Integración cultural: ¿locura o lucidez?

A más de 20 años de la caída del Muro de Berlín, 11 cubanos narran historias de su estancia en la antigua República Democrática Alemana en el libro Regresé siendo otra persona. Cubanas y cubanos en la RDA, presentado este viernes en la Sala José Lezama Lima del Complejo Morro-Cabaña

Autores:

Manuel Alejandro Valdés González
Yoel Suárez Fernández

«Vinieron a estudiar o a trabajar. Llegaron a un país desconocido y completamente distinto a su patria», tuvieron que lidiar con los «inviernos fríos, la comida insólita y un idioma muy difícil de aprender».

El periodista alemán Wolf-Dieter Vogel describe así la estancia de un número de cubanos en la República Democrática Alemana (RDA), entre los años 60 y la caída del Muro de Berlín, en el prólogo de su libro Regresé siendo otra persona. Cubanas y cubanos en la RDA, presentado este viernes en la Sala José Lezama Lima del Complejo Morro-Cabaña.

Este compendio de 11 entrevistas, editado por la Fundación Rosa Luxemburgo, con filiales en varios países, cuenta con un abundante testimonio gráfico proporcionado por los entrevistados.

El volumen surge como resultado de un «esfuerzo conjunto entre alemanes y cubanos para reflejar su historia colectiva», dijo el fotógrafo de origen guatemalteco Ricardo Ramírez, quien enriqueció con sus imágenes el trabajo.

El autor destacó que la obra muestra un microcosmos de la historia germana muy poco conocido. Agregó que residir en otro país te cambia la vida y te hace mirar tu patria con otros ojos.

Las experiencias de los entrevistados «durante su estancia en la RDA, llevadas consigo a sus hogares, dejaron en sus vidas huellas que prevalecen hasta la fecha», señaló.

René Caparrós Aguiar, uno de los entrevistados, confesó que las diferencias culturales no fueron un impedimento para lograr un acercamiento entre dos pueblos.

De igual forma piensa Ricardo Ramírez, quien visitó un hospital psiquiátrico de Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina, donde convivían serbios, croatas, musulmanes y bosnios. Cuando conocieron que él era latinoamericano, comenzaron a cantar La Bamba y a intercambiar historias. Entonces dijo que era increíble cómo podían estar juntos, compartir y aprender. «Es que todos estamos locos», le respondió uno de los pacientes.

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