Lecturas Renovadas: El Tábano

La obra cumbre de Ethel Lillian Voynich apareció primero en el curso del año 1897 en Estados Unidos y luego en Inglaterra, es la primera novela de una revolucionaria de origen irlandés nacida en 1864

Autor:

Juventud Rebelde

Si alguien quisiera explicarse todo lo de contradictorio que, en el ámbito de la literatura, hay en la idea de la posteridad, que salga en busca de El Tábano, la pasional novela de Ethel Lillian Voynich. De tal modo, probablemente comprenda que un libro inmortal no es aquel que consigue determinadas perfecciones, ni tan siquiera aquel que se redacta a tiempo; pues, aunque entendamos brumosamente que la posteridad nunca es definitiva, podemos concluir que hay maneras de obrar de gran resistencia, es decir, que admiten ser usadas reiteradamente, y siguen produciendo inusitadas sensaciones.

Pero vayamos al grano. El Tábano, que en el curso del año 1897 apareció primero en Estados Unidos y luego en Inglaterra, es la primera novela de una revolucionaria de origen irlandés nacida en 1864. Ethel L. Voynich fue también una conocida compositora, y se le atribuye el descubrimiento de un misterioso manuscrito. Lo singular de su libro se debe, como se dice, en gran medida, a su reactualizado acento romántico, una táctica muy a propósito para llamar la atención sobre determinadas ideas de carácter ético.

La Italia de 1830 padece por la ocupación austríaca, pero una cofradía secreta llamada precisamente La Joven Italia está dispuesta a terminar con la dominación. A su seno llega un inglés que se hace llamar El Tábano, y se involucra en la gran aventura que este libro, con su tono exaltado, representa.

Una característica del Romanticismo es la actuación a plenitud. Los románticos sienten a plenitud, a plenitud se abaten, aman, mueren y se lanzan a buscar lo que entienden merecer. El Tábano es, entre otras cosas, un libro de grandes despliegues, de una permanente intensidad, y, por si fuera poco, desea seguir irradiando imágenes sobre la consecución de los grandes ideales. La descomunal atención que le prestaron, por ejemplo, los lectores rusos tras la revolución leninista de 1917, no carece de justificación. Sus lectores actuales se percatarán de que, aún cuando uno de sus fines es alegorizar sobre la justicia y la soberanía, esta novela sabe privilegiar los destinos individuales y sus experiencias más entrañables: la inocencia, el dolor, el afecto, el arrojo.

De modo que, aunque la posteridad sea una categoría siempre como en suspenso, podemos hablar, por lo menos, de libros perdurables. El Tábano, cuya cuarta edición ofrece ahora la editorial Arte y Literatura, del Instituto Cubano del Libro, reafirmará en muchos esa impresión.

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