Septeto Santiaguero en estado de gracia

Esta agrupación acaba de sorprendernos con Raíz, un disco que rinde homenaje a Juan Formell y a Sindo Garay

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

La tenía difícil el Septeto Santiaguero después de haber entregado al mundo un tesoro como No quiero llanto. Tributo a Los Compadres, y acaban de sorprendernos con Raíz. Pero, bueno, era lo mismo que se pensaba cuando apareció Oye mi son santiaguero, el primero con el que empezó a amagar en la edición de 2011 del Grammy Latino, y dos años después repetía  la «amenaza» con Vamos pa’ la fiesta. Entonces llegó la placa donde comparte protagonismo con José Alberto El Canario y con la cual por fin se llevó el premio a casa en 2015. Sin embargo, ya es sabido que la tropa conducida por Fernando Dewar (FD) nació bajo el signo de la música más auténtica, de la que no se olvida, de la de verdad.

«Raíz, afirma Dewar, es un disco que agrupa a autores cuyas obras le han permitido encontrar su sello al Septeto Santiaguero. Así de enorme ha sido la influencia de estos grandes, que nos han permitido entender mejor las esencias de la trova tradicional, de la canción, el son, el danzón, lo popular bailable, la nueva trova… Por eso esta reverencia».

Con el respaldo total de la Egrem, el noveno fonograma del Santiaguero, con producción musical no solo de Fernando, sino también de Geovanis Alcántara y Alden González (AE), tiene una selección de lujo: Pepe Sánchez, Arsenio Rodríguez, Ignacio Piñeiro, Miguel Matamoros, Sindo Garay, Ñico Saquito, Juan Formell, Adalberto Álvarez, Elio Revé, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez..., que además le permiten demostrar que el septeto es un formato inagotable.

«Para nosotros está muy claro que no se trata de dos acordes y a bailar el son en un ladrillito, porque los tiempos van cambiando. De alguna manera debemos insertar nuestra música en el panorama actual».

Con diseño de Amels Rodríguez y Naskicet Domínguez, esta obra cuenta con invitados que ponen en evidencia el prestigio que se ha agenciado esta agrupación fundada en 1995, como Rubén Blades, que repite; Alfredo de la Fe, Arturo O’ Farril, Medoro Madera y Nicholas Payton, según anuncia Alden, a quien no le extrañaría que los más tradicionales pongan el grito en el cielo cuando se enteren de que un artista de la escena urbana como El médico fue convocado para interpretar La fiesta no es para feos, de Walfrido Guevara.

Asimismo, Raíz pasará a la historia por ser el último álbum en el cual Reinaldo Creag, el mismo que le regaló a Oye mi son santiaguero una Flor de ausencia inolvidable, realizó su última grabación en vida, afirma con pesar Fernando. «Cantó En falso, de Graciano Gómez, que conmueve al escucharla, porque él era un gran cantante. Es una pieza que le otorga un toque muy especial al disco».

Charlie Aponte, quien durante muchos años fuera cantante del Gran Combo de Puerto Rico y ahora lleva su carrera en solitario, completa el listado de los ilustres. Clasificó para Raíz porque se ganó el derecho, dice entre sonrisas González. «Llegó a la tierra y fue directo a la Casa de la Trova justo en el momento en que el Septeto Santiaguero tocaba Cristinita, de Pepe Sánchez. Y no pudo resistirse; le dijo a sus amigos que lo acompañaban que tenía que subir a cantarla, “porque así se llamaba mi madre, que en la gloria esté”. Fue tan emotiva la vivencia, que uno de ellos no pudo aguantar y se “rajó” en llanto».

Y para que Raíz se torne definitivamente irresistible, el Orfeón Santiago, las cuerdas de la Orquesta Sinfónica de Oriente, el flautista Rubén Leliebre, el saxofonista Carlos Miyares, el trombonista Ulises Benavides, los violines de Cándido Fabré... se sumaron en el empeño de hacer más espectaculares temas como No he visto a Caridad, Canción de la trova, Lágrimas negras, Échale tierra y tápalo, La meneadera, Ya se va aquella edad, Si tú te vas, Cuando canta el cornetín...

Para Fernando, «cada disco es una invitación a soltar amarras, una provocación que los lleva a concebir una obra para disfrutar a plenitud y que sorprenda por lo atrevida y novedosa». Ninguno de ellos cree en fórmulas para lograr el éxito, sino en   apostar siempre por la calidad sin darle la espalda a la contemporaneidad».

«Jamás nos vamos por lo fácil o por aquello que sabemos que funciona. Detrás de cada tema que defendemos hay una investigación, un sentido, una idea, una intención», asegura Alden, también a cargo de la dirección creativa de Raíz, registrado fundamentalmente en los Estudios Siboney, en Santiago de Cuba (con Ismael Torres estrenaron un grabador/mezclador), pero que también hizo escalas para grabar en La Habana, Puerto Rico, Colombia y Estados Unidos.

