La esperanza de vida se ha duplicado en los últimos cien años gracias al   mejoramiento de las condiciones, los avances médicos y científicos en el diagnóstico precoz de numerosas enfermedades y el tratamiento de muchas de estas.

En la región de las Américas, Cuba se encuentra entre los países de mayor índice de envejecimiento poblacional con el  19,8 por ciento de su población con 60 años y más, para un total de 2 219 784 personas, precisó el doctor Alberto Fernández Seco, jefe del Departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental del Ministerio de Salud Pública (Minsap).

«En la actualidad los centenarios representan uno de los segmentos de más rápido crecimiento dentro de la población, con implicaciones socioeconómicas y de salud muy especiales. Son un ejemplo de envejecimiento poblacional exitoso, porque más que víctimas son sobrevivientes y la mayoría ha desarrollado mecanismos que le ha permitido alcanzar el extremo de la vida humana. Los estudios realizados demuestran que la mayoría no son dementes, discapacitados o dependientes en su totalidad, pues aún pueden realizar actividades de la cotidianidad».

Agregó el funcionario que el incremento de la proporción de personas mayores en nuestro país no es solo un resultado de la disminución de la fecundidad, sino también de la disminución de la mortalidad para todas las edades. «En Cuba, además, se garantiza el acceso a los servicios de salud de manera gratuita y una suficiente cobertura de los programas de seguridad social».

Otro indicador que demuestra la magnitud y la rapidez del crecimiento de la longevidad de los cubanos es el rango de supervivencia: más del 87 por ciento de los cubanos sobreviven a los 60 años y en la próxima década lo hará el 90 por ciento, precisó.

La doctora Lilian Rodríguez publicó Centenarios en Cuba: secretos de la longevidad, el primer estudio sobre este sector poblacional en el país. La investigación se realizó a partir de los resultados del Censo de Población y Vivienda de 2002, el cual reflejaba que en el país existían 6 415 personas con 96 años y más, sin contar a los de 98 años y más que se registraron en las entonces provincias de La Habana y Ciudad de La Habana. El total de la muestra fue de 7 549 posibles centenarios.

Los resultados más significativos arrojaron que la mayoría de estas personas tienen entre cien y 104 años, son de piel blanca, de sexo femenino y habitan en la región oriental del país. Predominaron la escolaridad primaria, la viudez y la convivencia con otros familiares, siendo los hombres los que en algunos casos viven solos.

El estudio demostró, además, que la mayoría tuvo padres longevos, lo que ratifica el vínculo de la herencia con la longevidad. No obstante, Rodríguez precisa que si bien la longevidad está relacionada en el 35 por ciento con la genética, el mayor porcentaje corresponde a la interacción con el ambiente.

En sentido general el estado cognitivo de los ancianos entrevistados fue favorable, solo se registraron algunos casos de deterioro leve de la memoria. Ellos no presentaron signos de depresión, tenían buena autopercepción de salud y una favorable actitud ante la vida.

Refiriéndose a los resultados del estudio de los Centenarios en Cuba..., el único que se      ha hecho en el país, el doctor Fernández Seco puntualizó que el optimismo, las ganas de vivir y el trazado de proyectos son los denominadores comunes de las vidas de aquellas personas que han vivido tanto. «Lo importante es cómo enfrentamos las diferentes situaciones de la vida, cómo superamos las dificultades y cómo nos motivamos».

Que Andrés (al centro) llegara este 17 de mayo a un siglo de vida constituye motivo de orgullo para su familia. Foto: Roberto Garaicoa Martínez

Preparar el país

Según las estadísticas registradas en el Departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental del Minsap, en el primer trimestre del presente año en Cuba vivían 2 153 centenarios, de los cuales más de 1 200 eran mujeres. En Santiago de Cuba, Sancti Spíritus y Mayabeque se reportaron los ancianos de más edad, con 115 y 113 años.

Según explicó a JR el doctor Fernández Seco, los centenarios conforman un grupo poblacional muy vulnerable, por lo que se les garantiza una atención médica con seguimiento trimestral por el médico y la enfermera de la familia, con el objetivo de mejorar sus condiciones de salud.

La indicación número dos del Minsap, para la atención integral a personas centenarias, fechada en septiembre de 2015, establece el proceder que se debe seguir por parte de los trabajadores sociales:

«Los trabajadores sociales del Grupo Básico de Trabajo deben reportar a toda persona que cumpla cien años al Departamento de Trabajo Social del área de salud, donde la inscriben en el Registro Nominal Anexo 1. Se realiza una historia social para el anciano que se actualiza trimestralmente y en la que se recogen todas las necesidades no satisfechas, relacionadas con el sector de la salud y con otros, para tramitarlas y darles solución en el menor tiempo posible. En los casos más críticos, las visitas se       realizan con una frecuencia mensual.

