Cayo La Rosa reinventa el cine - Cultura

Cayo La Rosa reinventa el cine

En esta comunidad cercana a San Antonio de los Baños, se desarrolla una versión de los talleres El cine, cien años de juventud, iniciativa de la Cinemateca Francesa para promover la enseñanza audiovisual

Autor:

Joel del Río

Cada año, y a miles de kilómetros de París, mucho después de la presentación oficial del aparato tomavistas por los hermanos Louis y Auguste Lumière, el 28 de diciembre de 1895, el cine vuelve a ser reinventado, descubierto, amoldado a las necesidades culturales y de comunicación de niños y adolescentes franceses, italianos, británicos, portugueses, brasileños y ahora cubanos.

En Cayo La Rosa, comunidad cercana a San Antonio de los Baños, exactamente en la escuela primaria José Aguinaldo Tudela, está ocurriendo la versión de los talleres El cine, cien años de juventud, dispositivo pedagógico de la Cinemateca Francesa para continuar vinculando este arte a la educación, desde finales de la enseñanza primaria y a principios de la secundaria.

El proyecto llegó a la Isla mediante el profesor de fotografía francés Bruno Flament, quien desde hace años instruye a los estudiantes de esa especialidad en la Escuela Internacional de Cine y TV (EICTV). Él puso en contacto a la ONG Doc Aux Sels y a su representante Chantal Dubois con las personas interesadas aquí por asimilar la notable experiencia pedagógica de la institución gala. No pasó mucho tiempo para que ambos convencieran al guatemalteco Rafael Rosal, director de la escuela, y al panameño Edgar Soberón Torchia, jefe del Departamento de Cultura, de impulsar un proyecto que permitiría al plantel estrechar sus nexos con una comunidad vecina, diseminar el conocimiento y contribuir a que se apruebe, por los menos en este rincón artemiseño, esa asignatura pendiente de nuestro sistema educativo: la enseñanza audiovisual.

A partir de que fructificara a lo largo de tres lustros y más de diez países, el proyecto —creado en 1995, cuando el invento de los Lumière celebraba su centenario— fue acogido con calor por la EICTV y la Cinemateca de Cuba. Luego, llegó la aprobación del Ministerio de Educación y se planteó la necesidad de encontrar un instructor que conociera a cabalidad la práctica y la teoría del cine, y se comunicara fluidamente en francés para establecer los nexos imprescindibles con la cinemateca gala, encargada de monitorear, asesorar y apoyar.

La EICTV aportó la solución: localizar entre sus egresados del patio alguno con las características precisas, y además con el inapreciable don de saber compartir sus conocimientos con los niños. Graduado en la especialidad de dirección, Ríguel Salema asumió el papel de instructor o profesor (los franceses le llaman interventor) y ya ha tenido varias clases, en estrecha coordinación y mutuo enriquecimiento con Caridad Montano, la maestra de sexto grado de la escuela primaria antes mencionada.

Todos los años la Cinemateca Francesa, los interventores y maestros dialogan y se dispone un tema que desarrolla el reconocido crítico teórico y crítico francés Alain Bergala. Este desarrollo teórico rige el funcionamiento de esta experiencia pedagógica que acontece simultáneamente en diversas regiones de Francia —incluyendo Martinica y Guadalupe—, en Sao Paulo y Río de Janeiro, en Barcelona, Roma y Londres, casi siempre en escuelas rurales o en barrios populares de ciudades pequeñas, y ahora en Cayo La Rosa.

En períodos anteriores, los temas han sido el color, el sonido, el plano, lo real y lo fictivo, mientras en la actualidad estos talleres se nuclean temáticamente en torno a «la puesta en escena», hasta que arribe el 2013, cuando será otro, y decenas de muchachos descubran por su cuenta el poder y la magia del séptimo arte.

Es importante denotar que los tópicos propuestos poseen la suficiente amplitud y flexibilidad como para incluir una capacitación bastante completa en términos teóricos y prácticos. Por supuesto, que el poder para articular el mundo de conocimientos audiovisuales alrededor de un determinado asunto, y «traducirlo» al intelecto y las habilidades de los muchachos, depende mucho de la sagacidad del instructor.

Por ello, la misma Cinemateca Francesa reúne cada año en París a quienes fungen como instructores en cada país, y a los maestros digamos «oficiales» de esas escuelas, en un período de capacitación intensiva con Alain Bergala, que permita acceder e iniciar a los estudiantes en la combinación de teoría y práctica, así como en los misterios de la fotografía, la puesta en escena, o en el acto creativo que conlleva trasladar una emoción primaria (el miedo, la soledad) a una historia para ser filmada.

Con el auxilio en cuanto a infraestructura y equipamiento de la EICTV, y la asesoría de los franceses, Ríguel Salema ha estructurado un sistema de clases que, sin apartarse del tema central, contiene un alto componente práctico, primero en cuanto a la foto fija, y luego a través de pequeños cortos en video que reflejan una situación ideada por los estudiantes y filmada desde diferentes puntos de vista. Según declara el instructor, la carencia de una educación estrictamente audiovisual en nuestras escuelas no ha sido un problema difícil de resolver, pues los niños y niñas han crecido vinculados con la imagen y el sonido, «y tienen ya incorporada una innata tendencia hacia lo audiovisual».

Todos los años los estudiantes cambian, al pasar de grado, y el taller se imparte a otros nuevos, pero las escuelas y los maestros se mantienen. Cuando concluye en junio este ciclo de bautizo y entrenamiento, con la realización entre todos de un cortometraje que será exhibido con la calidad requerida en la sede de la Cinemateca Francesa, se reúnen los participantes de los países incluidos (interventores, maestros y algunos alumnos) y dialogan y confrontan las experiencias, a la vez que se dispone el tema del siguiente año. En el 2013, cuando se inicie el próximo ciclo, los estudiantes cubanos formarán parte integrante del mismo, para satisfacción de varias personalidades como Costa Gavras, director de la Cinemateca Francesa, quien saludó con vehemencia la inclusión de Cuba en El cine, cien años de juventud.

Con El cine..., básicamente se fomenta entre los estudiantes la habilidad de expresar ideas y emociones mediante los dispositivos tecnológicos habilitados para crear una película, porque tampoco se trata, en realidad, de instruir a personas que se convertirán en futuros cineastas.  El secreto del éxito de estos talleres consiste en que los muchachos aprenden, se expresan, y finalmente se alfabetizan audiovisualmente en un mundo donde la imagen está investida por los mayores poderes de convicción y seducción.

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