La travesía

Recurrentes suspensiones de la navegación por surgencias cíclicas, roturas ocasionales y malas condiciones en las terminales de traslado desde La Habana hacia la Isla de la Juventud generan un alto costo social y económico

Autores:

Roberto Díaz Martorell
Ana Esther Zulueta

NUEVA GERONA, Isla de la Juventud.— «Vi retirarse el mar; se alejaba de la costa y solo quedaba la arena… No retornó enseguida», recuerda Annia Naranjo Ronda Garrido, quizá una de los pocos residentes en Isla de la Juventud testigo de ese fenómeno que ocurre en Batabanó. Recuerda Annia que el mar se demoró en regresar; era su primer viaje a la Isla, en la década de los 80: «Venía a quedarme definitivamente; entonces se viajaba en lanchas Cometa y solo pude viajar dos días después», rememora.

Al igual que Annia, son muchos los pasajeros que han visto postergadas sus intenciones de viajar debido a las recurrentes suspensiones de la transportación marítima desde y hacia este Municipio Especial por condiciones hidrometeorológicas adversas en el Golfo de Batabanó, que afectan la seguridad para la travesía y el atraque en ambas radas. JR se asoma al fenómeno desde varias perspectivas.

Causas de la suspensión

No es casual y sí es causal. «Muy pocos conocen la surgencia, un efecto que ocurre en Batabanó», afirma Oscar Cabot Pérez, director de Operaciones y comercial de la Unidad Empresarial de Base Viamar, encargada del trasiego de pasajeros entre las radas de Batabanó y Nueva Gerona, así como de la transportación de los trabajadores de Cayo Largo del Sur.

Según la literatura consultada, las zonas de surgencia son fenómenos oceanográficos que consisten en el movimiento vertical de las masas de agua desde niveles profundos hacia arriba. Los fuertes vientos que cruzan la superficie marina empujan las aguas cálidas superficiales, alejándolas de la costa.

«La retirada del mar en el puerto de Batabanó ocurre por la combinación de la fuerza del viento del norte, superior a 25 o 30 kilómetros por hora, con la marea astronómica baja», precisa Luis Sánchez Suárez, especialista principal del Grupo de pronóstico del tiempo de la Delegación Territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

«Tenemos un contrato con los compañeros de Meteorología y ellos nos envían un parte diario de las condiciones hidrometeorológicas para toda la zona de navegabilidad de nuestros catamaranes y las adyacentes», apunta ahora Cabot Pérez.

«Al recibir los partes diarios, cuando no hay problemas se autoriza la navegación; de lo contrario, el resultado del análisis se envía a Prácticos de Cuba, entidad que emite la nota informativa de la suspensión para las instancias superiores, y se transmite por los medios de prensa», explica.

Especifica la fuente que se rigen por la Resolución 154 de 2009, que pauta la conducta en cuanto a la navegación de las embarcaciones del Ministerio de Transporte.

El artículo 1.7 refiere que «se prohíbe la navegación en el área del archipiélago cubano y, por tanto, la salida desde las bahías, puertos y marinas turísticas (…) de los catamaranes de pasaje cuando el estado de la mar sea superior a Fuerza tres de la Escala Douglas [mar movida (altura de las olas de 0,5 a 1,25 metros)] o el estado del viento sea superior a Fuerza cuatro de la Escala Beaufort [viento moderado (velocidad de seis a ocho metros por segundo, o sea, de 11 a 16 nudos)]».

El fenómeno no es nuevo

«Este tipo de fenómeno tiene un valor cíclico de ocurrencia, sobre todo en los meses de diciembre a febrero, cuando más nos afectan los sistemas de altas presiones migratorios continentales; mientras más intenso más prolongada en el tiempo», aclara Sánchez Suárez.

 El especialista explica que en 1996 se inició un estudio sobre el comportamiento del mar, el cual él continuó en 2005. «Cuatro años después obtuvimos las matrices de todas las costas y caracterización de los mares para profundizar en las variables olas y vientos», dice.

La capacitación recibida en el Centro de Meteorología Marina posibilitó realizar un mejor cálculo de las ecuaciones de cada tipo de mar y tramo de costa del territorio, así como la trayectoria del catamarán hacia Batabanó y Cayo Largo del Sur.

«No solo cuando hay surgencia se dificultan las operaciones en el puerto de Batabanó, sino también cuando los vientos del sur se combinan con la marea astronómica alta y provocan inundaciones costeras», observa Sánchez Suárez.

Por su parte, Armando Nieves Mestre, director de la empresa Viajeros, enfatiza en que el tema de la fuerza del mar es importante «porque José Rubiera dice que habrá oleaje en la costa sur, pero las personas que viven en Gerona no aprecian esa situación del tiempo; sin embargo, al salir a navegar las cosas son diferentes. Cuando las personas no ven el fenómeno en toda su magnitud especulan.

«En Isla de la Juventud no se observa, pero en el mar abierto se le denomina recorrido libre del viento, o sea, mientras mayor es el recorrido, mayor es la altura de la ola; el fenómeno se percibe bien en Batabanó porque son los dos factores que más afectan y ha ocurrido siempre», comenta Sánchez Suárez.

