Acordes de una ciudad patrimonial

La Fiesta del Tinajón es una vitrina para mostrar la música del territorio agramontino, cuna de grandes artistas y pedagogos de la manifestación

Autores:

Yelanys Hernández Fusté
Yahily Hernández Porto

CAMAGÜEY.— El sonido de las campanas de las iglesias de la ciudad es el primer acorde musical que recibe el visitante. Suenan en horas puntuales y ya el citadino, acostumbrado a escucharlas, no se percata de ese rítmico anuncio.

Las congas y comparsas en esos días en que la localidad celebra su San Juan, fiesta que data desde principio del siglo XVIII, así como las retretas de una casi centenaria banda municipal, dibujan el pentagrama de una urbe de medio milenio de existencia, que no ha estado ajena a corrientes melódicas genuinas de la Isla como la trova, el son y la música tradicional.

Hijo ilustre de la capital agramontina, Adalberto Álvarez creció al calor de toda esa referencia. Primero junto a su padre Nené Álvarez en Avance Juvenil, y luego en la innovadora Son 14, el Caballero del Son resulta ser un fiel defensor de la tradición sonora de su terruño.

«Todo ese talento que hay aquí debemos enseñarlo a la gente. Vengo para saber qué es lo que está pasando y siento que tiene que darse a conocer en toda la Isla», señaló a JR el autor del Son de la madrugada, quien hace seis años ideó la Fiesta del Tinajón, espacio que muestra lo mejor del arte de la provincia, y por supuesto, la música.

Espacio para intercambiar experiencias entre creadores, para quienes intervienen en el evento constituye un estímulo a esa labor diaria en los escenarios. Álvarez aseguró que con el objetivo de mostrar propuestas de una calidad elevada «se hace una selección de los artistas y de lo que se va a presentar en cada edición».

Solo les resta, como desafío a sus organizadores, exhibir ese quehacer cultural de la región a otros visitantes del mundo.

Patrimonio sonoro

Se dice que dos canciones marcan de un modo sensible a los camagüeyanos: Amorosa guajira, de Jorge González Allué; y El Mayor, de Silvio Rodríguez. Así lo significó José Rodríguez Barreras, director de la Oficina del Historiador de esta ciudad.

«Música y nación son una misma cosa», señaló Rodríguez Barreras, quien valoró como muy necesario el primer Taller de la música camagüeyana, desarrollado como parte de la V Fiesta del Tinajón.

Esa sesión teórica arrojó como propósito fundamental la creación de un sitio que conserve las partituras, documentos y todo el caudal musical del territorio.

En dos jornadas, este espacio para la reflexión visibilizó estudios relacionados con figuras del pentagrama local, pertenecientes a los siglos XIX, XX y a la actual centuria.

Sobresaliente por su labor pedagógica y como compositor, la impronta dejada por José Marín Varona forma parte del programa de estudios del Conservatorio José White, según hizo notar la Doctora Verónica Fernández Díaz.

La destacada investigadora realizó un acucioso registro del quehacer musical de Marín Varona (1859-1902), integrante de las huestes mambisas como músico mayor, máxima condición dada por el Ejército Libertador a los directores de orquesta.

Verónica reveló que esta figura influyó mucho más en la pedagogía, y luego en la composición. «Su obra formó parte del repertorio de las agrupaciones camagüeyanas. Tras su muerte, se creó un festival que llevó su nombre, en el que se ejecutaban sus piezas y se hablaba de sus distintas facetas como académico y director de orquesta.

«Su espectro como autor fue amplio. Escribió música para piano y bandas de concierto. Sus partituras se estudian en el Conservatorio José White, de Camagüey; y se acaba de grabar un CD de música camagüeyana con la disquera Producciones Colibrí, en la que se incluye precisamente la música para piano del artista», concluyó la también musicóloga.

Un panel dedicado a la presencia de la mujer en el desarrollo musical de la localidad expuso de un modo sui géneris zonas menos tratadas en la manifestación.

Amparo Fernández Galera retrató a una Amalia Simoni distinta a la que develan los libros de historia. La amada esposa del Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz fue una cantante lírica que brilló en los salones de la ciudad y cantó en la inauguración del Conservatorio de Mérida (México).

Fruto de un profundo estudio de la investigadora, se supo que Simoni fue integrante de coros de la iglesia y ejerció como profesora de piano y canto, algo que hizo para poder sostener a su familia tras la muerte de su esposo.

La historiadora reveló que la hija de Amalia e Ignacio, Herminia Agramonte Simoni, fue pianista y compositora, autora de una marcha dedicada al rescate de Julio Sanguily.

Acerca de importantes profesoras de piano, se refirió la máster en Ciencias Yalim Toledo. Maestras de la talla de Carmen Agramonte de Armas, Victoria Pichardo y Ángela de la Torre, hasta las que integran el claustro actual del conservatorio agramontino pasaron por la lupa de esta experta.

Igualmente Yalim Toledo hizo referencia a los distintos centros de enseñanza de la música creados en esta urbe, como el Instituto de Música de Camagüey, dirigido por Félix Rafols, y la Escuela Elemental de Música Luis Casas Romeu.

Internacionalmente conocida como la Vedette negra de Cuba, Candita Batista (3 de octubre de 1916) mereció una mirada retrospectiva hecha por Kezia Henry. Aplaudida en Bélgica, México, España —donde conoció a Josephine Baker—, y en Alemania, país en el que fue nombrada como la «Venus Negra», Candita ha compartido escenario con Charles Aznavour, Michel Legrand y Nat King Cole.

La diva, a sus  98 años, deleita a sus seguidores en el Rincón del Bolero de esta ciudad, espacio donde se presenta acompañada de su grupo.

Mapa sonoro actual

Unos 900 artistas integran el extenso catálogo del Centro Provincial de la Música de este territorio. Grupos de pequeño y mediano formato y una sinfónica, componen el espectro de la música de concierto de la ciudad, la cual se complementa con relevantes agrupaciones corales, entre ellas el Coro Profesional de Camagüey y Desandann.

«Esta es una ciudad sustentada por la música. Es nuestra tradición», comentó Irma Orta Mesa, directora de Cultura del territorio, quien acentuó la existencia de solistas, orquestas tradicionales y grupos de jazz.

La rumba, endémica de La Habana y Matanzas, encuentra un público en esta urbe con Rumbatá. Su líder, Wilmer Ferrán, opinó que el género, tan identitario de los cubanos, es representado por ellos en la provincia y cada año se diseña un espacio que permite a los bailadores moverse al compás de sus tambores en la Fiesta del Tinajón.

«El evento ofrece la posibilidad de dialogar con ese auditorio», acotó Ferrán, mientras reconoció las más de 200 actividades en comunidades y barrios que el certamen organiza, así como elogió la manera en que alrededor de 500 artistas, incluidos los estudiantes de la enseñanza artística y los miembros del movimiento aficionado, interactúan en un espacio que se erige como vitrina de la cultura de la región.

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