Dos Prometeos buscan la luz

Hace tres décadas quedaron sepultados por el falso techo de la Biblioteca Central de la Universidad de La Habana, los murales al fresco que en 1945 realizara el destacado pintor y escultor Domingo Ravenet

Autor:

Julieta García Ríos

Una imagen lo atrapó para siempre. En vano preguntó a sus compañeros por el autor. Nadie sabía. Levantó la mano y dirigió la misma interrogante a la profesora de Panorama de la Pintura Cubana del siglo XX. Ante sus ojos fascinados desfilaban diapositivas de la labor de los principales artistas en las más representativas publicaciones de la época: Espuela de Plata, Verbum, Avance, Nadie Parecía…

El incidente, ocurrido el 11 de noviembre de 1976, quedó para siempre en la memoria de Antonio Fernández Seoane, entonces estudiante de tercer año de Historia del Arte. En esa ocasión escuchó por vez primera, en voz de la profesora, el nombre de Domingo Ravenet.

—¿Quién es?, insistió. Y una frase cortante fue dada por respuesta: “Después hablamos”.

Ese día Fernández Seoane, hoy director de la Galería Villa Manuela, se cuestionó una y mil veces si la lacónica expresión atendía a su ignorancia —llegar al tercer año de la carrera sin conocer quién era ese hombre que le estaban presentando— o si había algo preconcebido detrás de la actitud esquiva de la conferencista. Luego de cavilar sobre el asunto, él tuvo la convicción de que algún día sabría con certeza quién era Domingo Ravenet.

Después de algunos años de graduado se detuvo frente a una casa que, al igual que la diapositiva, lo enamoró desde el primer vistazo. Alguien le dijo que allí residió un pintor llamado Domingo Ravenet, y que su viuda aún vivía. Fue ese el camino que lo condujo a ser uno de los pocos estudiosos de la vida y obra del artista, labor desempeñada durante más de 20 años.

“El mundo de Ravenet está envuelto en un halo de incertidumbre con respecto a su obra, y la historia de los murales al fresco de la sala de lectura de la Biblioteca Central de la Universidad de La Habana, es una de las más terribles”. Así comenzó el diálogo con las páginas de nuestro diario.

—¿Por qué terrible?

—Estos son sus más contundentes murales al fresco, de una belleza sorprendente. En ellos se aprecia un elemento que está latiendo constantemente en la obra de Ravenet, donde su pintura salta al volumen y el volumen salta a la pintura. Eso es lo que sucede con los dos Prometeos de la sala de lectura de la Biblioteca Central, primer edificio que se construyó en Cuba en 1937 con el propósito exclusivo de la búsqueda y lectura de libros.

—¿Cuándo y por qué tapiaron entonces los murales?

—Todo apunta a que el enclaustro debió realizarse entre 1973 y 1975, época en que los horarios de clases se extendían hasta la noche y que en la biblioteca se prestaban servicios nocturnos. Aunque contaba con una veintena de lámparas art decó en las paredes, la iluminación era deficiente a esas horas. El personal que allí trabajaba, los estudiantes que solicitaban el servicio, se quejaban constantemente de este problema. La demanda se hizo fuerte y solicitaron una solución.

“Con una idea muy festinada se mandó a hacer el falso techo para bajar las luces y dejaron enclaustrados los murales dentro del mismo”.

—¿Desde entonces nos han privado de estos frescos?

—Por supuesto, es lamentable esa solución, pero lo peor es que no dio resultado, porque más tarde hubo que ponerles luces individuales a las mesas de trabajo, medida que debió ser tomada desde un inicio.

“En la investigación que he realizado con ingenieros y arquitectos, todos conocen el problema y desconocen qué le habrá sucedido a estos murales. Coinciden en que esa cavidad acumula mucha humedad (estamos hablando de un espacio cóncavo).

“Hay un hueco por un lado, pero no se ve nada, la humedad y la poca circulación de aire deben estar destruyendo los murales”.

—Se dice que son obras con un discurso muy trasgresor para la época. ¿Cómo lo aprobaron?

