Hagamos todos los días cultura y Revolución

Podemos asegurar que se debatió con espíritu crítico y con profundidad, sin desalientos y sin perder la brújula que nos sigue indicando el camino, con la idea fidelista expresada en Palabras a los Intelectuales, expresó Susely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC, al dejar clausurado el 3er. Congreso de la Asociación Hermanos Saíz

 

Autores:

José Luis Estrada Betancourt
Yuniel Labacena Romero

Los sueños defendidos por los Hermanos Saíz, que ahora son realidades, nunca serán defraudados ni por ustedes ni por los que continuarán esta obra en el futuro. La cultura cubana y la Revolución necesitan de nosotros, de nuestro compromiso, de nuestra crítica, de nuestras maneras de decir y de nuestras energías para hacer; y contarán siempre con ustedes, con la profundidad de sus debates y de lo que se propongan en representación de lo más puro y genuino de nuestros más jóvenes creadores y artistas.

La afirmación la hizo este jueves Susely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), al clausurar el 3er. Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) que, en lo adelante será dirigida, a nivel nacional, por el dramaturgo Rafael González Muñoz, acompañado por los escritores Eldys Baratute Benavides y Liliana Rodríguez Peña, y la realizadora Marleidy Muñoz Fleites, en calidad de vicepresidentes.

Ante los 300 delegados e invitados reunidos en el Palacio de Convenciones de La Habana, donde fue resaltada, de manera especial, la acertada gestión de Rubiel García González, quien permaneció al frente de la organización desde su elección en 2013, la dirigente juvenil recordó cómo los enemigos de la Revolución quieren para Cuba el regreso al pasado capitalista, con sus egoísmos y sus desigualdades, pretendiendo que olvidemos la historia y que los anexionistas de siempre, se pongan al servicio de sus planes de dominación.

Debemos defender la cultura desde la «guapería» buena, tocando las puertas, pero también
abriendo y entrando en cada casa, dijo Eldys Baratute.

Ante estas pretensiones, crear seguirá siendo la palabra de pase de esta generación, afirmó apegada al pensamiento martiano. «No podemos traicionar la memoria de aquellos que señalaron el camino, sino jurar lealtad a las ideas de los Hermanos Saíz, elocuente y hermosamente plasmadas en su texto ¿Por qué luchamos?», señaló.

Morfa González hizo un recorrido por la historia de la Asociación, desde su fundación por Fidel hasta llegar a este 3er. Congreso el cual «ha reflejado el quehacer comprometido y revolucionario de los integrantes de la AHS, en los que descansa uno de los pilares más importantes en la guerra de pensamiento que libramos hoy los cubanos».

La dirigente juvenil resaltó que durante todos estos años hemos sido testigos del valioso aporte que en cada manifestación de la creación artística se ha realizado. Apuntó que la AHS ha de tener en la promoción cultural y en las nuevas  tecnologías herramientas indispensables para llegar más a los jóvenes.

«Todavía sigue pendiente la aspiración de que las Casas del Joven Creador cobren todo su esplendor y tengan una infraestructura tecnológica acorde con los nuevos tiempos, lograr una mejor enseñanza artística con el concurso y el trabajo que ustedes realizan; lograr un vínculo y un apoyo más efectivos con las instituciones de cultura a todos los niveles, como también hay que profundizar en la superación profesional, en las relaciones con las universidades, y en consolidar el sistema de becas y premios que convoca».

Estas jornadas, reconoció la también miembro del Consejo de Estado, han resultado un excelente cierre para un proceso que alcanzó a cada célula de la organización en el país. «Podemos asegurar que se debatió con espíritu crítico y con profundidad, sin desalientos y sin perder la brújula que nos sigue indicando el camino, con la idea fidelista expresada en Palabras a los Intelectuales. Hoy podemos constatar que los miembros de la AHS han sido consecuentes con lo que el Partido y la Revolución esperan de ellos.

«Estos son los momentos en que nada nos puede dividir ni confundir; se necesitan convicciones definidas y sólidas en todos los frentes del combate ideológico, pero especialmente en el campo de la cultura, blanco preferido para aquellos que desde supuestas posiciones revolucionarias buscan crear desaliento, sembrar dudas y fomentar el egoísmo y el éxito individual, por encima de los verdaderos intereses de la nación».

La Cuba en que vivimos hoy nos pertenece, expresó, «porque somos mayoritariamente jóvenes los que estamos construyendo esta sociedad. Aquí tenemos un país que se esfuerza y un Estado que pone sus mayores empeños en garantizar para todos y, en especial para su juventud, los beneficios de un proyecto de nación digna y próspera, que nos esforzamos por perfeccionar, pues confiamos en que solo dentro de ella será posible la realización personal del ser humano basada en los mejores valores morales, solidarios y éticos».

