En bienal habanera, indio TV Santhoch y su tributo a Hiroshima

El artista indio TV Santoch en la cita del arte visual habanero recurre a las nuevas tecnologías para acercar a los más jóvenes al criminal bombardeo atómico de la ciudad japonesa de Hiroshima

Autor:

Juventud Rebelde

El artista indio TV Santhoch recurre a las nuevas tecnologías para acercar a los más jóvenes a uno de los horrendos crímenes de la historia de la humanidad: el bombardeo atómico de la ciudad japonesa de Hiroshima, destaca PL.

Ante la mirada del espectador, la propuesta de TV Santoch en la cita del arte visual habanero simula una pizarra informativa de cualquier aeropuerto, por las letras en rojo que corren de manera continua en ocho pantallas LED recubiertas de acrílico.

Pero a diferencia de esas con datos sobre salidas y arribo de vuelos aéreos, su Habitación para rezar trasmite el testimonio de Yoshitaka Kawamoto, un joven japonés de 13 años en aquel entonces, sobreviviente de ese brutal acontecimiento del 6 de agosto de 1945.

Una réplica de la alargada mesa de la última cena ubicada al centro evoca el pasaje bíblico. Sobre ella, otra pantalla individual narra en cinco minutos las vivencias de Kawamoto.

Al fondo y en ambos laterales recubre el set siete paneles blancos de casi 500 libras confeccionados con fibras de vidrio. Es el sepulcro de una cantidad incalculable de huesos humanos que ofrece otro mensaje lapidario: la primera imagen de ese adolescente al despertar en el instante que lo vertían en una fosa común.

En sus paredes 12 relojes descuentan 60 segundos, el mismo tiempo previsto entre la detonación de la bomba y la formación del hongo atómico, el intervalo entre la vida y la muerte.

Fui afortunado aunque no pude sostenerme en pie durante un año. Estaba muy débil y dos semanas después del estallido comencé a perder el pelo y todos los vellos de mi cuerpo, relata Kawamoto.

Perdí la visión durante tres meses a causa de las radiaciones. Era un joven de 13 años, pero seguí creciendo, narra su testimonio.

El artista indio regresó ya a su país, pero Rafael del Prado, un joven instructor de arte, explica detalles sobre este proyecto a los visitantes del Gran Teatro de La Habana, donde se emplaza la instalación.

Al caer la tarde, relató a Prensa Latina, disminuye la intensidad de la luz en este salón. Las letras rojas se confunden y las pantallas parecen un río de sangre. Le comenté mi percepción a TV Santhoch y me dijo: esa fue mi intención, relató.

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