Cuando el terreno tiene la última palabra

La salida en campaña de los cadetes de años terminales de las Instituciones de Nivel Superior de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) constituye el mayor y más integrador ejercicio de culminación de estudios de los futuros técnicos y oficiales de las FAR

Autor:

Aileen Infante Vigil-Escalera

Restan apenas un par de meses, pero ya el terreno dijo sus últimas palabras: los cadetes de las Instituciones de Nivel Superior (IDNS) de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que recientemente realizaron en campaña sus ejercicios de culminación de estudios, se graduarán en junio «como veteranos de guerra» por las habilidades y el conocimiento demostrado en cada una de las misiones asignadas.

Así lo pudo constatar nuestro diario durante un recorrido por el campamento del Centro de Estudios del Ejército Occidental que desde mediados de febrero acogió a las bisoñas tropas procedentes de la Universidad de Ciencias Médicas (Ucimed) de las FAR, del Instituto Técnico Militar (ITM) José Martí, de la Escuela Interarmas de las FAR (Eiafar) General Antonio Maceo y de la Escuela Militar Superior Comandante Arides Estévez Sánchez, estas tres últimas poseedoras de la Orden Antonio Maceo, y el ITM, además, de la Orden Carlos J. Finlay.

La solución de las adversidades que puedan presentase en el terreno es la mayor prueba de fuego de los cadetes de las IDSN. Foto: Roberto Garaicoa

Durante 15 intensos días en los que tuvieron que llevar a la práctica todos los conocimientos adquiridos durante el programa de estudios de cada una de sus carreras, los jóvenes convivieron en verdaderas condiciones de campaña entre chabolas, puestos de mando, cocinas al aire libre, áreas de estudio y recreación, puestos médicos, trincheras y campos de tiro. Allí y como solo sucede en este tipo de actividad, también compartieron con cadetes de otras especialidades, de quienes aprendieron y se nutrieron personal y profesionalmente.

La primera graduada

Entre las más activas desde el momento de nuestra llegada se encontraba la cadete Beatriz Pérez Morales, del ITM. Con el rostro y armamento camuflado para no ser reconocida por el enemigo que acechaba la posición de su dotación, resaltaba entre sus compañeros —todos hombres— por su agilidad. Con solo 19 años, el próximo junio esta holguinera se convertirá en la primera mujer egresada de nivel medio de la especialidad de Rampa de Lanzamiento.

Por su agilidad y determinación, la cadete Beatriz Pérez Morales destaca entre sus compañeros de la dotación de Rampa de Lanzamiento. Foto: Roberto Garaicoa

Las características de la carrera, que demanda de esfuerzo físico para maniobrar la técnica, vetaron durante mucho tiempo el ingreso de las representantes del sexo femenino a la especialidad, pero no amilanaron a la otrora camilito Beatriz. Al principio, confiesa, conocía muy poco del importante rol que desempeñan sus egresados, pero una visita a la base aérea de Holguín le mostró sus encantos.

A dos años de su elección asegura que no solo se siente satisfecha de haberlo hecho, sino de las herramientas y los conocimientos adquiridos hasta la fecha, que le permitieron vencer todos los obstáculos y adversidades del terreno durante esta salida en campaña. Ya había participado en otras maniobras y actividades prácticas, pero fue aquí donde realizó su mayor prueba de fuego, esa que, asegura, le permitió completar su preparación como futura formadora de las nuevas generaciones de mujeres que espera se sumen pronto a la especialidad.

El arrojo tiene rostro de mujer

Si una palabra pudiera definir a la joven Darisleydis Tamayo Rodríguez, cadete de segundo año de la especialidad técnica de Cabina de Transmisión, del ITM, sería el arrojo. Y es que esta característica suya, que define también a las futuras oficiales de las FAR, la hizo vencer las adversidades del terreno ocupado por el marabú a su llegada al campamento y la altura de las antenas en las labores de camuflaje de la técnica ante posibles vuelos de reconocimiento enemigo.

El acondicionamiento del terreno y construcción de trincheras constituyen actividades diarias. Foto: Roberto Garaicoa

Esta última, dice, es la más gratificante experiencia que se lleva de estos días en campaña, en los que ha participado en varios ejercicios y de la optimización de la técnica. El haber sido la única mujer en participar en esta tarea, aun cuando algunos de sus compañeros le decían que la dejara para los hombres, es hoy su mayor orgullo. Y es que para esta joven granmense de 19 años, como para Beatriz, no hay tarea ni misión imposible para una mujer, mucho menos en el que considera el más completo e integrador ejercicio de culminación de estudios de su carrera.

En la unidad, la fuerza

Igual que sus compañeras del ITM, el joven Dairo Rodríguez López, cadete de quinto año de la especialidad de Artillería Terrestre, de la Eiafar, tiene el rostro y el uniforme de campaña camuflado para no ser detectado durante la misión que está a punto de protagonizar junto a las tropas de la Ucimed y la Arides Estévez.

Apenas logramos distinguir sus rasgos faciales —el principal objetivo de esta técnica—, pero sí la emoción que siente al hablar de su experiencia en el Centro de Estudios. Aquí, dice, ha podido poner a prueba sus conocimientos, que en más de una ocasión lo sacaron de apuros, y compartir con cadetes de especialidades que, en ocasiones, veía muy distantes de la suya.

Como parte de su experiencia en campaña los jóvenes también se instruyen y recrean en las áreas creadas por ellos mismos para estos fines. Foto: Roberto Garaicoa

La principal misión de la especialidad de este villaclareño de 22 años es apoyar y proteger los medios técnicos ante una invasión, y esta, como ha aprendido con creces en estos 15 días de campaña, no sería posible sin la ayuda de los cadetes de la Arides, el apoyo de la artillería antiaérea del ITM, la efectividad de los medios blindados de la Eiafar, y el respaldo de los sanitarios de la Ucimed. Solo entre todos puede lograrse con éxito el objetivo de la misión asignada, y eso lo ha aprendido aquí.

Porque para estos jóvenes el terreno ha dicho la última palabra, esa que los evalúa como los técnicos y oficiales competentes que necesita la nación.

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