Entrevista online: Jorge Martínez, perseverante en la vida y en la actuación

«Después de tantos años todavía me sorprendo. Quizá esa sea la clave: asumir cada trabajo como el primero y el último», reveló en entrevista online el actor cubano Jorge Martínez, quien dijo estar preparándose ya para el arranque de la tercera temporada de Sonando en Cuba, el próximo 9 de julio

Autor:

Alejandro A. Madorrán Durán

Jorge Martínez, el reconocido actor cubano de series policiacas, telenovelas como la popular Salir de noche y presentador del gustado programa Sonando en Cuba, visitó la Redacción Multimedia de Juventud Rebelde con el propósito de intercambiar con los lectores de nuestro sitio web.

Al término de la entrevista online, el también protagonista de la reciente película de Fernando Pérez, Últimos días en La Habana, se sintió «feliz por saber que a la mayoría le gusta mi trabajo y siente ese cariño por mí, créanme que es recíproco. He vivido mi vida con intensidad y entre las cosas más lindas que me han pasado está el apoyo, la preocupación y el amor de todos».

En los párrafos siguientes recogemos parte del diálogo que sostuvo con su público.

—¿Fue importante y necesario para su carrera actoral haber tenido la oportunidad de interpretar al Diego de la cinta Últimos días en La Habana?

—A mí me gustan los retos, y claro que era difícil, sobre todo emocionalmente, pero era una gran oportunidad. Yo no he hecho mucho cine en mi vida y todavía me pregunto por qué los directores no me han llamado más.  Pienso que son criterios personales. Fernando me dio esta oportunidad y no podía perderla.

—¿Qué fue lo más difícil para usted al encarnar ese personaje, interpretación que, según vemos, requirió de un gran cambio físico?

—Es cierto que esa condición fue la más difícil. Tuve que bajar 12 kilos, aunque siempre estuve supervisado por mi médico debido a mis problemas de salud. Tampoco podía coger sol, ya que el personaje estaba postrado en una cama y debía estar pálido, por lo que hacía mis ejercicios durante la noche.

«También me costó tiempo entender la manera de ser de Diego. Yo le tenía miedo a la caricatura del homosexual, pero comprendí, en el trabajo de mesa, que este hombre, quien estaba postrado en una cama, tenía, sin embargo, las energías que le faltaban a su amigo Miguel. Comprendí que debía ser muy expresivo, sobre todo en la escena con el personaje P4.

«Por otra parte, conseguir el papel no fue un camino fácil. Por el casting pasaron los mejores actores cubanos de mi generación. Pero Fernando —imagino— buscaba vivencias o emociones cercanas que quizás yo, por mis problemas de salud, le pude aportar al personaje, aunque esto él nunca me lo ha dicho».

—¿Cómo fue la experiencia de trabajar con este gran director? ¿Había trabajado antes con él?

—Nunca había trabajado con Fernando, y por supuesto, era uno de mis sueños. La experiencia fue única. Es un gran director, pero, sobre todas las cosas, una gran persona, por eso hace un cine tan único y personal que solo alguien con una sensibilidad como la de él puede hacer. Esa magia logra transmitírsela a sus actores y a su equipo de trabajo, para que al final el resultado sea más que una película o un hecho artístico, se convierta en una experiencia personal para el público.

—Protagonizó esta película junto a otro reconocido actor, Patricio Wood…

—Fue un honor trabajar con él. Mi primer trabajo en televisión fue con su padre, Salvador Wood, en la telenovela Pasos hacia la montaña, y ahora vuelvo a actuar con su hijo. Ese apellido ilustre ha sido una escuela para mí.

—¿Le parece trillado que las películas cubanas aborden constantemente temas como el homosexualismo, la emigración, la imagen del oriental en La Habana como un «luchador»?

—Desde mi punto de vista no lo veo así, pues ninguno de los problemas que tú enumeras han sido resueltos, ni la homofobia, ni la migración interna y externa (no sé tú, pero yo camino mucho por Galiano), tampoco las miserias humanas…

—¿Como actor, qué método utiliza para memorizar los guiones?

