Pedrito Calvo: un «loco» enamorado de la vida

Sueños, satisfacciones y algunas reconsideraciones sobre decisiones importantes de su carrera, reveló a nuestro diario el popular cantante

Autores:

Yelanys Hernández Fusté
Susana Gómes Bugallo
Heidy Hernández Piñera

Esta vez las periodistas eran «secuestradas» por el entrevistado, quien confesó su vida mientras manejaba por las calles de La Habana. ¿Qué avenidas de la ciudad prefiere?, le preguntó una de nosotras a este eterno «conductor» de melodías populares.

«Viví mucho tiempo en La Habana Vieja, en calles como Misión, Jesús María... Hasta residí en la Casa de África. Luego me fui a Guanabacoa y ahora tengo mi hogar en Párraga —desde el año 1994—, algo casual porque me inscribieron allí por equivocación cuando vine al mundo. Y me hicieron un favorcito, pues nací en el 41 y me registraron en el 42», nos dice este «sandunguero», con Radio Enciclopedia de fondo, emisora que siempre lo inspira.

Ocultaba sus ojos detrás de aquellos espejuelos casinegros, pero no sus respuestas. Llevaba gorra y chaqueta azules, y pantalón color noche. A la cita no vinieron el chaleco, el sombrero blanco, ni el pañuelo rojo que tanto lo acompañan.

¿Pasea mucho por La Habana? «Me gusta estar con el pueblo. Voy conversando con la gente, me dicen cosas, les respondo. Me meto con ellos, ellos conmigo: ¿Cuántas mujeres tienes? ¿Qué estás haciendo?...».

Y ahí irrumpe el Pedrito Calvo de las imágenes televisivas, el de las fotos, el de aquellas canciones de los Van Van...

—¿Qué no advertimos detrás del carisma, la eterna sonrisa y la voz inconfundible de Pedrito Calvo?

—Soy una persona normal. Cuando escucho a alguien emocionado porque me saludó, me conmuevo. La realidad del pueblo es la más linda que hay. La educación que tengo está regida por la sencillez. Sigo siendo el zapatero que pasaba trabajo en aquella época. Hoy vivo en otras condiciones, pero mis sentimientos son los mismos.

—Los Aries se caracterizan por ser carismáticos y llevarse bien con todos...

—Todos tenemos un encanto. No creo en los signos ni en los santos. Soy ateo. Aún estando en Guanabacoa iba a fiestas de santería, pero les tenía respeto y nunca practiqué nada. Acepto a todos. Cada cual es un mundo.

—¿Está Guanabacoa en esas pequeñas cosas que lo llevan de un día a otro?

—Nombré a Guanabacoa como el pueblo embrujado por las prácticas de santería de algunas personas establecidas en ese lugar. Allí tengo amigos, familia. Siempre es bello recordar el tiempo de la niñez. Cuando voy de visita me fortalezco, porque la gente sigue con el mismo amor y sentimiento de los años aquellos.

«Esa fue mi base de supervivencia porque ahí me convertí en zapatero. Cantaba en todas las zapaterías y me animaron para presentarme a la Corte Suprema, donde gané y me hice Estrella Naciente, en 1957. Tuve esa oportunidad como muchos artistas cubanos. Ese programa tenía un ángel que te hacía triunfar para siempre».

—¿La música llegó a Pedrito o Pedrito a la música?

—Ella siempre ha estado. Comencé con mis inquietudes y he puesto un sello en los diferentes grupos en los que he trabajado. Cuando empecé con la orquesta de mi padre, hice mis innovaciones y me aceptaron.

«Luego pasé por otras agrupaciones, una de ellas, la Orquesta Ritmo Oriental, marcó una tremenda pauta en mí porque hicimos temas muy populares. Después llegué a los Van Van y la historia ya la saben. Siempre he triunfado por mi forma de ser».

—¿Por qué cree que nunca falta la alusión a sus 30 años en Van Van?

—Uno no consigue apartarse de esos años de trabajo. Igual que si la orquesta no nombra el período que estuve allí, entonces queda un vacío de tiempo. No nos podemos separar. Mientras la historia siga hablando de la agrupación, habrá un Pedrito, y para Pedrito habrá Van Van.

«Sigo interpretando algunas de las canciones de la orquesta. No podré alejarme jamás porque la gente con quien me relaciono, me lo pide. Aunque haga mi trabajo actual, siempre hay un momento para tocar aquellos números que hice populares».

