A La Habana lo mejor y más famoso

A sus 35 años de vida, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano es una celebración alentadora y convidante, a pesar de los pesares

Autor:

Joel del Río

Cuando un grupo de creadores del audiovisual inauguraron la primera edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en 1979, estaban lejos de suponer que 35 años después, mil y una consagraciones y caídas más tarde, estaríamos a las puertas de una celebración siempre alentadora y convidante, a pesar de los pesares.

Como tratar de resumir y enumerar las propuestas sugestivas es imposible, me concentro en la competencia de largometrajes de ficción, y sépase que se me quedarán varios títulos fuera.

A juzgar por la sinopsis y por el currículo del director (método selectivo que le recomiendo a los espectadores abrumados con tanta película desconocida) una de las propuestas más llamativas viene a ser la argentina La Paz, de Santiago Loza (La invención de la carne, Los labios), sobre un joven de clase media-alta que en la primera escena sale de la internación en un siquiátrico. Este personaje mantiene un muy delicado equilibrio emocional, una madre dominante y un padre casi ausente, pero él da la impresión de estar bastante más cómodo con Sonia, la empleada doméstica de origen boliviano que trabaja en su casa; y con su abuela, con quien comparte largos paseos en moto. Algunos críticos aseguran que se trata de un cine austero, casi minimalista, intimista, en el que los pequeños gestos adquieren más valor que la palabra.

Ubicada junto con la peruana Claudia Llosa y la coterránea Lucrecia Martel entre las directoras latinoamericanas que han cambiado el relieve habitualmente masculino, por no decir machista, del cine latinoamericano, Lucía Puenzo alcanzó decenas de premios internacionales con su XXY. Luego, vino El niño pez, que trataba similares temáticas a su propuesta anterior, pero con mucha menor fuerza. Al parecer, el verdadero cambio de registro viene con Wakolda, una aproximación al tiempo en que el criminal de guerra nazi Josef Mengele estuvo refugiado en Argentina.

Ambientada con alto sentido de suspenso en la Patagonia de los años 60, Wakolda crea un paralelo entre el ideal nazi y el de la familia argentina tradicional, basada en la perfección y la pureza racial y genética. Alex Brendemuhl interpreta al doctor criminal, acogido con todos los honores, y la consecuente protección por personajes de la élite.  Lucía Puenzo se apoyó en su propia novela, la cual redactó a partir de rumores, mitos y de la realidad conocida sobre el doctor nazi Josef Mengele, quien pasó bastante tiempo en la remota región de Bariloche, donde trabajó como veterinario y en secreto continuó sus espantosas investigaciones.

Y cambiamos de país, pero continuamos en terrenos de mujeres cineastas que reexaminan el pasado nacional. La experimentada Lucía Murat padeció en primera persona los desmanes cometidos por la dictadura militar brasileña y en su décima película, Memorias cruzadas, con un premio de la prensa en el Festival de Moscú, mezcla diálogos e imágenes del pasado y el presente para reflexionar sobre lo que significaron aquella época terrible, el silencio posterior, la impunidad de los culpables y la visión actual de aquellos militantes que abogaban por consumar una revolución. En el filme hay un grupo de amigos que resistió a la dictadura y sus hijos van a soportar un conflicto entre lo cotidiano y el pasado, en este drama sobre utopías derrotadas y construcción de un mito.

Muy distintos personajes protagonizan Gloria, que fue elegido filme inaugural el 5 de diciembre. El chileno Sebastián Lelio lleva a primer plano la intimidad de una mujer de 60 años que se niega a desactivarse en términos afectivos y sexuales. Aplaudida en todas partes como una tragicomedia audaz sobre la vejez, optimista sin falsedades, y profundamente inspiradora, Gloria elude el facilismo de ciertas comedias románticas y habla de los problemas reales de la edad, como la soledad, la sensación de derrota y los problemas para alcanzar la satisfacción sexual. Con una actuación descomunal de Paulina García en el protagónico (ganó el Oso de Plata a la mejor actuación femenina en el más reciente Festival de Berlín), la película tiene un mensaje que trasciende la realidad chilena, como afirmó buena parte de los periodistas acreditados en la capital de Alemania.

El futuro resulta el tercer largometraje de Alicia Scherson, egresada de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Ella se basó en el libro Una novelita lumpen, de su compatriota Roberto Bolaño, para mostrar el descenso social y moral que sufren los hermanos Bianca (Manuela Martelli) y Tomás (Luigi Ciardo), luego de que un accidente automovilístico acabara con las vidas de sus padres. Ambos hermanos intentan seguir con su vida normal, pero pendiendo de una cuerda floja que amenaza con hacerlos caer y tocar fondo en cualquier momento.

Respecto a la cinematografía mexicana, hay que mencionar el triunfo y los respectivos premios de Heli, de Amat Escalante, en Cannes, y de Club Sandwich, de Fernando Eimbcke, en San Sebastián, en una coincidencia que confirma la alta estima entre los profesionales del cine mundial. A tamaños autores y a sus obras dedicaremos el espacio correspondiente cuando podamos apreciarlas en el Festival. Valga ahora la recomendación que subyace en tales reconocimientos y en los expedientes meritorios de sus realizadores.

Preferimos promocionar un título menos conocido entre nosotros: Tercera llamada, de Francisco Franco, que trae de nuevo al set a la mítica Silvia Pinal luego de diez años de ausencia. Se trata de una película coral en la cual la veterana actriz personifica a una delegada muy mal hablada de la Asociación Nacional de Actores (Anda) y comparte crédito con un grupo grande de famosos intérpretes, pues el filme se concentra en todo lo que ocurre cuando gentes de teatro deciden montar, azuzados por su directora, la obra Calígula.

De otro lado está el nuevo largometraje de la venezolana Mariana Rondón, también egresada de la EICTV, y que se dedicó, como la brasileña Lucía Murat, a revisar los anales represivos y violentos de la historia nacional en su anterior filme Postales de Leningrado. Su propuesta se titula Pelo malo, la historia de un niño de nueve años y pelo muy encrespado. Él lo quiere alisar para la foto de su escuela, y así verse como un cantante de moda. Mientras Junior busca verse bello para que su mamá lo quiera, ella lo rechaza cada vez más. Finalmente, él se verá obligado a tomar una dolorosa decisión. Pelo malo es la primera cinta venezolana que alcanza la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián.

Ni una palabra puedo decir, por ahora, de las argentinas La reconstrucción y Pensé que iba a haber fiesta, la boliviana Tierra sin mal, la chilena Cirqo, la ecuatoriana No robarás... (a menos que sea necesario), la mexicana Las horas muertas, la peruana El mudo y la uruguaya El lugar del hijo, ni de la venezolana Piedra, papel o tijera, que también compiten por los Corales en la categoría de largometrajes de ficción. Pero seguramente volveremos sobre el tema.

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