La piel de Leoni Torres

El joven músico demuestra versatilidad interpretativa y talento en su reciente disco Bajo la piel 

Autor:

Oni Acosta Llerena

Cada día me convenzo más de la fuerza y pujanza del pop en Cuba, y discos como Bajo la piel, refuerzan esta idea sin ninguna duda. ¿Quién pensaría en esto hace apenas 10 o 15 años? Este álbum y el trabajo musical de Leoni Torres marcan una gran diferencia en este sentido.

Si bien la música cubana es grande, universal y auténtica, no dejan de surgir a diario proyectos sin sabor y faltos de originalidad: orquestas bailables que son a su vez mimesis de aquellas famosas, o solistas que repiten los mismos códigos desgastados y manidos. Todo ello sucede en lo musical, pero para qué hablar de los mecanismos de mercado, donde la imagen, la proyección y una sólida diferenciación conceptual, tienen que vender por sí solas. En tal sentido, son pocos los músicos que inician carrera con ambos mundos bien claros y presentes, y me atrevo a decir que estamos en presencia de uno de ellos: Leoni Torres.

Ya aún en sus tiempos con la Charanga Habanera, muchos se daban cuenta de la gran potencialidad de Leoni para el pop, de su gusto por las baladas y de que algo iba surgiendo al calor de esta gran orquesta cubana, la cual tiene el grandísimo mérito de ser escuela en lo que a estilos se refiere. Dirigida por un excelente músico como David Calzado, conocedor a fondo de la música popular cubana pero a su vez productor musical y compositor, la Charanga ha sido uno de los contados grupos del patio que optó por fusionar y potenciar la balada pop en Cuba, por ejemplo. Y fue valiente, aun cuando el camino estuvo lleno de obstáculos y de mucha incomprensión auditiva, al cambiar la manera de abordar el género, de mover los temas en dependencia de sus cantantes y de mantener un sólido estilo musical avalado por la visión de David. Y así como es ecléctica la labor de la Charanga lo es la de Leoni, un músico moldeado y bien pensado, que nos ofrece su mejor experiencia musical con este trabajo en solitario.

Este disco nace y desde que lo tenemos en las manos nos sorprende, comenzando por el diseño puntual de Tomás Miña, sello de calidad y poesía visual, autor de excelentes obras que denotan su dominio de la visualidad como elemento crucial en el posicionamiento de una obra discográfica.

Ya dentro del fonograma nos encontramos 13 canciones, incluyendo un bonus, que navegan con buen rumbo —y nunca a la deriva— en el entretejido mar de la experimentación, como por ejemplo Sonrisa mágica, balada con la diferencia de incluir un fliscorno y pasajes jazzísticos, o Se nota, tema movido que canta junto a Kumar. Destaco también No es un sueño, track cercano a estilos foráneos, quizá a lo Alejandro Sanz, y donde deja a un lado su habitual forma de cantar para desdoblarse magistralmente en otro cantante, con una naturalidad vocal increíble y que denota todavía más su versatilidad interpretativa.

Si algo diferencia este fonograma, o al menos le da aires de equilibrio temático, son los autores de las canciones, encabezados por Leoni y secundados por Edgar Rodríguez, Osmani Collado y Polito Ibáñez. Y aunque aquí se respire oxígeno pop, poseer varios autores marca una distancia, lo que a mi juicio es algo sabio y mesurado por la diversidad musical que brinda esa posibilidad.

Pienso que Leoni sale airoso de este reto, aunque falte mucho por recorrer o haya lógicas inconformidades que al calor de la producción musical surgieran, y de las cuales no somos partícipes; talento tiene, así como buena voz, carisma y tenacidad.

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