«Allende» los mares, nuevo cine chileno - Cultura

«Allende» los mares, nuevo cine chileno

Autor:

Frank Padrón

El cine chileno persiste en lo que los analistas dieron en llamar su «renacimiento» de los 90 en el pasado siglo; al menos sigue a la vanguardia, negado a que pase su momento. Filmes que triunfan en festivales, pero antes convocan a la taquilla y a los más exigentes críticos, y todo porque, sin renunciar a la sagrada misión de entretener y/o divertir, indagan en la sociedad y en la historia.

Varios títulos que así lo confirman podrán ser (re)visitados en un restaurado y confortable Riviera, en la capital, dentro de un ciclo que rinde homenaje al centenario de Salvador Allende, y que podrá apreciarse desde el 5 al 11 de junio. Entre ellos: Be-Happy, En la cama y Play.

Segundo premio Coral en la edición 25 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (2003), B-Happy fue realizado entre Chile, Venezuela y España por el cineasta Gonzalo Justiniano, autor de algunos títulos significativos como Caluga o menta (1990), considerado un filme importante dentro del nuevo cine en Chile, o Amnesia (1994), aún mejor valorado.

Trata en primera instancia de la evolución de un carácter: el paso acelerado a la madurez de una adolescente que enfrenta con violencia las desgarraduras de una vida nada halagüeña, en las condiciones de pobreza, incluso miseria, en que vive buena parte de la población en esta parte del mundo. El desa-

rrollo que esa niña experimenta, pudiera erigirse en verdadera metáfora del despertar latinoamericano, ese constante y creciente proceso de maduración que sufren «nuestras repúblicas», como les llamaba Martí, fruto del neoliberalismo y la globalización a que los condena el capitalismo salvaje.

El realizador Gonzalo Justiniano ha logrado una puesta en pantalla cálida y sencilla, con un tratamiento esmerado en la construcción de personajes, que comunica la limpidez narrativa de un guión co-facturado entre él y varios escritores: solo hay que reprocharle cierto exceso en las disolvencias, pero su manejo de la cámara es seguro.

Ópera prima de un joven cineasta que ha seguido su carrera con paso firme, En la cama, de Matías Bize (también reconocida en varios certámenes internacionales), es eso que su título anuncia: una pareja sobre el lecho, una habitación cerrada dentro de la cual, sin embargo, se discute, elucida e intercambia ese complejo mundo de relaciones eróticas y humanas en general que establecen dos: el joven realizador logra concentrar el exiguo sujeto en estos amantes que se aman y desaman, se acercan y alejan con verdadero dominio de la cámara, siendo, haciendo un cine «de cámara» también, donde el minimalismo de su propuesta conoce un admirable ensanchamiento a nivel expresivo, y donde logra manejar tanto a sus notables actores como a sus diálogos y sus actitudes en una pieza que comienza a exhibir sus valores desde el bien estructurado guión.

Play, otra primera obra que triunfara en dicha categoría dentro de nuestro certamen de diciembre, así como en el neoyorquino Tribeca, también invita a seguir a su joven realizadora, Alicia Scherson. Representante de su país ante los premios Oscar en 2005, la cinta sigue a una joven mapuche que trabaja cuidando a un anciano enfermo y que en su tiempo libre recorre Santiago escuchando música, cuya vida se ve alterada tras encontrar un misterioso maletín. Accionando con incipiente eficacia los instrumentos narrativos del nuevo-nuevo cine, la joven cineasta subvierte un tanto las reglas del noir clásico para conformar un cálido y sensible retrato humano y ambiental que sobrecoge por su sencillez y su garra.

Este ciclo con el más reciente cine chileno, aunque su probada calidad valida por sí mismo su presencia este mes en nuestra programación, tiene, sin embargo, y como ya apuntáramos al principio, un loable propósito: homenajear al inolvidable presidente Salvador Allende, caído en combate con el zarpazo golpista y fascista de Pinochet.

Varios documentales evocan la epopeya social que emprendió el líder socialista con su Unidad Popular, durante los inicios de la década de 1970, o recuerdan el Golpe de Estado que lo derrotó poco después: desde el sensible acercamiento que realizara por aquellos años el maestro Santiago Álvarez (De América soy hijo...) hasta uno de los más recientes abordajes (11 de septiembre de 2003. Última batalla de un presidente, coproducción franco-canadiense dirigida por Patricio Henríquez): un valioso testimonio de los sucesos relacionados con este hecho que conmoviera al mundo, por cuanto abortó un proceso democrático que resultaba ejemplar para América Latina y mucho más allá: una entrevista con Allende en su última aparición pública resulta el cordón umbilical que enlaza, creadoramente, entrevistas a funcionarios de su gobierno, familiares y amigos, con material de archivo ampliamente ilustrador sobre el momento histórico en que se enmarcan los hechos.

Tampoco podemos olvidar ese clásico de la documentalística chilena, latinoamericana toda, que es La Batalla de Chile, de Patricio Guzmán: concretamente su tercera parte, la cual focaliza tales hechos (para la revista norteamericana Cineaste, «uno de los diez mejores filmes políticos del mundo»), junto con otros materiales que evocan a figuras emblemáticas del imaginario en el hermano país sureño, tales Violeta Parra o Pablo Neruda.

Chile abre hoy las grandes alamedas que soñó su mejor Presidente y, en cierta medida, también su semilla tiene que ver en ello. Este homenaje será una nueva oportunidad para confirmarlo.

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