—¿Por qué se separó?

—A veces un matrimonio se lleva bien durante 20 años y después, con el tiempo, uno mira los errores que comete, las cosas que no se hicieron bien. En ocasiones, no sabemos esperar para valorar y determinar una ruptura. Siempre pesa cuando hay tantos años de relación o de trabajo».

—¿Quiere decir que se arrepiente?

—No lo estoy, pero sí hubiera valorado más mi actitud. Eso no me ha limitado. Al contrario, he tenido que crecer para seguir trabajando después de tantos años separado de una agrupación que tenía liderazgo. No es fácil empezar de nuevo cuando uno no tiene 20 años. Pero me atreví y me ha ido bien.

«Aunque añoro una parte, estoy complacido porque pude iniciar mi camino en solitario y obtener logros. En muchos casos, los solistas o cualquier músico adquieren una posición comprometida con el grupo. Entonces uno quiere ver si puede más. Fue lo que me pasó a mí».

Tras sus tres décadas junto a Formell, Pedrito decidió formar La Justicia, luego moldeó sus expectativas para crear La Nueva Justicia. Pensamos, quizá, que quería rectificar sus conceptos melódicos.

—¿Qué deudas esperaba saldar con la nueva música?

«Hacer lo que yo quiero», dice sin ruborizarse, pues la pregunta no lo toma por sorpresa. «Aunque antes no me fue mal, uno tiene un patrón en la vida. Soy bolerista. Me gusta interpretar otros géneros y, en ese sentido, estaba limitado. Grabé mi disco de boleros en solitario y agradó. Estoy preparando otras cosas. Creo que voy bien».

Pedrito Calvo piensa que el público lo identifica más con ciertos temas. De Van Van: Marilú, El negro está cocinando, Por encima del nivel (La Sandunguera), La Habana no aguanta más, El negro no tiene na’, La barbacoa, La titimanía... De la Nueva Justicia: Mi mujer y mi ex, Esa rubia no quiere un negro pasma’o, La Mulata...

¿Qué pasa si hay una buena canción y no una voz que la respalde? Pedrito le otorga todo el crédito al intérprete. Dice que cuando «un compositor te entrega su obra tienes que darle las pinceladas. Nunca el autor crea la improvisación, por eso el cantante es importante, porque crea los dicharachos, una palabrita que se pega..., y casi nunca se valora».

—¿Cuánto tiempo le ha tomado este proceso de formar otro grupo?

—Tres años. Fue algo rápido. Aunque empecé al estilo jazz band, ahora todo es más típico. Los músicos son jóvenes y tienen el concepto de los números que hice con Van Van. He recogido esos temas populares porque el público los esperaba, pero el resto son composiciones nuevas.

—¿Qué está haciendo Pedrito para que también se le recuerde con su nuevo proyecto?

—Estoy preparando un disco para este año donde interpreto son, cha cha chá, temas románticos y reguetón —no me voy a escapar de eso, es música y también me gusta como a la juventud. Comienzo a grabar a partir de mayo con la EGREM. Es el segundo álbum con La Nueva Justicia y el sexto en mi carrera en solitario. Además, pueden encontrarme todos los martes por la noche, en la Casa de la Música de Miramar, en la capital.

«Ya estamos organizando una gira nacional, porque nunca he podido hacerla con mi nueva agrupación. Me han dado una oportunidad y espero que todo el pueblo de Cuba me reciba con ese amor que también le voy a brindar».

Llevará a ese periplo por la Isla su buen humor. Ese que le provoca tomar con optimismo cada contratiempo que el destino le impone. «Fui a hacerme la prueba de diabetes, y los viejitos y jóvenes —el “azúcar” es para cualquiera, caballero— con amor y cariño hacia mí me dijeron: “¡Pero tú también!”, y les respondí: “¡Pa’ la azúcar!”.

Es que Pedrito tiene ángel. Eso dicen de quienes logran empatía con sus semejantes y son ejemplo para asumir la cotidianidad. Aquella tarde de revelaciones, con su particular y contagiosa sonrisa, nos comentó los secretos de su felicidad: «Estoy muy satisfecho con mi trabajo y cada día me empeño para que todo quede mejor. Tengo ansias de seguir haciendo, por eso practico deportes, para mantenerme en forma. Me levanto por la mañana con deseos de brincar y saltar. Tengo ganas de guarachar, de vivir, y estoy enamorado como un loco».

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