Caso abierto (I)

Cada vez es menos sigiloso y más expansivo el consumo de productos audiovisuales ajenos a los valores éticos y estéticos que promueven la sociedad y la cultura cubanas

Autores:

Yelanys Hernández Fusté
José Luis Estrada Betancourt
Jaisy Izquierdo
Luis Raúl Vázquez Muñoz
Aracelys Bedevia
Lourdes M. Benítez Cereijo
Litzie Álvarez Santana
Elayna Espina Sierra
Adianez Fernández Izquierdo

Una madre transexual que implora que no le quiten al hijo, una mujer que le «reclama» a un melón perforado, convertido en la «amante» inesperada de su marido; un hermano que quiere cobrar venganza, un hombre que tiene relaciones sexuales con una vaca, una señora que reclama las cenizas de su hijo que se suicidó a los 16 años, un pene clonado, cocineras desnudas, vampirismo... Esos han sido algunos de los conflictos más «conmovedores» que presentan a la audiencia televisoras extranjeras expertas en manipulación y en jugar a sus anchas con el dolor humano.

Dos de sus 14 años lleva Yuneisy Frómeta convertida en confesa fan número uno de este tipo de espacios. Según reconoció a Juventud Rebelde, con frecuencia no se concentra en la clase pensando en la santa hora en que llegará a su casa, tirará los libros y libretas en una esquina, y se prenderá al DVD.

Pero ya sabemos que la joven vecina del capitalino municipio de Playa no constituye una excepción en la Cuba de hoy, víctima, como el resto del mundo, de la invasión aguda de audiovisuales, sobre todo foráneos, que alejados del arte, buscan aniquilar los valores éticos y estéticos que forman parte de nuestros conceptos de sociedad y de cultura.

Lo demuestra un sondeo realizado por el diario en La Habana a una muestra de cerca de un centenar de personas, cuyas edades oscilan entre los 17 y 40 años. De ellos, un grupo significativo expresó su marcada preferencia por estos productos audiovisuales puestos al servicio del mercado, por encima de propuestas del patio como las que vienen de la Televisión nacional y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

Como tendencia, los encuestados consumen en mayor medida el DVD, porque les da la posibilidad de decidir qué tipo de programas ven y en qué momento lo hacen. Aseguran estar conscientes de que se trata de materiales banales, pero entretenidos, desestresantes.

A Leidy Rodríguez Peña, de 20 años, estudiante universitaria, radicada en Boyeros, le complacen, por ejemplo, las comedias románticas y las películas de acción, también las series y musicales. «En ocasiones, me aportan conocimientos pues reflejan temas diferentes. Cierto que no me ofrecen ninguna información significativa, pero es preferible antes de elegir la programación de la TV cubana, la cual se ha vuelto muy aburrida, y repite los filmes una y otra vez».

Esa última es la razón que convida a la cosmetóloga Mónica Arias Delgado (27 años), de Plaza de la Revolución, a perseguir las series. «Una está al tanto de la moda, adelantos científico técnicos. Definidamente me divierten, aunque estoy clara de que no me aportan nada positivo y no se pueden tomar como referencia para la vida, ya que la realidad es diferente».

Como «enferma» a las telenovelas se autocalifica Marielis Corzo Peña (32), ama de casa, de Marianao. «Siempre alquilo alguna, mexicanas casi todas, porque me gustan. Me paso el día sola y no tengo nada más que hacer. Ahora estoy viendo, por tercera vez, La hija del mariachi, que me encanta, al igual que Caso cerrado y Pequeños gigantes. Me fascina ver las ropas, la gente, quién gana al final, esos programas te hacen pensar, porque tienes que ponerte de un lado o de otro... Y Nuestra belleza latina es para soñar. A las concursantes las obligan a ser mejores, pienso que algo te llevas cuando ves esas cosas».

