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La favorita, llorar sigue siendo un placer

La favorita resultó una telenovela llena de puntos de giros inesperados e incluso atractiva, cuando avanzó como un drama psicológico que partía de una premisa policial

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

«El juego acabó, Flora. ¡Jaque mate!», le dice Silverio a la mujer psicópata que durante 160 noches de la vida de los televidentes cubanos, ha matado, chantajeado, humillado..., lo mismo a sus temerosísimas víctimas que a sus secuaces. Y aunque había sido anunciado el final ya de La favorita, donde irremediablemente el bien triunfará, uno «teme» que el ciclo vicioso inicie otra vez cuando, cual ave Fénix, Flora se incorpore, y todos —principalmente Donatela—, comiencen a llorar y a temblar.

No es infundada la sospecha para quienes siguieron La favorita y estaban conscientes de que presenciaban el más típico de los folletines. Y es que el resurgir de la «reina de las malvadas» equivalía a que recomenzara el otro juego (más desleal que el de Flora) con un público que sin duda se sentiría burlado y, aún más, manipulado emocionalmente. Justo eso hizo por meses el guionista Jõao Emanuel Carneiro, al desarrollar esta trama de dos amigas de la infancia que se transforman en furibundas rivales. Por suerte, el final llegó.

De cualquier modo, no hay por qué sonrojarse al asumir que a buena parte de los cubanos les satisface este tipo de melodrama, seguramente porque gracias a Félix B. Caignet, lo traemos en nuestros genes con la misma firmeza con que lo porta medio mundo porque, todavía, en pleno siglo XXI, llorar sigue siendo un placer.

Esa será la razón por la cual hemos acompañado, como buenos cómplices, las lágrimas interminables de Donatela (Cláudia Raia), tan buena, tan sana, tan come... dida; y la inteligencia y picardía de Flora (Patrícia Pillar), tan diabólica, tan perversa, tan esquiva, siempre saliéndose con la suya (por la bobería extrema de los personajes marcadamente positivos), mientras algunos en casa han acabado por comerse las uñas a pesar de saber de antemano cómo iba a terminar todo.

Ya conocemos que en Cuba muchos clasifican dentro del grupo de los amantes fervientes de este tipo de propuesta televisiva. Basta con pasar cualquier martes, jueves o sábado por un lugar público como puede ser una terminal de ómnibus, y encontrar, emocionados y en vilo, rostros de todo tipo, sexos y edades, pendientes de los desenlaces de cada capítulo. Igual ocurre en una parte importante de nuestros hogares, como lo demuestran los estudios de audiencia del Centro Investigaciones Sociales del ICRT, los cuales informan que, generalmente, los habitantes de esta Isla prefieren estas telenovelas por encima de las realizadas aquí, aunque estemos hablando de propuestas sólidas al estilo de Diana, o polémicas como Aquí estamos.

Así y todo, si conocíamos desde un principio que Jõao Emanuel Carneiro se propuso «subvertir» el folletín latinoamericano y nos preparamos para ver exactamente eso y no otra cosa, entonces habría que decir, en honor a la verdad, que La favorita consiguió ser —principalmente en la primera parte— una telenovela entretenida, ágil e imaginativa. No se le puede negar el oficio al también escritor del recordado Castillo Ra Tim Bum y del multipremiado filme de Walter Salles, Estación central, nominado al Oscar a la mejor película en idioma extranjero en 1998.

Sin ningún rubor, Jõao Emanuel Carneiro asumió las claves del género: un núcleo dramático principal (y no pocas subtramas para  evitar el desgaste de la historia, lo que al final no consiguió), donde se contraponen el bien y el mal, y no faltan los triángulos amorosos, las identidades ocultas, las intrigas, las traiciones... Si a ello se le añade el humor y una alta dosis de suspenso al darle cabida a asesinatos, juicios, cárcel, chantajes..., entonces la pantalla está servida, y el éxito casi asegurado.

Mientras Carneiro no puso las cartas sobre la mesa, presentó dos versiones de una misma historia donde no se sabía quién estaba diciendo la verdad, y no dio a conocer que Flora, la supuesta víctima, era la asesina, La favorita resultó una telenovela llena de puntos de giros inesperados e incluso atractiva, cuando avanzó como un drama psicológico que partía de una premisa policial.

Lo que sí está claro es que La favorita no es Vale todo. Aquí los temas sociales y polémicos (los más candentes tratados en tono de farsa) aparecían como telón de fondo. Divorciada de todo realismo, solo interesaba la clásica trama de amor y odio, en la que los errores tarde o temprano se pagan y los «malos» reciben su castigo. Algunos, por supuesto, más que otros, como la infiel Dedina (Helena Ranaldi), condenada a morir por desear repartir sus favores entre Elías (Leonardo Medeiros) y Damián (Malvino Salvador), mientras reformaban de un episodio al otro a un político corrupto y traficante de armas como Romildo Rosa (Milton Gonçalves).

