Diana Krall: la diosa del XXI

Un nuevo disco de la intérprete canadiense se puso a la venta esta semana, From this moment on, que contiene 11 canciones inspiradas en grandes de la música

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Me he convertido en un adicto de Diana Krall, después que un amigo y colega costarricense me hiciera llegar Girl in the other room, una de las producciones discográficas de esta increíble intérprete. Famosa (y mucho) es esta canadiense y no justamente por su belleza, sensualidad y elegancia, atributos con los que, sin duda, también hipnotiza, sino por ser dueña de una musicalidad impresionante y de una voz cálida y hermosa; cualidades que le han permitido acercar el jazz a un público cada vez más amplio y diverso.

Tanto es así que con impaciencia muchos han estado esperando su más reciente álbum, From this moment on, que tardó cinco meses en grabar, y se puso a la venta a principios de esta semana. Un fonograma que, a decir de la cantante (y notable pianista), es «más alegre, aunque tiene algo de melancolía, necesaria siempre para vivir y para crear». From this moment on contiene 11 canciones inspiradas en grandes del género como Frank Sinatra, Ella Fitzgerald y Nat King Cole, las cuales defiende acompañada lo mismo por un cuarteto de jazz —conformado por los percusionistas Jeff Hamilton y Peter Erskine, y los bajistas John Clayton y Christian McBride— que por una gran orquesta.

Nacida en Nanaimo, donde se educó musicalmente —su primera clase de piano clásico la recibió con apenas cuatro años—, fue desde pequeña alentada por su padre, un pianista que amaba la obra de maestros del teclado como Fats Waller, James P. Johnson y Earl Hines. «Creo que papá tenía cada grabación que Fats Waller había hecho y traté de aprender de ellas lo más posible», ha contado Diana, quien en la adolescencia obtuvo una beca para estudiar en el Berklee College of Music, de Boston, lo que posibilitó que su padrino y mentor, el contrabajista Ray Brown, la «descubriera». Hoy la Krall es considerada por algunos como la mejor voz del jazz de este siglo XXI, mientras que otros lo dudan cuando la ven brillar en un tema que clasifica dentro del siempre vilipendiado pop.

Y es que al parecer olvidan que divas indiscutibles del jazz, como Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y Billie Holiday, no temieron interpretar piezas del cancionero pop, con arreglos donde también sobresalían las cuerdas. Sí, ya sé que esa tríada de diosas no tiene comparación, pero lo que es innegable es que la Krall, con esa voz que parece estar al borde de la ronquera, no es una artista del montón, aunque en algún momento le haya hecho un guiño a lo más comercial y haya adoptado la imagen de chica sensual en el disco Look of love; de glamorosa, vestida con los diseños de Donna Karan, como luce en la portada de When I look in your eyes —que, no obstante, la llevó a la cima de la popularidad—; o cuando empezó a figurar en las revistas del corazón, entre otras razones, por haber contraído matrimonio con el roquero inglés Elvis Costello, quien el próximo diciembre se convertirá en el padre de sus mellizos.

Pero como la industria es la industria, y de todos modos no se trata para nada de una obra despreciable, con When I look in your eyes empezaron a llover los premios. Así, el disco se mantuvo 52 semanas en el número uno de las listas de jazz de la revista Billboard y, nominado como álbum del año, ganó el Grammy en dos categorías: mejor interpretación de jazz vocal e ingeniería en un álbum no clásico. Y, como si fuera poco, fue disco de platino en Portugal y Estados Unidos (en donde vendió más de un millón de copias); doble platino en Canadá; y oro en Francia. Para completar, Clint Eastwood le solicitó su colaboración para la película Media noche en el jardín del bien y del mal; Woody Allen para Todo lo demás, y sus temas aparecieron en algunos episodios de la serie televisiva Sex and the city.

Y claro, muchos no le perdonan que se hubiese alejado de sus inicios, cuando evidenció tan alta capacidad técnica y expresiva en CD como All for you y Love scenes —antes había grabado en su tierra el disco debut, Stepping out, y más tarde Only trust your heart. Mas Diana decidió zafarse de esas ataduras para regresar, según los críticos, al perfecto equilibrio, como lo ha demostrado en dos de sus más recientes fonogramas: Live in Paris y The girl in the other room, donde muestra su faceta de compositora y en el que registra una hermosa versión de Temptation, de Tom Waits.

Con casi un disco por año a partir del año 2001, en que sacó a la luz The look of love, donde incluye la inmortal Bésame mucho, Diana Krall, cuya propuesta es muy poco difundida en nuestro país, decidió volver a la carga con un álbum que, seguramente, la mantendrá en el sitial de las cantantes adoradas por las multitudes y que a la vez es capaz de dejar boquiabiertos a los más exigentes. Expresividad y sensibilidad le sobran.

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