Alberto Carbonell Rodríguez (25), estudiante universitario que vive en el Vedado habanero, sin embargo, no concuerda con Marielis. «No sé por qué la gente critica tanto la televisión, cuando en ella se exhiben magníficas películas. ¿Quién ha dicho que uno no se puede entretener con un filme de calidad: bien actuado y dirigido, con una fotografía y un tema sugerentes? Lo que pasa es que hemos asumido que el ocio tiene que ser sinónimo de patadas y puñetazos, de tiroteos, sexo y superhéroes invencibles. Y no es que eso esté mal, pero existen otras opciones que a veces minimizamos, como si estuviéramos prejuiciados sin ver de qué se trata.

«De todas maneras me preocupa, destaca Alberto, que sea tan complicado alquilar en nuestras videotecas —porque eso no les interesa a los cuentapropistas— películas consideradas clásicos que una persona que se preocupa por cultivarse no debería pasar por alto. Si acaso te empatas con El padrino, pero no se va más allá».

Como Alberto, Aliuska Hernández Saavedra, licenciada en Español (La Lisa, 30), es una cinéfila empedernida. «Mis padres me enseñaron a disfrutar del buen cine, de arte, de calidad. Por eso siempre estoy detrás de las semanas dedicadas a diferentes cinematografías —me fascinan la alemana, la iraní y la española—; el Festival de cine francés o los ciclos que anuncia el ICAIC, como De terror y otros horrores; Gánsteres, mafia y crimen organizado, o las mejores producciones de Kim Ki-Duk. Propuestas de ese nivel de calidad, que enriquecen la espiritualidad de uno, solo se pueden hallar en los cines, aunque bien pudieran alquilarse o brindarse en servicio de préstamo».

Si Roger González Pérez (23), técnico medio en Informática, de Arroyo Naranjo, pudiera escuchar a Aliuska, quizá exclame: ¡No estoy pa’eso! «Lo mío es el DVD: es más cómodo, selecciono lo que me gusta (acción, dramas románticos, aventuras, musicales y deportivos), en el momento que decida. ¿Que si me influye de cierta manera lo que veo? No soy capaz de definirlo. Tampoco pienso en eso».

Esta situación ha llegado a convertirse en un «conflicto» familiar, a la hora de decidir quién y qué se verá en la pequeña pantalla de casa, después que arriba el «combo» (disco con grupos de filmes agrupados por actores, géneros, temas...). Así sucede con los Hernández Rodríguez del Cotorro, que semanalmente adquieren un paquete (series, películas, shows, Discovery...) tomado ilegalmente de la televisión por cable. Y es que Mairín, 17 años, estudiante de preuniversitario, se decanta por las series españolas y estadounidenses al estilo de Hermanos Rebeldes, Esposas desesperadas y Una vez hace mucho tiempo (Once Upon a Time). «Bueno, también me desvivo por los realities shows donde me entero de los chismes de los artistas, de la moda...».

Su hermano Arián (13), de secundaria, no entiende cuando sabe que llegaron los muñequitos manga como Naruto y Final Fantasy, mientras a su padre Roberto (45), técnico medio, le complace soltar adrenalina. «Búscame las series policiacas (CSI Las Vegas y Nueva York), que puedo cambiar cuando se trata de las películas de acción y los Discovery o programas como Difícil de creer y Videos asombrosos)».

Todos en la casa hallan reacia competencia en Carmen (44), ama de casa, fanática a las telenovelas. «Las que ponen en la TV y las que alquilo. Mi tiempo lo comparto con ellas y shows, aunque últimamente me he dejado influir por Alicia, mi vecina, quien me ha arrastrado para que vea Anatomía de Grey, Diario de un vampiro, Los protegidos, las galas de los Óscares, Grammy latinos, Viña del Mar...».