Del disco al corazón

Raíz también llegó para rendir homenaje a Formell, a los 75 años de esa gloria de Cuba, y a los 150 de otro inmenso: Sindo Garay, pero desde el hoy, desde la contemporaneidad. «Hay un detalle relevante, insiste Alden, para nosotros son tan importantes esas influencias como los destinatarios, porque existe una tendencia a pensar que es la tercera edad la que consume la música que interpretamos. Y nada más alejado de la realidad. La mayoría de los auditorios a los que nos enfrentamos en el mundo, y en Santiago de Cuba en particular, es juvenil. Ello nos obliga a estar atentos a esa visión», a la cual se refiere también Fernando: «No podemos mantenernos en un limbo como si fuéramos un museo musical. Estamos obligados a reinventarnos constantemente».

«Ahora mismo en Raíz hallas temas conocidos y otros escritos por geniales compositores, pero apenas se han difundido, sin embargo, son obras que mantienen una frescura y una actualidad tremendas, como si acabaran de salir. Sus autores fueron tan extraordinarios que su modo de comunicarse a través de la música sigue siendo totalmente válida hoy», enfatiza Dewar.

—Entre tantas agrupaciones de igual formato, ¿puede ser reconocible el Septeto Santiaguero?

—FD: «Ya en desde los 90, en que estaba el boom de la música tradicional gracias al Buena Vista Social Club, nosotros éramos criticados por los puristas, debido a que no seguíamos las reglas del género. “Lo que tocan es salsa”, se nos señalaba, pues incluíamos las tumbadoras, por la forma de asumir el montuno quizá con el cencerro, o a lo mejor por el tumbao del tres, los estribillos... Y eso, de alguna manera, marcó una diferencia.

«Nosotros tuvimos la suerte de haber sido herederos de un conjunto de sones nombrado Melodías de ayer. La sonoridad que inicialmente asumimos fue esa: con siete músicos nos propusimos sonar fuerte, lo cual se nota en los discos y a la hora de actuar en vivo».

—Si tuviesen que escoger el disco que mejor refleje la esencia del Septeto Santiaguero, ¿cuál sería?

—AG: «Oye mi son santiaguero, donde el Septeto Santiaguero aparece en estado de gracia. Hay una tendencia a referirse al septeto después de sus nominaciones a los Grammy, pero en verdad existe un trabajo muy sólido desde mucho antes. Yo considero que en ese disco, que contiene temas como el que le da título, Esa niña qué cintura y Flor de ausencia, y donde aparecen notables colaboraciones, está el concepto, y consolidada la sonoridad».

—FD: «Hubo una etapa, —los años del período especial—, en la cual no teníamos oportunidades de llegar a empresarios interesados, de poder grabar, que es la manera de dejar constancia de que existes como grupo. Nosotros tuvimos la suerte de que se nos acercara la discográfica española Nubenegra, pero la verdad es que no teníamos el peso en la producción y, por ende, ella contrataba a sus especialistas, quienes muchas veces son geniales, pero no trabajan ese tipo de música, que es empírica, que se nutre de lo que oyes, de lo que se va transmitiendo de generación en generación, de lo que hacen esos viejitos en la Casa de la Trova, quienes llevan la esencia porque lo han venido repitiendo.

«Cuando llega un productor y te dice: no, no, vamos a grabar esto, esto y esto, te dices: si ellos son los que han estudiado, entonces son los que saben, y además ponen el dinero, así que me voy a quedar tranquilo, aunque no estés al ciento por ciento conforme.

«Y fíjate que después, en Oye mi son santiaguero, aparecen temas que habían sido descartados de otras producciones y que, sin embargo, hoy son como marcas. Claro, después de ese disco, la responsabilidad ya recayó en nosotros. Si algo está bien, regular o mal es nuestra culpa. Por tal razón nos enfrascamos mucho más y surgió No quiero llanto. Tributo a Los Compadres. Esa exigencia con la que hacemos las cosas ahora, empezó precisamente con Oye mi son santiaguero.

«De cualquier manera, esos cinco que realizamos con Nubenegra nos mostraron al mercado internacional, jugaron un rol esencial en la salida a la luz del septeto. Pero coincido con Alden en que Oye mi son santiaguero fue como empezar a andar con nuestros propios pies».

—¿Ha influido haber ganado un Grammy en la visualización del Septeto Santiaguero?

—FD: «Sí, definitivamente...».

—Pero bueno, también han conquistado varios premios Cubadisco…

—FD: «Cierto, y nos honra mucho, pero no había sucedido nada. Con No quiero llanto... también estuvimos nominados al Grammy norteamericano y resulta muy estimulante cuando te ves compitiendo con Juan Luis Guerra, Rubén Blades, Víctor Manuel...

«Creo también que discos como No quiero llanto... hacen que haya un gran respeto por esta música que cultivamos, por el son, por la tradición. Hemos ganado un Grammy, pero no queremos quedarnos con toda la gloria, porque si ha sido posible es gracias, además, a todas esas influencias que hemos recibido y que nos condujeron hasta Raíz».

—¿Emprenderán alguna gira para presentar Raíz por toda Cuba?

—FD: «Nos encantaría llevar Raíz más allá de La Habana y de Santiago de Cuba, pero nos ha costado mucho poder organizar una gira nacional, tanto como concretar un proyecto para  actuar en nuestros barrios. Queremos llevarle el son a la gente a sus casas sin ánimo de lucro, a quienes no pueden ir a la Casa de la Trova ni a los lugares donde habitualmente nos presentamos. Lo que más nos interesa es vivir la satisfacción espiritual de tocar para nuestra gente».

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