Irma dañó ecosistemas camagüeyanos

El paso del huracán afectó notablemente el ecosistema de la llanura agramontina

Autor:

Yahily Hernández Porto

CAMAGÜEY.— La llanura agramontina, la de mayor extensión territorial de Cuba  —incluidas las costas, pues cuenta con el 25 por ciento de las playas de todo el archipiélago cubano—, sufrió un notable impacto en su ecosistema tras el paso del huracán Irma.

Así lo dieron a conocer en conferencia de prensa los especialistas y técnicos de la delegación territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) en Camagüey. Los expertos realizaron una evaluación preliminar de los perjuicios medioambientales, específicamente en las zonas costeras de los litorales norte y sur del territorio.

Lisbet Font Vila, jefa de la Unidad de Medio Ambiente, informó que las inundaciones costeras originadas en playa La Boca, del polo turístico de Santa Lucía, en la costa norte, y Playa Florida, en la sur, provocaron las mayores destrucciones en la flora, la fauna, los suelos y el relieve.

Irma, a su paso por el balneario de Santa Lucía, generó pérdidas de arena de la duna, que fue arrastrada hasta el playazo, a unos cien metros de la línea de costa; el incremento de escarpes o escarpa —vertiente de roca que corta el terreno abruptamente— y rocas en los frentes de playa, así como el derrumbe total o parcial de construcciones sobre la arena.

En La Boca, una de las áreas de baño más bellas y codiciadas del litoral norteño y del ecosistema marino camagüeyano, ocurrieron movimientos de rocas, bloques de thalassia —conocida comúnmente como hierba de tortuga o sargazo, especie de planta que habita en el Caribe—, y de importantes volúmenes de arena hacia el camino o vial de acceso, el cual quedó interrumpido.

Subrayó Font Vila que en Playa Florida, del municipio sureño de igual nombre, «aunque se produjo la acumulación de sedimentos areno-fangosos en la línea de costa, no se observan indicios de contaminación por sustancias químicas o hidrocarburos».

La fauna marina reportó grandes daños, principalmente en la Bahía de Nuevitas. «Es palpable la ausencia de crustáceos, cangrejos, cochinillas de mar, y la muerte de erizos verdes. No se reportan considerables menoscabos en los peces de este litoral», apuntó.

La flora no escapó al embate, pues en los bosques naturales y de plantaciones de los municipios de Sierra de Cubitas y Esmeralda, los más impactados, se afectaron unas 238 000 hectáreas.

En las áreas protegidas de la región norte, como Limones-Tuabaquey, Los Ballenatos y manglares de la Bahía de Nuevitas, el refugio de fauna del Río Máximo, y los cayos Sabinal y Romano, las afectaciones son apreciables en el paisaje y la vegetación, en especial en los bosques de mangle.

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