Sal y pimienta

Lo que sucede en La Habana, ya encontraba reflejo en el resto del país, incluso en los años 2008 y 2009, cuando el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello llevó adelante la segunda Encuesta nacional sobre prácticas de consumo cultural. Entonces fueron entrevistados 1 522 adolescentes de 12 a 14 años; y 3 383 personas mayores de 15. Según los resultados del importante estudio, el 77,3 por ciento del primer grupo veía video o DVD (el 49,6 escogía también jugar u observar videojuegos), mientras que del segundo, el 74,3 lo realizaba al menos una vez a la semana (10,5 aseguraba no hacerlo nunca). Solo que en el mencionado período no estaban considerados el alquiler y la venta de productos audiovisuales dentro del cuentapropismo, lo cual le concede otro matiz a este fenómeno en la actualidad.

Ahora en Artemisa, provincia muy cercana a la capital, esta problemática del consumo a pulso de materiales chatarra es más apreciable, tal vez, también, por la escasez de instalaciones cinematográficas y de espacios para fomentar una cultura en la población para valorarlos críticamente.

Lo más grave es la poca percepción, en particular de los jóvenes encuestados, de la influencia de los audiovisuales en su formación como seres humanos. Danais Cabrera, adolescente caimitense, está convencida de que estos no inciden en ella, pero, declara, «me gusta imitar a las protagonistas de las novelas. Daría cualquier cosa por parecerme a ellas».

Si a los jóvenes entrevistados se les interroga por clásicos de la cinematografía mundial, las caras cambian y la respuesta no se hace esperar: «Eso es un clavo». El tema presenta diferentes caras dentro de la misma provincia, en dependencia de los municipios. Si bien la vida cinematográfica es mayor en territorios como Artemisa y San Antonio de los Baños (donde está enclavada la Escuela Internacional de Cine y Televisión), otros como Alquízar carecen de sitios para provocar un desarrollo a favor del buen gusto en sus habitantes.

De hecho, personas como Yuly García, una muchacha alquizareña, lamenta la no existencia en su localidad de un cine. «Me atraen un mundo las películas y me agradaría verlas más en un cine, como antes; pero solo tenemos pequeñas salas de video, en malas condiciones, y no se le da la promoción suficiente a las propuestas que realizan».

Según encuestas aplicadas en este territorio, estudiantes universitarios y trabajadores de sectores como Educación y Cultura, se inclinan por series identificadas por la crítica como productos de calidad estética, películas reconocidas, con premios importantes a nivel mundial, filmes cubanos, y de manera casi unánime desdeñan el show banal y la novela comercial.

En la Universidad de Ciencias Pedagógicas del territorio, por ejemplo, llevan adelante, con cierta frecuencia, actividades encaminadas a formar a los jóvenes en este sentido. Alejandro Batista, presidente de la FEU, habla de lo efectivo que pueden ser los videodebates. «Esa experiencia ha sido buena para nosotros y como parte de las actividades extensionistas hemos intercambiado incluso con actores de primer nivel del país. Eso ha sido importante para nosotros y ha ayudado, en parte, a ofrecerles herramientas a los alumnos de nuestra universidad, que serán los futuros maestros».

Sin embargo, lo que ocurre en dicho plantel no se verifica con frecuencia en otros lugares, aunque hay experiencias que pudieran retomarse, como algunas que en otras épocas cobraron auge en Cienfuegos. Allí el especialista Jorge Luis Lanza opina que en estos tiempos, cuando las nuevas tecnologías de la comunicación facilitan que la seudocultura reine por doquier, «contradictoriamente los cineclubes agonizan por la involución y el decrecimiento. Es lamentable que se vaya extinguiendo ese hábito de reunirse con el fin de debatir sobre la estética del cine como arte. Y aunque algunos todavía funcionan, ya no lo hacen con el vigor y el esplendor de antaño.

«No obstante, dice, se mantienen algunas alegrías relacionadas con el cineclubismo, como el evento Jorge Villazón in Memoriam, que nació en San Fernando de Camarones».

La realidad es que en la Perla del Sur resulta normal que los espectadores se mantengan al tanto de los productos más taquilleros fuera de fronteras en los diferentes géneros. «Aquí también funciona lo del rating», afirma el vendedor y comprador de discos Heydrix González Alfonso, quien lo tiene muy en cuenta a la hora de anunciar su mercancía.

