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Roi Casal, dueño de su destino

Su música contornea esa mirada de su natal Galicia, llena de tradiciones y folclorismos, con otros matices que le llegan como hombre al fin de este tiempo

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Parece fácil, pero no lo es. Si miramos el destino desde la filosofía más práctica, este nos resulta «el gran enigma». Roi Casal (Catoira, Galicia, 1980) le ha subido la parada a ese concepto e intenta adueñarse de sus pasos. En la música ya lo hace y lo prueba al dominar, con una perspectiva históricamente informada, instrumentos antiguos y contemporáneos, propuesta respaldada por una notable aceptación del público.

Sus conciertos en vivo superan con creces la energía y la pasión de sus tres álbumes: Lendas Douradas (2009), Maxicamente vello (2011) y Donos do noso destino, este último presentado en 2014.

Mezcla sus sonidos de un modo sui géneris y hay quien puede escandalizarse. Pero a la larga, el aplauso de los auditorios se corresponde con el acierto del arpista al combinar cantos tan antiguos como los gregorianos con el pop más actual, por solo citarles un ejemplo.

Roi demuestra en sus presentaciones que está por encima de ese esquema de artista pop-folk, donde muchos medios de comunicación en España han intentado enmarcarlo. Su música contornea esa mirada de su natal Galicia, llena de tradiciones y folclorismos, con otros matices que le llegan como hombre al fin de este tiempo.

En todo ello pensaba cuando escuché a Casal y a su banda el martes pasado, en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, en su actuación única en La Habana, invitado por la Feria Internacional Cubadisco 2014.

Allí pude apreciar cómo el arpa y la zanfona —instrumentos del Medioevo gallego— se integran al bajo, la guitarra, el piano, los sintetizadores, el violín y la percusión, para lograr una sonoridad singular.

En la velada del martes, que rondó la hora y media de concierto y tuvo como invitado especial al gaitero cubano Alejandro Gisberth, tuvo presencia el amplio patrimonio literario de Galicia y de Latinoamérica que Roi ha tomado como pretexto para musicalizar. Textos como los Cantares gallegos, de Rosalía de Castro —que datan de hace 150 años—, poemas actuales como los de Manuel María, coplas populares y creaciones suyas se suceden en un repertorio diverso que nos regalan el artista y su banda.

Se sumó también a esa noche una exquisita versión musical de The captain of my soul, texto que aparece en el Libro de poemas, de William Ernet Henley, y con el que Casal quiso evocar a Nelson Mandela y su espíritu de incansable luchador.

Interesante fue la combinación de la zanfona con el resto de la banda de Casal en Dat insignem viam, un título que, según explicó él mismo, representa esa etapa oscura del Medioevo, pero que esta vez «rompe» con su época al ser precisamente una mujer, la vocalista Silvia Ferre, la escogida para interpretar un canto gregoriano cantado siempre por hombres.

De Silvia hago un aparte para comentarles sobre sus capacidades interpretativas, pues ella, junto con Roi, son los vocalistas de un grupo que además integran Carlos Caviño, Alfonso Merino, Dani Riveiro, Alfredo Susavila y Alberte Rodríguez.

Con una formación avalada por las lecciones aprendidas del arpista Rodrigo Romaní y del Conservatorio Superior de Música de Madrid, Casal decidió emprender hace casi siete años su propio proyecto, después de pasar casi una década con Milladoiro, la banda de folk más universal de Galicia.

Y ya en 2009, el sencillo Ninfa das frescas augas, con letra de Rosalía de Castro y música suya, fue considerado unos de los mejores temas de World Music en Estados Unidos.

Ahora que ha pasado por La Habana, tras dos paradas en Sudamérica (Montevideo y Buenos Aires), y que Cubadisco 2014 le ha concedido su Premio Internacional por la placa Maxicamente vello, Roi Casal debe volver para ganarse el público Isla adentro e intentar cumplir con esa promesa que hizo acá de mixturar las sonoridades cubanas y gallegas.

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