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Los músicos estadounidenses del proyecto Metales a La Habana encontraron en sus alumnos disciplina, mucha atención y, sobre todo, calidad

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

El saxofonista y clarinetista Victor Goines pidió a cuatro futuros artistas que improvisaran con sus voces lo que harían con los instrumentos.

El grupo de alumnos, pertenecientes a la enseñanza elemental de música en la capital, lo miró con sorpresa, mas no quisieron contrariar al profesor norteamericano e integrante de la Orquesta de Jazz del Lincoln Center de Nueva York (JALC, por sus siglas en inglés).

El ejercicio, que duró minutos, tuvo lugar el jueves último en una de las aulas de la Residencia Estudiantil, ubicada en Centro Habana. Para asombro de la audiencia, los discípulos, luego de perder el temor inicial, descargaban en tono de jazz y se les coloreaban los rostros con ese disfrute que sienten los músicos en el escenario.

«Es que aprendí otras formas de improvisar, de tocar la flauta y algunos conceptos teóricos a tener en cuenta», confesaba a nuestro diario Abel Pompa Ávila, de la escuela Alejandro García Caturla.

La lección cumplía entonces con su propósito. Igual resultado se repitió en la Escuela Nacional de Arte y en los conservatorios Guillermo Tomás y Amadeo Roldán. Todos fueron espacios escogidos por el proyecto Metales a La Habana, que agrupa a músicos y lutieres estadounidenses quienes, desde el pasado miércoles, impartieron clases de jazz y repararon instrumentos para estudiantes cubanos.

La idea

Fue justamente en el avión, luego de la estancia de la JALC en la capital cubana en octubre de 2010, que el bajista Carlos Henríquez comentó del deseo de regresar y compartir con los estudiantes.

«Erick Wright, nuestro productor, comenzó con los arreglos y nos ha tomado un año hacerlo», explica Henríquez a JR. «Metales a La Habana es una organización que se dedica a ayudar con instrumentos a la Isla y, encima de ello, integra a los lutieres».

Henríquez asegura que muchos artistas de su país acogieron la iniciativa: «Primeramente, el trompetista Wynton Marsalis, la JALC y una lista bien grande», precisa.

La razón es una y esencial, según Victor Goines: «Llevo años trabajando con los estudiantes de música del mundo, pero los de Cuba son profundamente especiales. Tienen un gran amor por la música y son muy humanos. Entonces, es muy fácil enamorarse de ellos».

Lecciones de arte y vida

¿En qué consistieron las clases? ¿Cuál fue la metodología empleada? Básicamente, los instrumentistas norteamericanos utilizaron la experiencia adquirida en la escena y la compartieron con los muchachos.

Carlos Henríquez apunta que comenzaron siempre con las conferencias «para cada instrumento, que tomaban una hora y media. Luego hicimos una sección rítmica de una hora y finalizamos con una reunión de todos los participantes, donde contestábamos las preguntas del auditorio».

Para Victor Goines, «lo más importante fue poderles comunicar cómo hacemos exactamente el jazz y aprender de ellos. Porque la enseñanza siempre es una relación recíproca».

Los maestros encontraron en sus alumnos disciplina, mucha atención y, sobre todo, calidad. «Hay talento aquí y se le hace fácil a un profesor hablar de música, porque ellos ya tienen lo básico», subraya Carlos Henríquez, quien señala que un concierto en el Teatro Nacional puso punto final a esta estancia en la Isla.

Pero, más allá del período lectivo y las presentaciones, Metales a La Habana sumó a varios lutieres quienes, junto a sus colegas cubanos, repararon cerca de 70 instrumentos.

El técnico Brian Katz se siente afortunado por estar aquí e invitará a más norteamericanos a sumarse al proyecto. «Los cubanos tocan tan bien los instrumentos, incluso antes de arreglarlos, que nos motiva mucho ayudarlos a tocar mejor», dice.

Para Armando Gómez Pino, profesor de tecnología básica de la Escuela Nacional de Música, esta es una experiencia muy positiva y provechosa tanto para los estudiantes del Taller de Lutería de la Oficina del Historiador de la Ciudad, como para los técnicos cubanos participantes.

Refiere Armando que por más de 15 años ha intervenidoxz en una iniciativa llamada Enviar un piano para La Habana, la cual «ha posibilitado la llegada de alrededor de 240 instrumentos a la Isla. Lo diferente de esta experiencia es que ahora hemos trabajado lutieres de diferentes instrumentos juntos».

Conexión con cuba

Ya están en la capital cubana los instrumentos para cuatro orquestas de jazz. Con un valor de alrededor de 70 000 dólares, Metales a La Habana ha donado estos módulos a la escuela elemental de música Manuel Saumell, los conservatorios Guillermo Tomás y Amadeo Roldán y a la Escuela Nacional de Arte (ENA).

Susana Llorente, vicepresidenta del Instituto Cubano de la Música, afirma que la donación se hizo «a los centros que fueron visitados el año pasado por la Orquesta de Jazz del Lincoln Center de Nueva York.

«El paquete incluye además instrumental de trabajo para lutieres y accesorios para el arreglo de los instrumentos de viento del taller de reparación de la ENA».

Para el músico Carlos Henríquez solo hay una premisa: «Tenemos que seguir, como dije en la primera visita, porque el intercambio debe continuar construyendo puentes».

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