Nieves Mestre refiere que «los catamaranes, además de su  poco calado, tienen dos quillas; esas características los hacen parecer una “batea” en el agua, por tanto la fuerza del mar los golpea doblemente y no hay ser humano que soporte ese bamboleo a causa del oleaje».

«En situaciones como esta —interviene ahora Cabot Pérez— hay que cuidar la flota. Todas las embarcaciones tienen más de 12 años y hay que preservarlas», subraya.

«Si no se cuidan, corremos el riesgo de trabajar con una sola embarcación, como ocurrió de abril a noviembre de 2017. Era el  Iris solito para la población y trabajadores de Cayo Largo del Sur. Se paró a finales de agosto para una reparación y continuó solo; en consecuencia hubo cambios de horario y fue bien complicado en el orden operacional; algún día habrá que reconocerle eso a la tripulación del Iris», dice Nieves Mestre.

¿Y los pasajeros?

La atención a los pasajeros cuando se suspenden los viajes está establecida en documentos y se realiza por procesos, afirma Nieves Mestre. No obstante, se han dado problemas con la información a la población, ya que solo se emite la nota de la suspensión y no se habla más hasta que se reanuda el servicio. Y eso afecta, sobre todo a quienes están en La Habana o vienen de provincias.

«No hay dificultad en la Isla, porque además de la información sistemática que se transmite por los medios locales, las personas vienen a la terminal Viajeros y se les informa.

Mairé Romero Hernández viajó en enero a La Habana por un turno médico. «Cuando venía de regreso suspendieron el viaje de la embarcación, y me enteré ese mismo día cuando llegué a la terminal», comenta.

Similar situación vivió Ondina Carballosa, quien retornaba de vacaciones en Holguín y tuvo que retrasar su llegada a la Isla a causa del mal tiempo.

En tanto, Raquel Rodríguez Mena regresaba de Villa Clara en la segunda quincena de febrero último por problemas familiares, y al no contar con el boleto de reservación tuvo que dirigirse a la terminal de lista de espera en Espadero, La Víbora.

Nieves Mestre asegura que cuando el pasajero tiene continuidad de viaje hacia la Isla, llega a Astros y allí hay un sistema establecido del cual Viajeros es responsable. «Hay que hospedarlo donde se pueda conseguir alojamiento y desde 2017 se hace. Somos responsables de atenderlo y llevarlo al hotel, y hasta la fecha no hemos recibido queja alguna.

Sin embargo, Romero Hernández narra que desde las seis de la mañana permaneció en la Terminal de Ómnibus Nacionales, de pie casi todo el tiempo porque no había dónde sentarse. «No nos dieron por esa causa ningún alimento y a la 1:00 p.m. nos llevaron para el aeropuerto. Allí nos dijeron que el vuelo iba a salir a las cuatros de la tarde».

Mejor suerte corrió Carballosa, quien se hospedó en casa de su nieta en La Habana hasta que pudo continuar viaje. Rodríguez Mena, por su parte, padeció durante cinco días las penurias de una lista de espera en Espadero.

«El lugar es muy pequeño, los baños no tienen agua y la cafetería cierra a las cinco de la tarde. Eso nos pone a merced de los altos precios de los cuentapropistas. Algo bueno, al menos, es que ahora hay guardabolsos y vimos que están reparando la instalación», dice.

La dirección de Viajeros en Isla de la Juventud reconoce las pésimas condiciones en la Terminal de Ómnibus Nacionales para la atención a los pineros. «Cuando llegan a la estación central, los pasajeros no tienen un local donde permanecer o pernoctar tranquilamente. Al menos logramos que nos dieran un espacio, que coincide con el lugar de arribo de los ómnibus, para dar atención selectiva a nuestros clientes. No obstante, la situación sigue siendo compleja y han existido varios incidentes de sustracción de equipaje», dice Nieves Mestre.

«No digo que la terminal de Nueva Gerona tenga todas las condiciones, pero hay una estética, un orden y comodidad para la atención. En Batabanó el local nos resulta pequeño para atender al cliente como quisiéramos, ya que se concibió para 113 pasajeros y en los catamaranes caben el doble.

«Espadero es una terminal que se creó en 2002 porque la lista de espera antes estaba en Batabanó, lo que permitía mayor agilidad en las operaciones. Pero por problemas de seguridad y logística se trasladó para Espadero por un tiempo, y ya lleva 16 años. Actualmente se acometen labores de mantenimiento en la instalación. Aún es inoperante porque no hay parqueo para los ómnibus. Los pasajeros están afuera. Cuando concurren más de 80 personas parece que se está cayendo el mundo, lo cual da una imagen pública desagradable y la situación se tensa si hay fiestas populares, festividades de fin de año, roturas de las embarcaciones o suspensión por situaciones climáticas», comenta Nieves Mestre.

