La Feria también existe... fuera de La Cabaña

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

No es exactamente igual lo que sucede en la Feria Agropecuaria del municipio de Boyeros, en la capital, a lo que se desarrolla en La Cabaña. Ni falta que le hace, porque continúa siendo el libro el principal protagonista de estas jornadas que comienzan a las diez de la mañana y no finalizan hasta las siete de la noche. Y lo que más llama la atención es que en esta decimosexta convocatoria, el Gobierno del territorio y los habitantes del lugar no se hayan conformado con la venta de títulos en la no muy pequeña librería XI Festival, de Santiago de las Vegas, sino que hayan querido insuflarle una energía diferente (muy positiva, diría yo) a un espacio que languidece casi todos los días del año, excepto en tiempos de rodeo, a falta de otras propuestas.

No era necesaria una bola de cristal para descubrir que no se recorren así de fácil los 30 kilómetros que separan a Boyeros de La Habana del Este. Es verdad que La Cabaña tiene el incentivo de poder intercambiar con los inmensos Wole Soyinka, Elena Poniatowska o David Viñas, por mencionar algunos de los convidados foráneos, o con el poeta César López y el historiador Eduardo Torres Cuevas, a quienes se dedican esta edición (aunque bien vale un viaje en camello por verlos y escucharlos), sin embargo, no es menos valioso el encuentro de los escritores, intelectuales y artistas de la comunidad con su gente que, a fin de cuentas, es a quienes dirigen su arte.

Así lo atestigua el joven escritor, cultivador de la ciencia ficción, Michel Encinosa, quien estuvo presentando este jueves uno de los dos volúmenes con que llegó a esta cita: Veredas (Ediciones Extramuros) —el otro es Dioses de neón (Letras Cubanas). «Es vital la integración del mundo literario con la comunidad. Por tanto, hay que aprovechar todas las oportunidades para compartir con los lectores, con los miembros de los talleres literarios y mostrarles visiones múltiples. De nada sirve estar subido en una torre de marfil. Es muy importante el contacto con las raíces locales de la cultura, donde empezó todo».

Pero Encinosa no ha sido el único. Por la inmensa nave también han desfilado figuras del deporte como Armando Capiró y Pedro Chávez, quienes acompañaron a Mario Lorenzo Garrido, editor de La guía del béisbol; Pedro García, editor de Prensa Latina, algunas de las Morenas del Caribe, trabajadores..., además del popular repentista Guambán que se encarga de ir dando entrada musical a los invitados.

Y la respuesta de los habitantes de Boyeros no se ha hecho esperar. No hay persona que entre a la nave y no se lleve al menos un librito de literatura infantil», aseguran Elsa Álvarez y Teresa Hernández, quienes, como el resto de los trabajadores de las cuatro librerías del municipio, contribuyen a ofrecer un servicio eficiente y amable. Solamente ellas, por poner un ejemplo, vendieron en el pasado fin de semana más de 7 500 ejemplares, entre títulos de los cuentos de José Martí que aparecen en La Edad de Oro, publicados por Gente Nueva, así como otros de esta misma editorial y de la colección Rehilete, de la Editorial Cauce.

Pero hay más. La exposición Cromo verbos en páginas abiertas comenzó con una pequeña muestra de obras de algunos de los artistas plásticos del territorio (de los más de cien con que cuenta Boyeros entre miembros de la UNEAC y de la AACA). Sin embargo, no pasará mucho tiempo para que las largas paredes del recinto se llenen de colores, formas y estilos; para que coexistan con los libros, además de las pinturas, cerámica, piezas de metal, naturaleza muerta, esculturas de pequeño formato... Así se pueden apreciar obras de Amaury Mesa, Frank Fundora, Aimée Benito, Hermino Escalona, Rudy Fernández..., de los integrantes de Raíces, de Calabazar, que han querido aprovechar esta oportunidad para salir a mostrar un arte que estaba «escondido», según explica Rubén Alejandro Santos, pintor y coordinador del movimiento.

En una semana se han puesto a la venta alrededor de 600 títulos y se habían vendido 26 000 ejemplares, al tiempo que habían visitado la Feria unas 60 000 personas, algo que hubiera sido impensable que sucediera en la librería XI Festival cuyo tamaño es la mitad del Café Literario «improvisado» que allí funciona donde, además de préstamo de libros, se ofrecen diferentes variantes de cafés, coctelería tradicional, comestibles y líquidos varios.

Aquí el libro más buscado sigue siendo Cien horas con Fidel, aunque el tabloide de la tercera edición de este texto, publicada por Juventud Rebelde también es perseguida. Están asimismo en la porfía El Diablo Ilustrado, la colección de los libros de cocina, Polo Montañez, de Fernando Díaz Martínez; Vampiros en La Habana, de Juan Padrón; los títulos de Autoayuda de la Editorial Oriente, como Violencia, sexualidad y droga, de Marlén Gorguet Pi, y las dos propuestas de Daniel Chavarría: El rojo en la pluma del loro (Letras Cubanas) y La sexta isla (Editorial Capitán San Luis).

Seguramente lo logrado ha sido gracias a la labor de unos cuantos. Y eso significa, afirma Luis Carlos Góngora, presidente del gobierno en Boyeros, por el extra que han puesto muchas personas, «pero ha valido la pena. Nosotros nos preocupamos para reponer lo más rápido posible los títulos agotados, y no importa el sacrificio. Los artistas nos responden y la gente lo agradece. Eso es lo importante».

«¡Que si sí!», exclama una mujer que pasó por nuestro lado, con las manos llenas de buena literatura. Y eso que ella todavía no sabe que Boyeros se ha ganado la sede del cierre de la Feria en la capital cuando esta termine en Occidente, el 25 de febrero. No obstante, ya dijo a JR que estará allí este sábado con su pequeña, para participar en la presentación de El güije del manguito, de Elvia Pérez, y La familia del señor y la señora Lechuza, de Celima Bernal, a cargo del proyecto Abrapalabra.

Mirando tanta felicidad no es difícil concluir que tamaño esfuerzo ha valido la pena.

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