«La disposición agrega que los trabajadores sociales garantizan las soluciones no satisfechas de salud y aquellas relacionadas con otros organismos se tramitan en las comisiones de Prevención, Asistencia y Trabajo Social del territorio correspondiente. Se envía el informe a la Sección Provincial de Adulto Mayor y Asistencia Social, y cada tres meses al Departamento de Adulto Mayor y Asistencia Social del Minsap».

Aseguró el especialista que al cierre del primer trimestre de este año fueron satisfechas al ciento por ciento las necesidades de salud solicitadas, entre estas 370 culeros desechables, 38 camas Fowler, 74 sillas de ruedas y 53 colchones, de estos tres antiescaras.

Para el sistema de salud cubano es una prioridad la atención a los adultos mayores y de manera especial a los centenarios, añadió. «Afortunadamente son personas bien cuidadas por su familia y hasta por la comunidad, pues el orgullo de que hayan arribado a esa edad los motiva a atenderlos y a garantizarles su bienestar. No obstante, se ha estructurado cómo proporcionarles la ayuda y el apoyo que requieren».

—Es creciente la población envejecida en el país, ¿cómo continúa preparándose el sistema de salud para asumir ese reto demográfico?

—Disponemos de 149 hogares de ancianos con capacidad para 11 801 camas, y 289 casas de abuelos con 9 563 plazas. Este año tenemos previsto intervenir en 131 casas de abuelos con 361 objetos de obra y en 89 hogares de ancianos con 329 objetos de obra.

«Mejorar las condiciones de vida en  estas instituciones es una de las preocupaciones de nuestro sistema. En este año, por ejemplo, se han destinado 4 491 888 pesos en moneda libremente convertible (CUC) para el mobiliario, el calzado, la ropa, los utensilios de menaje y cocina y juegos didácticos que se necesitan en estas entidades.

«También se han extendido las capacidades en los 50 servicios de Geriatría en el país, disciplina en la que se desempeñan 305 profesionales y que estudian 132 residentes. A medida que aumenta la población de adultos mayores en el país, debemos incrementar también los médicos geriatras en los servicios de salud.

«Ha sido vital la iniciativa desplegada en 1 511 de las farmacias del país con mensajeros que atienden a 49 495 personas, de tal manera que aquellos ancianos con dificultades para desplazarse también reciben sus medicamentos».

Entre las ayudas técnicas más crecientes está la relacionada con las prótesis auditivas, demanda que se ha satisfecho paulatinamente. Para este año la compra arribará a 7 000, incluyendo insumos y baterías, afirmó.

Fernández Seco puntualizó que las 401 escuelas de cuidadores existentes en el país cumplen con una función fundamental. «En cada policlínico debe existir una para garantizar la capacitación de aquellas personas que asumen el cuidado de los adultos mayores de la familia. Explotar ideas que favorezcan este proceso de aprendizaje en cada territorio, como sucede en la radio en Las Tunas, asegurará mejores resultados».

El especialista insistió en que el sistema de Salud Pública forma parte de la red de organismos que de manera intersectorial asume el reto del envejecimiento poblacional.

«Solo la justicia, la igualdad y el sentido humanista de nuestro proyecto social ha posibilitado transformar el privilegio de vivir muchos años no en derecho divino de algunos, sino en una oportunidad para un mayor número de cubanos.

«Sin embargo, es importante que la población se prepare para la vejez desde edades tempranas y no desde el día antes de cumplir los 60 años. Debe entenderse también la importancia de la responsabilidad del autocuidado y la familia debe asumir su función vital en la salud y bienestar de sus adultos mayores».

Fuente: Departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental del Ministerio de Salud Pública (Minsap).

Maíta, la de San Pedrito

A menos de un mes de cumplir 101 años, Paula Cupull Reyes, Maíta para los habitantes de San Pedrito en Santiago de Cuba, sigue teniendo el ímpetu de los años mozos.

El mismo de cuando allá en el pueblito rural de Palo Pica’o, donde nació, apoyó a su madre en el cuidado de sus nueve hermanos; o de cuando, hastiada de tanto crimen e injusticia, decidió sumarse a la lucha clandestina en las calles santiagueras y terminó siendo mensajera de la guerrilla en el Tercer Frente; o de cuando fundó en su casa de la calle Guardado, número 60, el 23 de agosto de 1960, la primera delegación de base de la FMC de Santiago de Cuba.

