La música es una: universal

Con su concierto del sábado último en el teatro Karl Marx, Pablo Milanés regaló temas de Renacimiento, compacto donde explora géneros genuinamente criollos y otros de una valía indiscutible

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Intencionalmente Pablo Milanés quiso mixturar géneros musicales cubanos y foráneos en su más reciente fonograma. Distantes en el tiempo, corrientes melódicas salidas de períodos artísticos imprescindibles como el barroco, se entremezclan con una genuina rumba o con el cadencioso changüí guantanamero en las canciones contenidas en Renacimiento, el álbum que presentó en su concierto del pasado sábado, en el teatro Karl Marx.

Fue su regalo para despedir 12 intensos meses. En la primera parte de su actuación, nos dejó recorrer esa mirada autoral suya sobre cuestiones que preocupan al hombre en la actualidad. Con dosis de filosofía contemporánea y una visión de la cotidianidad, Pablo obsequió piezas llenas de ese lirismo que lo caracteriza.

Para «romper» el hielo, el cantautor solo dijo: «Buenas noches. Estoy muy feliz por estar con el público que más amo en el mundo, el público cubano. Traemos esta noche parte de nuestro último disco, un álbum que contiene un poco de todo y demuestra que la música es una: universal».

Con ello introdujo a Dulces recuerdos, un tema creado en España, pero que, como señaló, puede ser traducido a todos los idiomas. Formó parte de su repertorio en el Karl Marx, esa mirada nostálgica y sincera de apreciar la vida que es Cual si fuera a morir esta mañana.

También estuvo Homenaje al changüí, donde explotó las potencialidades rítmicas de un estilo musical defendido en suelo guantanamero, el cual definió como «mágico» y «único» por sus melodías, y con el que reverenció a sus máximos cultores, entre ellos al gran Chito Latamblet. Sin el armonioso tres, aunque sí con el bongó, el tema fue dotado de una sonoridad singular, asumida además por instrumentos como el bajo, el piano y los de viento (saxo y flauta).

Los males del silencio nos regresó a esa visión del Pablo  cantautor que observa su entorno, mientras que en el cadencioso guaguancó Canto a La Habana, exploró una de las vertientes de la rumba y en la que denota su trabajo de vocalista con referencias, seguramente, de grandes de la especialidad como Carlos Embale.

No pudo faltar el análisis del artista a emociones dejadas por el más sublime de los sentimientos, manifestados en dos canciones: Amor de otoño y El otoño de amor.

Siempre inquieto como compositor, Pablo puso a la consideración del auditorio letras suyas inspiradas en la música del pianista Miguel Núñez, quien por más de dos décadas dirige su agrupación. Una de ellas, Ruinas del tiempo, fue una muestra de ese binomio autoral, y en cuya sonoridad se percibieron influencias del jazz que Núñez ha sabido también abrazar en su carrera como artista.

«Miguel lleva escribiendo melodías maravillosas por muchos años y yo quería ponerle las letras. Al fin lo hemos logrado. Estamos haciendo el disco y ya concluye esta semana», adelantó.

Lleno de proyectos, Pablo aprovechó también la ocasión para anunciar uno de los más actuales: «Acabamos de hacer un disco con José María Vitier. Él ha musicalizado a distintos poetas, ha hecho canciones con sus propias letras, maravillosas todas. Venimos acumulando ese deseo (el de grabar juntos) durante muchísimos años y voy a aprovechar la oportunidad, deslealmente, para anunciar el recital que vamos a hacer con estas canciones y otras cosas más —de él y mías— el 17 de enero, en el teatro Mella».

En un segundo momento, el concierto de Pablo resultó ser mucho más familiar, pues revisitó zonas musicales muy conocidas de una carrera cultivada por largas décadas. De esas etapas cantó El pecado original, dedicada a Lázaro Gómez, su director artístico por mucho tiempo y que falleció en 2013.

Luego el auditorio disfrutó y coreó un repertorio exquisito donde se ubicaron algunos de sus clásicos: Los días de gloria, Si ella me faltara alguna vez, El primer amor, No ha sido fácil, Años, Ámame como soy, Yolanda y El breve espacio en que no estás.

En todas fue acompañado por sus músicos de siempre: el violinista Dagoberto González Jr., el baterista Osmany Sánchez, Germán Velazco en el saxofón y la flauta, y Miguel Núñez en el piano, entre otros.

Ya con el Karl Marx completamente de pie, Pablo decidió cantar «un poquito más» y regaló Yo no te pido, pieza que adquirió un sonido más roquero por la presencia del guitarrista Roberto Perdomo, líder de Tesis de menta. Así, con la fuerza de una estrella azul y llenando el espacio con luces creativas, el trovador cerró un poco más de hora y media de concierto, velada motivada por un nuevo año que comienza y por los disímiles proyectos que colman su tiempo.

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