Heydrix sabe que su negocio está garantizado por abuelitas como Sonia Rivero: «Sin mis novelitas diarias ya no puedo vivir; mis cinco pesos para alquilarlas son sagrados», señala. «Y mis nietas chiquitas se sientan conmigo a verlas, porque las tramas son más interesantes, tienen mayor cantidad de personajes, muy atractivos físicamente».

¿Prácticas privadas?

«¿Mi competencia?», interroga con los ojos al equipo de Juventud Rebelde el avispado Heydrix González Alfonso: «Los otros cuentapropistas que se dedican a este negocio, porque los cines y las videotecas no cuentan, tampoco la Televisión cubana», sentencia, seguro de que por ahora el trono les pertenece a lo largo y ancho del país.

Una indagación entre jóvenes universitarios de Ciego de Ávila le da la razón. En una dinámica que tuvo lugar en la Universidad de Ciencias Pedagógicas Manuel Ascunce Domenech de la ciudad cabecera, 11 jóvenes que opinaron sobre los géneros más consumidos en los audiovisuales, mostraron una inclinación abierta hacia la comedia, la acción, el musical, el terror, las aventuras, los policiacos y los románticos. Y en todos ellos, tal vez por fusionarlos todos, las series se alzan con el palmarés por encima, incluso, de las películas. A juzgar por sus criterios, estas poseen probada capacidad de seducción.

Ello explica por qué Alexei León Rodríguez y Yenry Torres González, de cuarto año de Español-Literatura, se vuelven locos con El barco, «donde se combinan los efectos especiales y el terror, y son maestros a la hora de mantener la expectativa abierta para la próxima entrega. Uno se queda enganchado cuando termina un capítulo, le entran deseos de ver el otro ahora mismo», explicó Yenry.

Sin embargo el «gancho» principal de los audiovisuales extranjeros está no solo en su factura sino también en su habilidad de reflejar un universo juvenil, el cual los entrevistados sienten necesidad de percibir.

«En ellos uno ve conflictos, estilos de conducirse que son de nosotros, y que no aparecen en los materiales cubanos», expresan Yudelmis Hernández, de tercer año de Educación Primaria, y Jeanny María Baldus Domínguez, de primero de Matemática-Física. «Nos referimos, por ejemplo, a las relaciones entre padres e hijos, entre amigos; las situaciones de parejas, el enamoramiento a nuestras edades... De cierta forma nos vemos reflejados allí».

«Que uno no tenga un celular puede no ser un problema —apunta Idalberto Martín Rojas, de tercero de Matemática-Física—, pero sí el tema de la belleza de las parejas y los patrones que nos venden: la muchacha bonita es delgada, bien estilizada y rubia. Allí aparece muy poco la negrita; y la gordita casi siempre es la fea o la tonta. Desde afuera parece algo trivial, pero no lo es en lo absoluto».

En esa misma tierra avileña, Fidel Montes Figueroa, desde hace varios años especialista en promoción, guarda entre sus papeles hasta la historia del cine en la provincia, inédita aún. Para este hombre reconocido como una enciclopedia viviente sobre el séptimo arte, uno de los principales problemas a tener en cuenta cuando se analice el consumo desmedido y acrítico de las nuevas generaciones «es que desconocen el buen cine, el de arte; simplemente no lo tienen incluido en su mundo, no piensan en él como una opción de recreación, porque no lo han tenido a mano. Eso es lo más grave.

«El cine era antes un espacio sobre el cual giraba una parte importante del esparcimiento de las personas. En la década de los 80 usted salía con las amistades y este siempre estaba entre las opciones de recreación que se manejaban. Eso no ocurre ahora».

Lo cierto es que el audiovisual desempeña un papel protagónico tanto en la formación como en la deformación de sus audiencias, lo que corrobora el reconocido crítico, investigador y escritor Frank Padrón, quien está convencido de que de ese modo es en la actualidad y será siempre, «teniendo en cuenta que las mayorías prefieren este medio de entretenimiento/instrucción antes que el libro, la visita a museos o al teatro, de modo que resulta imprescindible el reforzamiento del rol instructivo, formativo y educativo del audiovisual.