Una fractura de cadera limita desde hace algunos años sus movimientos, —aunque no le impide desplazarse sola por la casa, ayudada de su andador—; la vista y el oído no son ya los mismos, pero la mente sigue frondosa y el deseo de hacer, intacto.

Así nos recibió en su espaciosa casa, todavía de la calle Guardado No. 60, en el reparto San Pedrito, donde vive desde 1949 y de donde no se va, porque se siente como en una gran familia: «Aquí todo el mundo me conoce, todo el mundo me quiere, dan ganas de seguir viviendo para seguir recibiendo tanto cariño».

Haber sobrepasado el siglo de existencia, es para ella más que el fruto de una fórmula, cuestión de suerte. «No tomo, nunca he estado ingresada, pero he luchado tanto en la vida... trabajar es lo único que he hecho, desde niña. Creo que salí a mi papá, Francisco, que estuvo haciendo cosas hasta el final».

Con la tenacidad como el mejor vestido que exhibe, coqueta, aún hoy, ha andado por la vida esta mujer, pequeña de estatura, pero inmensa en el coraje. Así, crió sola  a sus tres hijos e hizo de ellos hombres y mujeres que aportan a la sociedad.

Con el cariño de madre ha apoyado y apoya también Maíta, apócope de madre, mamita, que «me gusta mucho», la formación de sus 12 nietos, 17 biznietos y cinco tataranietos, entre los que hay abogados, profesores, diplomáticos. A punto de cumplir 99 años, enamorada de la investigación histórica tanto como del gusto por la cocina y la costura que heredó de su madre, y como la mejor muestra del empeño personal de superación que la llevó a vincularse a la Universidad del Adulto Mayor y al proyecto sociocultural De la ciudad, las calles y sus nombres, vio sus memorias, escritas en una libreta, convertirse, con ayuda de su hija, en el libro Testimonio, de  Paula Cupull Reyes.

«Nunca pensé convertirme en cronista de San Pedrito, ni mucho menos escribir la historia de esta comunidad. Mi mente ha despertado muy tarde; de joven llegué escasamente al 6to. grado. Con la Revolución fue que pude superarme, de manera que tenía 80 años y no me sentía vieja y todavía tengo deseos de trabajar.

«De hecho, en estos momentos, junto con mis compañeros del proyecto, indagando, tocando a mucha gente nacida y criada aquí, tenemos la meta de terminar y entregar la historia de San Pedrito el 22 de junio, día de mi cumpleaños».

Y de nuevo la tenacidad se impone. La misma que todavía lleva a Paula a lavar su ropa, cocinar a escondidas de sus nietas e intentar doblegar una máquina de coser que se le insubordina, pero llena sus días. «He vivido tanto, dice, como si viera un siglo desfilar entre mis ojos, pero también me he realizado y aún me quedan sueños».

Paula Cupull Reyes, el día de su cumpleaños cien, uno de los momentos más gratos de su intensa vida. Foto: Roberto Garaicoa Martínez

Longevos en el mundo

Científicos y demógrafos han identificado los lugares en los que, con características específicas y conductas comunes en su población, viven las personas más longevas del mundo. Los denominaron zonas azules y hasta el momento son cinco: Las islas de Cerdeña (Italia), Okinawa (Japón) e Icaria (Grecia); la península de Nicoya, en Costa Rica, y la ciudad Loma Linda, en California (Estados Unidos).

Hasta estos lugares llegó el equipo de investigadores liderado por el periodista de National Geographic, Dan Buettner, autor del libro El secreto de las zonas azules. Se dedicaron a estudiar los misterios de la longevidad que comparten los habitantes de las zonas azules, pues piensan que la ancianidad se basa en una combinación compleja de factores ambientales y genéticos.

Buettner concluyó que mantener una actividad física estable a diario, dejar de comer cuando el estómago esté lleno al 80 por ciento, privilegiar el consumo de vegetales, frutas y carne en cantidades limitadas, ingerir bebidas alcohólicas de manera moderada y evitar el estrés y sus efectos son denominadores comunes de todos los pobladores que arriban a los cien años. La esperanza de vida se eleva en quienes siempre tienen un propósito para vivir cada día, comparten prácticas espirituales, viven en un entorno familiar amoroso y eligen círculos sociales que apoyan y alientan los buenos hábitos de vida.

Fuente: Tomado de www.viu.es

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