—Evidentemente no interpretaron su mensaje. Pienso que los Prometeos son tan majestuosos, tan formidables desde el punto de vista artístico, que nadie reparó en el discurso que Ravenet estaba haciendo a través de sus frescos. Domingo Ravenet utilizó a Prometeo en dos versiones plásticas de su real epopeya: el encadenado y el emprendedor de la búsqueda del fuego. Lo primero que llama la atención es el dramatismo del personaje, dado en la expresión y en las tensiones de un cuerpo “esculpido” en formidables músculos.

“Su doble Prometeo gana en teatralidad: tiene un rostro angustiado, pero lleno de esperanzas; un cuerpo que comienza a ser mutilado, pero que se transforma y alarga para alcanzar el propósito anhelado.

“La obra es también un canto de rebeldía, hecho líneas y planos, color y estructuras, ritmo y perspectivas. Su Prometeo Encadenado representa al joven cubano ávido de sabiduría, encarcelado en las tinieblas de la ignorancia nacida de aquella falsa república y que en la obra toma cuerpo en el águila imperial, la del vecino del Norte, que se empeña en truncarle la vida.

“Aquí Prometeo es cuidado por Cuba, que aparece representada por esa dulce mujer que sana las heridas de su hijo torturado, y que lo incita a la búsqueda de la luz. Es así como el discurso del artista resulta una denuncia de la época de los años 40.

“En cambio, su otro Prometeo, el que va en busca del fuego, no se limita en la supuesta irreverencia. El fuego es la luz que romperá las angustias del forzado ayuno del saber cubano. El esfuerzo de este Prometeo suyo es cruento y dramático, tratándose de alcanzar la meta ambicionada por el bien común”.

—¿Cómo puede describirlos de tal forma si nunca los ha visto?

—Mi valoración la hago a partir del estudio y observación de las fotos originales.

—¿Por qué se refiere a la obra de Ravenet como un destino fatídico?

—Porque no se tiene en cuenta su obra. Ravenet fue quien inició el camino de la curaduría cubana. Las principales exposiciones que se hicieron en la primera mitad del siglo XX, incluyendo 300 años de arte en Cuba, una “megacuraduría” no superada en estos momentos, la hizo él. Sin embargo, no se aprobó la propuesta para que el Premio Nacional de Curaduría llevara su nombre.

“A Ravenet le debemos la introducción de la pintura matérica en Cuba, esa que se trabaja a partir de añadir al pigmento arena, tierra, vidrio… que dan textura a la obra.

“Él fue el primero que empleó la varilla de hierro fundida para la escultura de pequeño formato de orientación abstracta, además de la práctica sistemática de la escultura monumental.

“También fue un adelantado en la abstracción, aun cuando no se había conformado el grupo de los once; y en la pintura mural al fresco, lamentablemente derribadas en muchos de los casos.

“Si tuviésemos que calificar a Domingo Ravenet diría que fue un artista multifacético, porque además ilustró libros y revistas y hasta trabajó la cerámica”.

Luego de este diálogo muchas preguntas quedan en pie, algunas con mayor intensidad. Los bocetos se conservan, pero, ¿qué hay de los Prometeos ocultos durante tanto tiempo? ¿Todavía existen? ¿Volverán a ver la luz?

Epílogo

Tras las huellas de los Prometeos, esta reportera conversó con la doctora Bárbara Susana Sánchez, directora de la Biblioteca Central Rubén Martínez Villena, de la Universidad de La Habana, quien expresó que por parte de la institución existe un deseo muy grande por rescatar a las pinturas del enclaustro. “Varias personas han intentado apoyarnos en este empeño pero en la práctica no ha sido posible”.

Comentó que en enero de 1997 se realizó un estudio preliminar para la reparación del inmueble. La Empresa de Proyectos de la capital elaboró en aquel momento el dictamen técnico registrado en el informe. “A Alfredo Sánchez Lara, ingeniero principal de la Universidad, se le mostró el documento que se presentaría como propuesta de un convenio de colaboración con la universidad del país vasco, pero todo indica que no pudo realizarse”.

Sánchez Lara declaró a nuestro diario que no es tarea fácil desmontar el falso techo que cubre las obras, pues “se trata de una estructura muy sólida, no tan ligera como las que se usan actualmente.

“En estos momentos no existe proyecto de intervención alguna en la Biblioteca Central, pues de inmediato hay otras prioridades —puntualizó—. Sin embargo, en un futuro sí está prevista la reparación del edificio”.

(Artículo publicado originalmente el 22 de enero de 2006 en Juventud Rebelde)

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