En tiempo de vals - Cultura

En tiempo de vals

La emisora celebra su aniversario 15 con el desafío de seguir siendo la voz del patrimonio cubano

Autor:

Elianys Justiniani Pérez

De los cumpleaños, el de los 15 es el predilecto, pues constituye, a la vez, meta y partida. A este aniversario arribó Habana Radio, una emisora que es derroche de madurez sin perder su lozanía.

Desde la Lonja del Comercio, en la Plaza de San Francisco de Asís, transmite a los capitalinos y al resto de la nación lo mejor del acontecer cultural de La Habana Vieja, así como las acciones para preservar el legado histórico de la ciudad, actividad a la que contribuye desde su fundación, el 28 de enero de 1999. Sobre la impronta de la voz radiofónica del patrimonio cubano, conversamos con su directora, Magda Resik Aguirre.

—Habana Radio ha evolucionado en estos años como un proyecto cultural de amplias dimensiones. ¿De qué forma han ido extendiendo sus fronteras?

—Nuestra emisora comenzó, en plena coincidencia, con el natalicio de José Martí, lo cual representa un compromiso muy grande, que se ha visto reflejado en nuestra labor. En esos momentos la transmisión era local y duraba solo tres horas en la tarde. A partir del primer año comenzamos a crecer en potencia y a extendernos en horario, hasta llegar a 24 horas al aire, con una programación de 92 espacios radiales, de frecuencia semanal, escuchados también en otras villas fundacionales. Además, Habana Radio ha ido creciendo en el desarrollo de proyectos culturales nacidos en el seno de nuestra institución. Actualmente dispone de audio en tiempo real a través de nuestro sitio web.

«Cada verano organizamos el diplomado internacional Medios para comunicar el patrimonio, el que toma la experiencia mediática de la Oficina del Historiador con el fin de promover en la ciudadanía un mayor sentido de pertenencia hacia nuestro legado histórico. También nos hemos convertido en unidad docente de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana.

—¿Qué proyectos de la institución tributan al acercamiento a la comunidad?

—Nuestra programación se ha estructurado con perfil histórico, cultural y patrimonial, pero tratando de tocar todos los grupos de edades. Tenemos el espacio A+ Adolescente, que forma parte de un proyecto cultural de la Oficina del Historiador para atraer a los jóvenes, quienes ya se están integrando a los talleres de audiovisuales, de producción radial y de locución que Habana Radio ofrece con sus profesionales. También está Cultura entre las manos, dedicado a la comunidad sorda, en el cual ofrecemos herramientas y espacios de intercambio cultural y de conocimiento del patrimonio nacional. Existen además una serie de programas dedicados a los niños, y otros como Parece que fue ayer, consagrados a los adultos de la tercera edad.

«Contamos también con una productora de audiovisuales, dirigida por la Oficina del Historiador, para registrar la memoria audiovisual de todo lo que sucede aquí, producir documentales relacionados con el tema patrimonial y también viñetas, algunas mensajerías y spots para la televisión nacional. El programa Andar La Habana es producido íntegramente por esta nueva productora.

«Desarrollamos un sello discográfico, llamado La Ceiba, que tiene varias líneas productivas, entre las que se encuentra la colección El Historiador, encargada de perpetuar en este formato las principales intervenciones públicas. Tiene una línea para el público infantil y otra para la música relacionada con lo patrimonial».

—Habana Radio también auspicia el desarrollo de un museo de la radio en Cuba…

—Ese es un viejo sueño que no ha podido concretarse por cuestiones materiales, pero persistimos, porque la historia de la radio cubana es tan rica que merece ser conocida. Hemos logrado coleccionar, con ayuda de los oyentes, gramófonos, radios antiguos, discos de placa, televisores y otros bienes que en un momento determinado nos permitirán fundar el museo en alianza con el Instituto Cubano de Radio y Televisión.

—Algunos piensan que la radio es uno de los medios más olvidados en la actualidad, ¿a qué pudiera deberse esto?

—Creo que este hecho parte del desconocimiento, porque la radio sigue siendo para los cubanos el medio por excelencia, con gran efectividad, que preserva el imaginario individual, cultiva la inteligencia personal, permite desarrollar con recursos austeros todo un proyecto cultural para la ciudadanía que esencialmente se basa en la creatividad de sus realizadores. Además, constituye un elemento poderosísimo, porque no exige estar frente a él para llevarlo con uno.

—¿Cuáles han sido los mayores retos y las mayores satisfacciones en el trabajo desplegado por la emisora?

—Entre los mayores retos está haber delineado una emisora con personalidad propia, lo cual ha implicado grandes batallas, porque hay que desterrar ciertos estereotipos que se tienen para este medio al articular un lenguaje muy asociado al léxico patrimonial. También poner énfasis en un perfil cultural que incluya un amplio grupo temático.

«Y la gran satisfacción... pues, haber conquistado seguidores durante tantos años, contar con un lenguaje propio, y poseer una audiencia que nos exige, que nos reclama, que nos sube siempre la parada. Pero, la mayor alegría es contar con un colectivo de trabajo fiel y consagrado, que se ha mantenido desde el inicio y ha incorporado a jóvenes, igual de preparados, que marcan una continuidad para esta emisora».

—Eusebio Leal señaló que «Habana Radio nos ha enseñado a soñar». ¿Qué piensa al respecto?

—Quien primero nos ha enseñado a soñar es Eusebio Leal, y después, sí, Habana Radio. Sobre todo por la cantidad de intelectuales que se han dado cita en nuestras emisiones, podemos entender que hemos enseñado a soñar una ciudad futura, a preservar la memoria de nuestras urbes históricas y proyectarlas al futuro: estamos en «la ciudad del pasado», vivimos en una ciudad contemporánea y luchamos por una ciudad mejor, más humana, más habitable, más civilizada, más bella. Formamos parte de ese gran ejército de hacedores que trabajan para que nuestra herencia cultural tenga un destino claro.

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