—Yo no tengo un método para memorizar. De hecho, ni leo tanto los guiones. Aunque sí hablo mucho con el director y el escritor sobre el personaje. Los textos los suelo dejar para el final, me parece que así la actuación es mucho más orgánica.

—¿Cómo es que se decide por la actuación? ¿Alguna vez pensó en hacer otra cosa?

—De hecho, yo lo que estudiaba era música (violoncelo), pero un amigo me convenció para estudiar actuación en la Escuela Nacional de Arte (ENA). Creo que fue una buena decisión, pues como músico me hubiera frustrado, aunque me encanta.

—¿En qué nuevos proyectos se encuentra trabajando actualmente, además de la nueva temporada de Sonando en Cuba?

—Terminé una película, que dirigieron Blanca Rosa Blanco y Alberto Luberta, llamada El Regreso. También comienza ahora la segunda temporada de la serie de abogados, De amores y esperanzas, entre otros proyectos.

—Nos preocupamos cuando conocimos que estaba enfermo. ¿Podría contarnos cómo está su salud? ¿Qué consejos les daría a las personas que pasan por una situación similar a la suya?

—Sí, gracias a Dios y a los médicos hoy me encuentro bastante bien. Sigo con mi tratamiento, que es de por vida, y espero que por muchos años más. El consejo es que el sistema inmunológico empieza en la mente, la cual debe estar generando positividad constantemente. No perder nunca las esperanzas, eso da fuerza y salud.

—¿Cómo logra llevar su vida personal con su fructífera carrera profesional, la cual, supongo, ocupará gran parte de su tiempo?

—Conjugo mi vida personal y laboral como cualquier cubano, con muchísimas dificultades pero también con alegrías, como esta de estar aquí hoy con ustedes. Lo bonito de mi profesión, y por lo cual creo que soy privilegiado, es tener el cariño y los agradecimientos de las personas. Y como para mí el trabajo también es salud, trato de mantenerme ocupado.

—¿Creyó alguna vez que gozaría de tanta popularidad en la televisión, como así le ha sucedido con el proyecto Sonando en Cuba?

—Te juro que después de tantos años todavía me sorprendo. Quizás esa sea la clave, asumir cada trabajo como el primero y el último. Siempre pensando en el público, y seguro que ustedes lo reciben con la misma sinceridad con que yo trabajo. No he dejado nunca de saber de dónde vengo, ni quién soy, ni a dónde quiero llegar con mi profesión. En cuanto a Sonando en Cuba, para mí es una diversión, pues me encanta la música y los grandes compositores y músicos cubanos, quienes muchas veces resultan olvidados y  en este programa, al menos algunos de ellos, han sido recordados.

—¿Cómo llegó a ti la proposición para ser uno de los conductores de Sonando en Cuba?

—Cuando empezó la preparación de la segunda temporada quien iba a dirigir el programa era Gloria Torres, y a propuesta de Paulito FG y de Joel Ortega, director de RTV Comercial, me dieron la conducción del programa. Después Gloria no siguió y finalmente dirigió Manolito Ortega, con quien ya había trabajado, anteriormente, en el Canal Habana.

—¿Se considera uno de los galanes de la televisión cubana?

—Claro que no me considero un galán, pues ya no me queda ni la campana (risas). Es una broma, todavía estoy luchando.

¿Cree que se pueda hacer un programa, al estilo de Sonando… y Bailando en Cuba, el cual promueva a jóvenes con interés por las artes escénicas?

—Aunque no conozco todos los proyectos de la Televisión, sé de algunos encaminados a mostrar el talento de los jóvenes, y no solo cantando o bailando. Ojalá se lleguen a realizar, pues cómo tú dices hay mucho talento en Cuba y todos debieran tener una oportunidad.

—¿Si tuvieras una varita mágica, qué le agregarías y qué le quitaras a la Televisión Cubana?

—Si tuviera una varita mágica, le agregaría y le quitaría lo mismo que al transporte, algunos hospitales, escuelas, maestros sin amor por su profesión, chapucerías, mediocridades, los baches de la calle y sobre todo a algunas mentes. Pero como no la tengo, nos toca hacer un esfuerzo, a todos, para tener una sociedad mejor.

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