Estrenarán segunda temporada de la serie Roma

Debido al rotundo éxito de la primera parte, la HBO Entertainment decidió iniciar el rodaje de su continuación que concluirá este mes, en Italia

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Kevin McKidd asumió a Lucio Vorenus, mientras Indira Varma fue la bella Niobe.

Para quienes nos quedamos enganchados con Roma, es un notición saber que próximamente la HBO Entertainment estrenará una segunda parte, luego del rotundo éxito alcanzado por la primera temporada de esta serie. Como en la anterior, el rodaje, que concluirá en este octubre, tiene lugar en los estudios Cinecittà de la capital italiana, según dio a conocer la presidenta de la poderosa cadena de televisión, Carolyn Strauss, lo que posibilitará que millones de televidentes en el mundo puedan seguir la saga de Lucio Vorenus, Tito Pullo, Atia, Marco Antonio, Servilia, Octavio y su hermana Octavia, entre otras «celebridades».

Como es de esperar, no escasearán entonces las tramas provocativas e ingeniosas que condimentarán la historia tras la muerte de Julio César. Y puedo apostar que el resultado volverá a ser un espectáculo de excelencia, como este que los cubanos pudimos disfrutar hasta hace unos días, gracias a la magnífica idea de la Televisión Cubana de cerrar en alto la programación de los domingos del pasado verano.

No niego que al principio me azoré con tantos personajes, lo que pudo hacer interferencias a la hora de seguir el curso de la narración, pero la intensidad y el ritmo estaban tan arriba, que quien viera el primer episodio de Roma posiblemente no se detendría hasta llegar al último. En ello incidió, por supuesto, el hecho de estar frente a una producción muy atendida, con vestuarios y decorados en verdad deslumbrantes, cientos de extras..., con lo que una buena parte de la empresa estaba ya ganada, máxime cuando había detrás cien millones de dólares —convirtiéndola en la serie más cara de la televisión—, pero, sobre todo, amparada por un sólido guión —aunque aparecieran partes inconexas y forzadas—, grandes actores y experimentados directores. Porque ellos, los magnates, se la juegan al seguro.

Quienes hayan prestado atención a los créditos de Roma se habrán percatado de que, a pesar de que la idea partiera de Bruno Heller, creador y productor ejecutivo, materializarla fue responsabilidad de un amplio equipo de creación. Y matemáticamente está demostrado: cuatro cabezas piensan más que dos. Así, la historia que se inicia en el 52 A.C., el año en que el general Julio César regresa victorioso de la guerra en la Galia, y culmina con la caída de la República y el nacimiento del Imperio Romano, fue escrita por seis guionistas (encabezados por Heller), mientras que los capítulos estuvieron a cargo de prestigiosos directores como Michel Apted, Allen Coulter, Julian Farino, Jeremy Podeswa, Alan Poum, Mikael Salomón, Steven Shill, Alan Taylor y Timothy Van Patten, responsables de sonadas series como Sexo en Nueva York, El mundo no es suficiente, Los Soprano, Encourage y A dos metros bajo tierra, por solo mencionar algunas. Y eso hace de Roma una propuesta inteligente y equilibrada.

Bruno Heller y sus colaboradores, para hacer honor al estilo estadounidense, echaron mano a los más probados resortes que mueven el melodrama, sin llegar a los excesos en esta Roma a caballo entre Gladiator y Yo, Claudio —otra que en su tiempo me puso a desandar no sé cuantas librerías. Eso también explica su alta audiencia a nivel internacional, porque aquí, por supuesto, se volvieron a aplicar las viejas fórmulas: las emociones del espectador fueron muy bien inducidas y no se desecharon los golpes de efecto en la línea dramática, ni los personajes estereotipados que se movían por resortes sentimentales y apasionados.

Es muy difícil que el televidente no se conecte con una obra donde haya intrigas, venganza, amor, odio, celos, traición, adulterio, rivalidad, enfrentamientos, erotismo, sensualidad, galanteos..., donde el héroe logre sobrepasar los obstáculos y salir victorioso. Y de todo eso hay en Roma.

Llama la atención en esta serie que la trama se haya desarrollado a partir de las peripecias de Lucio Vorenus, el soldado romano por antonomasia; y Tito Pullo, el valeroso y leal guerrero, pero brutal, impulsivo e irreflexivo —personajes convincentemente interpretados por el escocés Kevin McKidd y el inglés Ray Stevenson—, según el asesor histórico, Jonathan Stamp, esbozados por el propio Julio César en el quinto volumen de La Guerra de las Galias.

Y es que el desarrollo histórico en Roma estuvo condicionado por las relaciones que establecieron entre sí cada uno de los hombres y mujeres que tomaron parte en el drama. Por supuesto, no se podían dejar a un lado las escenas violentas ni aquellas donde se mostraba la práctica libre del sexo («debidamente» editadas), para lograr un retrato lo más fiel posible de la «civilización» romana. Justamente ese fue uno de los mayores ganchos: recrear con autenticidad la Roma de Julio César. Cada episodio fue una emotiva clase que reflejó el espíritu de la época, el ansia de conquista de nuevos horizontes, el apego a los dioses.

En el rubro de las actuaciones, Roma es una propuesta de alto calibre y no solo por la destacada labor de McKidd, quien comenzó su carrera en el teatro protagonizando The silver darlings, y de Stevenson, ya visto en Cuba en El Rey Arturo, junto a Clive Owen. Habría que hablar de ese creíble y humano Julio César asumido por Ciarán Hinds, un histrión que cualquier director desea cuando necesita un secundario de lujo; o del experimentado Kenneth Cranham (Pompeyo Magno), con más de 80 trabajos en sus espaldas, especialmente para la televisión.

En esa nómina de sobresalientes habría que añadir, por la parte masculina, a James Purefoy (Resident evil, Vanity fair), que encarnó con lucidez a ese Marco Antonio amado por sus hombres y adorado por las mujeres, y al muy joven Max Pirkis, quien, a pesar de haber sido este proyecto su segundo trabajo profesional —debutó en Master & Commander al lado de Russell Crowe— supo regalarnos un Octavio lleno de matices. Pero si ellos salieron más que airosos, ellas estuvieron fuera de liga, desde una súper Polly Walker (la intrigante y malévola Atia) y Lindsay Ducan (la sofisticada y perspicaz Servilia), hasta Indira Varma (la bella Niobe, atormentada por la culpa) y Kerry Condon (la resentida y débil de carácter Octavia). Todas lucieron, sencillamente, impresionantes.

Con una fotografía espléndida para entregarnos una imagen muy cuidada, Roma, nominada a sendos premios Globos de Oro (como mejor serie dramática y por Polly Walter como actriz), llegó, para refrescar, instruir, interesar, excitar. Es más, de haberla visto, Julio César, Pompeyo, Tito y Atia, habrían quedado encantados con la eterna Roma.

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