Por fin el viaje

Según las normas de la empresa Viajeros, lo que está establecido para los casos de suspensión de la navegación por situaciones climáticas es que el pasajero sorprendido con este fenómeno tiene 15 días para viajar o reintegrar el boleto y el orden de prioridad es a partir del día de la suspensión, con excepción de quienes tienen continuidad de viaje por Astros y Ferrocuba.

«La alternativa para nosotros es el aeropuerto. Reconocemos la ayuda que ha dado la aeronáutica a este territorio, sobre todo a inicios de 2018. Se efectuaron 22 vuelos con 65 capacidades cada uno. Por esta vía se trasladaron unos 1 430 pasajeros mientras estuvo suspendida la transportación por mar.

«Esa alternativa fluyó sin problemas, se montó una operación inmensa. Se chequeaba el boleto como si fueras a viajar en catamarán y en los ómnibus se transportaba al personal hasta el aeropuerto según los horarios previstos para cada salida.

«Se le informó a la población fecha y horarios de los vuelos y se siguió el mismo orden de boleto del catamarán para que el proceso fuera transparente. Por supuesto, hubo personas que no viajaron por miedo al avión; en ese caso no perdían su derecho a viajar y en cuanto se reanudó la transportación se le llamó a bordo.

«Todo eso se realizó con absoluta coordinación y hasta hubo días en que Cubana atrasó su vuelo regular para resolver el problema de la naviera, o sea nos dieron la preferencia.

«En los años que tengo de experiencia en Viajeros nunca había visto una parada de la transportación tan larga como la de enero último, y la estrategia de apoyo con vuelos ya el Ministerio del Transporte lo asume como política.

Costo social y económico

La población bien agradece la alternativa de transportar por avión a los pasajeros de Isla de la Juventud, ya sea por situaciones climáticas adversas o rotura de las embarcaciones. Sin embargo, esa solución del país y del Ministerio del Transporte conlleva un alto costo por concepto de operaciones, combustible, insumos y otros recursos, a lo que se le suma la inestabilidad, por razones objetivas, de este servicio.

«Nunca había ocurrido. En enero     del actual año se dejaron de dar 22 salidas por situaciones climáticas. Solo se viajó nueve días, con afectaciones sociales a la población y económicas a nuestra entidad», subraya el director de la empresa Viajeros en el Municipio Especial.

Sin embargo, con ese esfuerzo no se corresponden algunas irregularidades que ocurren durante el proceso. «Desde el punto de vista social se le ocasionan molestias a la población, al romperle la continuidad de viaje o su planificación», agrega el directivo.

«Como les dije, a la una de la tarde nos llevaron para el aeropuerto; allí nos dijeron que el vuelo salía a las 4:00. En efecto el vuelo regular salió como estaba previsto con los pasajeros reservados», relata Romero Hernández.

«Allí nos mantuvimos sin alimentos y sin ningún tipo de información. Tuvimos que esperar, porque el avión venía de otra provincia para finalmente viajar a las nueve de la noche. Nos llamaron por el número de asiento del catamarán. El avión solo tiene 65 capacidades», continúa.

«Me reintegraron el valor del pasaje en catamarán en Gerona. En la Terminal de Ómnibus Nacionales solo nos informaron que debíamos comprar el boleto en el aeropuerto», acota.

«En la Terminal de Ómnibus Nacionales no hay agencia de viajes, lo que existe es una taquilla donde se confirman pasajeros reservados; por tanto no existe capacidad para asumir la devolución monetaria masiva de pasajes», precisa Nieves Mestre.

Apunta la fuente que las pérdidas, tanto para el transportista como para el comisionista de venta, son significativas, porque cuando se reintegra el ciento por ciento del costo del pasaje a un viajero, la entidad pierde la totalidad de la inversión.

Datos oficiales suministrados por la fuente confirman que en 2017 el monto por concepto de reintegro se aproximó al millón de pesos.

Algunas sugerencias

Isla de la Juventud necesita de respuestas urgentes a problemas objetivos y subjetivos que afectan la calidad de los servicios de transportación de pasajeros, más allá de las afectaciones climáticas o rotura de las embarcaciones.

Se debe definir un espacio que cumpla las expectativas para la atención al pasajero con destino Isla de la Juventud, ya sea en la Terminal de Ómnibus Nacionales o en otra instalación en La Habana, y se debe sistematizar la información a la población durante el tiempo de afectación de la navegación.

Es necesario encontrar un lugar que cumpla las expectativas para la atención al pasajero con destino a la Isla de la Juventud, una instalación con requerimientos, como la que dio por muchos años servicio a los lugareños, ubicada frente al Parque Zoológico de 26, en Nuevo Vedado, donde puedan converger pasajeros con boletos y la lista de espera.

Estas son algunas entre muchas sugerencias que pudieran suscitarse para garantizar calidad y satisfacción a la travesía.

Proceso de surgencia en Batabanó, sur de la provincia de Mayabeque. Fotos: Lázaro Silva Ochandía

Infografía de surgencia (izquierda) e inundación costera (derecha) en Batabanó, sur de la provincia de Mayabeque. 

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