Harold López Nussa presenta imprescindibles baladas para piano

El talentoso pianista, premio ópera prima en Cubadisco 2008 con el CD Canciones, cree necesario que las nuevas generaciones sientan mayor atracción por la música clásica e instrumental

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Harold López Nussa. Foto: Yuliet Gutiérrez Delgado HAROLD López Nussa piensa en grandes melodías y las revive con el piano. El joven busca, entre notas musicales memorables, los temas que siempre ha escuchado, los toca con reverencia y la interpretación encuentra el tono preciso en el CD Canciones.

El álbum, ganador en la categoría de ópera prima en la Feria Internacional Cubadisco 2008, es una apuesta de Producciones Colibrí por el talento novel y en él trasciende, aparejado a la ejecución de las obras, el trabajo de grabación de Maykel Bárzaga Remón, apartado que también reconoció el certamen.

«Canciones fue una idea que surgió a partir de mi deseo de rendir tributo a aquellos autores que de alguna forma son íconos de la música y estuvieron siempre presentes en mi formación. Y un día se me ocurrió retribuirles», comenta Harold, quien corrió con los arreglos de las piezas.

Un total de diez temas figuran en el fonograma, apreciándose diversidad genérica. El músico muestra maneras muy personales de tocar títulos trovadorescos como Para Bárbara (Santiago Feliú), Para vivir (Pablo Milanés) y Causas y azares (Silvio Rodríguez), y se desliza en un terreno que conoce muy bien como el clásico, con la danza para piano Los muñecos, de Ignacio Cervantes.

Pero las incursiones del pianista toman una especial interpretación cuando nos deja apreciar en matices diversos —aunque conservando las esencias—, el bolero Contigo en la distancia (César Portillo de la Luz) y el tradicional Olvido (Miguel Matamoros); e incurre en estilos mucho más «agresivos» como 11 y 6, del roquero argentino Fito Páez, o en Detrás del cristal, del cubano Carlos Varela, hasta hacerse eco de un conocido bossa nova con la proyección de Felicidade, del brasileño Antonio Carlos Jobim.

El joven se aventura y exhibe una composición suya, Bailando suiza, en la que se percibe el latin jazz con claros referentes instrumentales nacionales como la percusión.

«Resulta que este no es mi primer disco, aunque en Cuba sí lo es. El pasado año salió en Francia Sobre el Atelier, realizado solo a piano. Sin embargo, con Canciones tengo mis primeras tres nominaciones al Cubadisco en el ámbito particular, porque en 2007 estuve como parte de Cinco conciertos para piano y orquesta. Heitor Villa-Lobos, que mereció el Gran Premio.

«Cuando surgió la idea de grabar para Colibrí no pensaba en ningún concurso, sino en regalar al público el fruto de compartir esta música de los grandes. Y el resultado de esta empresa es mayor cuando trabajas de esta manera, más bien por satisfacción personal. Al final el gusto es doble si terminas nominado en todas estas categorías de un concurso».

La carrera en ascenso de Harold López Nussa ya contiene algunos reconocimientos significativos como los lauros obtenidos en el Concurso Nacional Amadeo Roldán, el primer premio ganado en el Concurso Iberoamericano de Piano, el premio del público en el Solo Piano Competition del Festival de Jazz de Motreux, y el haber sido finalista en el Concurso Citá di Senigalia en Italia, entre otros.

Destaca igualmente su participación en otros álbumes como Charly en La Habana, de Carlos Sarduy, y el primer DVD de jazz en la Isla, Jazz Cuba Today.

Al piano, confiesa, me llevó la cultura familiar. Mi mamá fue profesora del instrumento, mi papá es músico, mi tío es pianista y mi abuela paterna siempre ha sido una apasionada grandísima por la música. Empecé a estudiarlo a los ocho años en la escuela Manuel Saumell, luego concluí el nivel medio en Amadeo Roldán y actualmente estoy terminando la especialidad en el ISA.

Cuando se trata de estilos, con certeza el novel artista se decide por lo clásico y lo popular. «Ambos me fascinan. Me encantaría poder llevarlos los dos, pero lamentablemente el clásico requiere una dedicación que casi no deja tiempo para nada más», afirma, sin omitir que entre sus paradigmas tiene a muchas personas que admira, pero definitivamente en la cumbre hay un solo nombre: el del pianista Keith Jarrett.

Y tal vez ese sea uno de los motivos por los que Harold haya acudido al jazz, aunque le interesa incursionar en cualquier género que sienta que esté hecho con seriedad. «Siempre se aprende algo nuevo nadando en distintas aguas y mi pasión por la música, no tiene límites.

«Sin embargo, me gustaría sinceramente que entre las nuevas generaciones de hoy hubiese mucha más cultura musical y/o atracción por la música clásica e instrumental en general», lo cual señala como una preocupación hacia el público.

Al valorar la inserción de los jóvenes en el panorama musical del país piensa que es necesaria, porque «nuestro espíritu tiene frescura e ideas nuevas para experimentar que, de conjunto con la experiencia y sabiduría de los no ya tan nuevos, genera resultados muy interesantes. Por eso las expectativas inmediatas que tengo son las de seguir trabajando mucho y aprender».

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