Ella vale mil pensamientos - Cultura

Ella vale mil pensamientos

Una muestra de arte visual devela cómo el hombre, en su perturbada relación con el entorno natural y en su afán por colonizarlo, destruye poco a poco su propia supervivencia

Autor:

Rosmery Echarri Martínez

La crisis ecológica del planeta Tierra se ha agravado notablemente en los últimos siglos. Las transformaciones científico-técnicas que siguieron a la Revolución Industrial aceleraron en gran medida las consecuencias del cambio climático.

En un intento por abordar este fenómeno desde las artes visuales —iniciativa que nunca antes se había tenido en Cuba—, la curadora Merly Knoerle-Izquierdo invitó a ocho artistas del ámbito nacional e internacional para unir sus obras en el Centro de Desarrollo de Artes Visuales (CDAV) de La Habana.

Bajo el título Ella vale mil pensamientos (Nature is Worth a Thousand Thoughts), esta muestra devela cómo el hombre, en su perturbada relación con el entorno natural y en su afán por colonizarlo, destruye poco a poco su propia supervivencia.

Usando diversos medios como la instalación, el performance, la fotografía y el video, los autores tratan de sensibilizar al público, de exhortarlo a asumir una ética ecológica más acorde a nuestros tiempos y a los problemas inmediatos que enfrenta el planeta.

La reconocida creadora suiza Ursula Biemann sorprende a los espectadores con la historia de dos geografías interconectadas de la globalización. Por un lado, la explotación de arenas bituminosas en Canadá —un método no convencional para extraer petróleo que provoca la destrucción irreversible del terreno y la  profunda contaminación del agua y el aire—; y por otro, los devastadores efectos de las crecidas de aguas en Bangladesh.

En su video-ensayo Resonancia climática (Deep Weather), pueden apreciarse los esfuerzos gigantescos de una comunidad del país asiático para construir un dique y retener las inundaciones. Las imágenes de esa escena manifiestan crudamente la realidad de numerosas poblaciones bangladesíes.

Habib Asal, también de nacionalidad suiza, se inspira en la insularidad de Cuba y en sus riesgos de pérdida territorial para presentar la obra Arena en los ojos, en la cual lejos de ilustrar un escenario apocalíptico, formula una nueva geografía usando sacos de arena de diversos poblados en peligro, y proporciona una interpretación diferente de la relación humano-naturaleza.

La estadounidense Amy Balkin exhibe una parte actualizada de su proyecto a largo plazo Un archivo público del hundimiento y derretimiento, el cual archiva objetos donados, provenientes de lugares con riesgo de extinción.

El fotógrafo sudafricano Gideon Mendel capta con su lente la magnitud del cambio climático y nos revela imágenes impactantes sobre sobrevivientes a inundaciones. Mientras, la joven suiza Alexandra Meyer crea una obra como Aliento (Breath), en la que diluye las fronteras entre la escultura, el video y el performance para recordarnos los daños que ocasiona la contaminación del aire a nuestra salud y calidad de vida.

Finalmente los autores cubanos Humberto Díaz, Reynier Leyva Novo y Orestes Hernández abordan por primera vez esta temática y estrenan creaciones.

En Cómo los sueños se hacen realidad (How the Dreams Come True), Humberto se apropia del gesto azaroso de un músico neoyorquino que desechaba papeles portadores de peticiones musicales para discursar sobre la materialización de los anhelos humanos y sus implicaciones en la naturaleza.

Novo nos deja perplejos ante una muestra de «fotografías» que carece totalmente de imagen titulada Postales de La Habana. El artista solo emplea textos descriptivos sobre soportes grises para evocar un paisaje urbano que nuestra memoria colectiva reconoce sin dificultad.

Orestes se centra en la contaminación ambiental y en uno de los fenómenos que la ocasiona en Cuba: la predominante tecnología vehicular envejecida, que únicamente utiliza combustibles fósiles.

Hasta el próximo 30 de abril el público podrá disfrutar en el CDAV de esta muestra que nos invita a reflexionar sobre un mejor futuro para el planeta. El mismo ser humano tiene el poder de transformar su realidad. Cualquier intento, ya sea o no desde las artes, puede ser útil para preservar la existencia humana.

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