A pesar de que La favorita consiguió el mayor índice de audiencia de Globo en cinco años, desde que exhibiera Señora del destino, sucedió que tras evidenciar en un inicio un ritmo casi frenético, se convirtió en más de lo mismo cuando ya no había dudas de que el escritor solo estaba ganando tiempo, y en las postrimerías se volvió más que reiterativa (lo peor: ese último capítulo, realmente desesperante), pero para entonces ya todo el mundo estaba «enganchado».

Claro, también era más soportable por el placer de disfrutar de la indudable calidad de las actuaciones, encabezadas por Patrícia Pillar, quien se graduó como una de las mejores psicópatas de los últimos años en la televisión. Por eso se entiende perfectamente que cuando se transmitió La favorita en Brasil (se exportó a más de cien países), la Pillar: natural y exquisita en sus transiciones, significativa sobre todo en escenas como aquella en la cual lleva a cabo el frío asesinato de Gonzalo Fontini (Mauro Mendonça), fuera elegida la Personalidad del año por la afamada revista Istoé Gente y obtuviera casi todos los premios a la Mejor Actriz que se conceden en el gigante sudamericano.

Tampoco extraña que se haya reconocido el creíble desempeño de Murilo Benício (Dodi). No se puede decir lo mismo de las distinciones a Cláudia Raia, quien incorporó una expresión de mujer sufrida y llorosa que no la abandonó jamás, quizá porque su personaje no tuvo el trazado ni la complejidad psicológica que el de su antagonista. Meritoria resultó la labor de Lília Cabral (Catarina), quien fue capaz de decirlo todo con su mirada, aunque definitivamente los villanos, plenos de matices, se llevaron las palmas, al completar la nómina de los más sobresalientes: Ary Fontoura (Silverio) y Milton Gonçalves.

En favor de esta producción habla también el quehacer de Ricardo Waddington, responsable de la dirección de arte y general. Y es que La favorita mostró una edición, iluminación, banda sonora, diseño de vestuario, decorados y ambientación, ciertamente destacables.

Con toda seguridad, idénticos atributos acompañarán a Ciudad Paraíso, que desde ayer ocupó el espacio de La favorita. Y es que si a algo le sabe Rede O Globo es a este suculento negocio de las telenovelas. Ciudad Paraíso pertenece a Benedito Ruy Barbosa, autor consagrado de grandes éxitos de ventas internacionales, como la popular El rey del ganado.

Protagonizada por Eriberto Leão (Zeca-José Eleuterio), Nathália Dill (María Rita), Vanessa Giácomo (Rosinha) y Reginaldo Faria (Eleuterio), esta telenovela dirigida por Rogerio Gomes, narra la historia de un joven peón (Zeca), a quien todos llaman «el hijo del diablo» —como lo apodó su padre—, que retorna a Paraíso donde descubrirá a «Santa» (esa es la añoranza de su madre, quien sueña con ver a su hija María Rita convertida en monja). Nacerá un profundo amor que se pondrá en peligro, cuando el muchacho tenga un accidente y María Rita prometa que se alejará de él con tal de que se cure.

Ciudad Paraíso es una versión de la producción homónima de 1982, y según Raphael Corrêa Netto, director de Ventas Internacionales de la compañía, «trae enfoques sobre las políticas agrarias, el medio ambiente, el alerta sobre la deforestación y el desarrollo social, pues muestra la llegada del progreso a la pequeña ciudad ficticia que da título a la novela. Todos estos temas son acompañados por romances, un poco en tono de comedia, e historias contadas alrededor del fogón».

Rodada en Minas Gerais, Mato Grosso y Río de Janeiro, y con un elenco que completan Mauro Mendonça (Antero, a quien acabamos de ver en La favorita), Cássia Kiss (Mariana), Soraya Ravenle (Zefa), Carlos Vereza (Padre Bento), Fernanda Paes Leme (María Rosa Albuquerque), Alexandre Nero (Terencio), Cristiana Oliveira (Zuleika), Leopoldo Pacheco (prefecto Norberto Medeiros) y Bia Seidl (Aurora Medeiros), entre otros, Ciudad Paraíso ha conseguido altos índices de audiencia en los países donde se ha exhibido. Ello pronostica que serán otras cien noches durante las cuales muchos continuarán pegados al televisor, y quién sabe si hasta comience a clasificar entre una de sus favoritas. Ya veremos.

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