«Lo preocupante más bien, insiste el conductor de De nuestra América, es que carezcan de opciones mejores dentro de esas líneas. Si les hiciéramos propuestas generadas desde aquí, con semejantes formas, pudiera sacarse partido de esos gustos: TV realidad (con la “realidad” cubana), biografías de estrellas cubanas y latinoamericanas, espectáculos con músicos del patio mucho más atractivos y hasta videojuegos propios, que los inducirían, mientras se distraen, a interesarse por temáticas nuestras».

De cualquier manera, enfatiza Gustavo Arcos Fernández Britto, profesor de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (Famca) y vicepresidente de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, «las audiencias no están conformadas por un solo tipo de espectadores. Los hay cultos, sensibles e instruidos pero también poco cultos, indiferentes o de pensamiento elemental, incapaces de ver o leer más allá de lo que tienen delante.

«Comúnmente, suele pensarse que la TV, el cine, los videojuegos y demás productos de las industrias culturales existen para el entretenimiento y el placer, por tanto, millones de receptores en el planeta verán a los medios como un lugar para el ocio o la evasión de sus problemas cotidianos. Luego, la deformación o formación de esas audiencias no pasa necesariamente por el consumo de obras audiovisuales, aunque pueden incidir, educar, informar, crear valores, transmitir ideas, ser fuentes de placeres estéticos y espirituales. También pudieran adormecernos, cuando emiten obras que inducen a una actitud o visión superficial, frívola o consumista de la vida.

«Ese retroceso está determinado, en cierta medida, porque existen aún problemas en nuestra enseñanza. Muy rara vez, nuestros niños y adolescentes hallan en sus planes de estudio temas y materias relacionadas con la formación cultural. La apreciación del cine o el audiovisual nunca ha sido incorporada a nuestros planes de estudio, a pesar de que nuestros niños y niñas deben crecer conociendo todos los valores culturales de su propio país».

Mientras tanto, el también crítico, investigador y ensayista Luciano Castillo, nos recuerda que si el cineasta mexicano Arturo Ripstein definió el pasado siglo como «el Siglo de Lumière», este nuevo, «que marcha a un ritmo tan frenético como el de un videoclip, está marcado por la impronta del audiovisual en toda la extensión del término.

«Es inconcebible prescindir de una cultura audiovisual que incide directamente en la formación del espectador, pero siempre existe el peligro (por llamarlo de algún modo) de una tendencia a la deformación de cierto sector del público por la desorientación que implica la avalancha de productos audiovisuales a que cada vez estamos sometidos».

Y recuerda el presentador del espacio televisivo De cierta manera: «Durante muchos años existió una política o estrategia de programación centrada en el ICAIC que, aun cuando por momentos pudiéramos cuestionar determinados aspectos, realmente trazó pautas sobre todo en cuanto al equilibrio geográfico de las películas exhibidas. Varias generaciones tuvimos el privilegio de ver una selección de lo mejor del cine internacional. Solo que, ante las precariedades para adquirir copias en 35 mm para garantizar la programación sistemáticamente en las salas, no existe otra alternativa que acudir al DVD con películas de producción norteamericana en general, aunque me constan los esfuerzos por diversificar la programación con títulos de otros países y ciclos temáticos muy bien recibidos por los cinéfilos.

«Ahora bien, si en lugar de prohibir la piratería del audiovisual, como se trata en muchos países, es autorizada la venta indiscriminada en el mercado, sin otro criterio de selección que no sea ofertar lo más comercial y vendible, la deformación está garantizada. Si a esto le sumamos —a diferencia de provincias como Camagüey y Las Tunas— la inexistencia de cine clubes para difundir la apreciación cinematográfica, sobre todo en los jóvenes, y la desaparición definitiva de un programa tan orientador y didáctico como 24 x segundo, la situación realmente es alarmante».

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