La espiritualidad de la nación

«En medio de la creciente agitación global y las modificaciones sustanciales en la vida cotidiana del país, la cultura toda, y los que protagonizamos sus espacios, tenemos el encargo de hacer prevalecer la lucidez, la vocación liberadora y el compromiso intelectual que hasta hoy definen el movimiento cultural en la Isla. Escritores y artistas debemos seguir prestando un especial interés a los temas que conforman la espiritualidad de la nación. Las más de tres décadas de existencia de la AHS ratifican, además, la utilidad de mantener una permanente vigilancia, en términos cualitativos, sobre el conjunto de las instituciones de la cultura, la expresión práctica de las políticas, los ambientes creativos y los cambios que se dan a partir de los procesos culturales».

Lo anterior pudiera resumir el espíritu que primó entre los reunidos en sesión plenaria para dar por concluido el cónclave de la vanguardia de los jóvenes creadores cubanos, iniciado el pasado martes.

Correspondió al escritor guantanamero Eldys Baratute estar entre los primeros que abrieron el debate. «En nuestras calles hay violencia verbal y física, falta de civismo, abunda la incultura, lo que nos obliga a llevar adelante una segunda campaña de alfabetización en los espacios públicos que nuclee la acción de todos, no solo de los artistas e intelectuales y del Ministerio de Cultura y sus instituciones, sino de otros como el Ministerio de Educación, de Salud Pública... Trabajar como sistema, sumar a un país en esta campaña por el gusto estético, por salvar la verdadera cultura.

«Debemos defender la cultura desde la “guapería” buena, tocando las puertas, pero también abriendo y entrando en cada casa, poniéndola al alcance de la gente, porque será la cultura la que conseguirá que seamos mejores cubanos».

Al recordar que este 3er. Congreso tiene como inspiración el aniversario 150 de la luchas del pueblo cubano, el Presidente de la filial de la organización en la provincia más oriental de la Isla enfatizó en lo vital que resulta rescatar la figura del héroe. Es una responsabilidad de quienes trabajamos con y para los niños y los jóvenes. Esa generación urgida de patrones, de paradigmas, se conectará con esos grandes héroes nuestros en la medida en que los presentemos verosímiles, creíbles, de carne y hueso, para que los puedan sentir cercanos, solo así aseguraremos, después de unos pocos años, que permanezca vivo lo más auténtico de la cultura cubana y que la vivan con orgullo.

La opinión de Baratute fue reforzada por los planteamientos de la habanera Indira Fajardo, de la sección de Crítica e Investigación, quien afirma que «adentrarse en la comunidad, profundizar en sus venas abiertas, diagnosticarla, entenderla y repensarla debe constituir un ejercicio perenne de la AHS.

«El ámbito comunitario en su máxima dimensión, adolece, todavía, de una real integración, articulación y trabajo conjunto entre aquellos que apostamos por su desarrollo. La realidad demuestra que es inminente actuar de manera coherente para enfrentar los desafíos que impone el vertiginoso cambio de los tiempos.

«La presencia de una organización como la AHS no puede estar sujeta a formalismos ni reducirse a un proyecto cultural, tampoco puede enmarcarse en una jornada de programación. Debe ser real, constante, plural, inquieta, audaz, rebelde como nosotros mismos. Debe enriquecer la espiritualidad de quien la aprecie, contribuir a la formación del gusto estético y el juicio crítico, y debe favorecer, al mismo tiempo, el humanismo de aquel que muestra su obra», dijo.

Para Indira, hablar de comunidad conlleva a tener en cuenta a las instituciones, especialmente la escuela, «un centro eminentemente cultural que debe provocar inquietudes, estimular el pensamiento y alimentar esperanzas. Desde la organización debemos saldar las deudas aún pendientes con la enseñanza general que se traducen en propiciar un mayor acompañamiento desde las aulas, aportar criterios al perfeccionamiento de los planes de estudios, identificar referentes desde las jerarquías artísticas y contribuir a la preparación de maestros e instructores de arte». 

Vanguardia artística

Yosvany Montano Garrido considera que si servirle a la nación es un deber, construir juntos el futuro es una obligación. Quien se halla al frente de la célula de la Asociación en la Universidad de las Artes está convencido de que la cultura tiene que ser crítica, «si no utiliza la verdad como método de develamiento, como herramienta para preservarse y reproducirse, como condición para ver el mundo en un grano de arena, no logra rebasar la imagen que la reduce a medio de escape y devalúa su papel cual instrumento de enfrentamiento a los problemas.

Le preocupa, además, que a veces se tiende a la comodidad de no querer    pensar y así alejarse de los asuntos    verdaderamente importantes. «Ocupados en las carencias gremiales y los imperativos económicos, podríamos estar olvidando que en el fondo de los problemas culturales, la lucha por el poder político, por el control de las mentalidades, sigue siendo un componente principal con el cual estamos obligados a reñir».

Enfatizó lo fundamental de ampliar el marco con el que definimos la cultura, dejar de verla como servicio, lo que significa luchar contra su enfoque eventista, ferial; y, al mismo tiempo, estudiar cómo los símbolos culturales simbolizan.

«Debemos reconocer como una extensión principal de todo cuanto hacemos el componente comunitario, no para exportar cultura a los que no la tienen, sino para que nuestra propuesta se enriquezca con los valores, las identidades, las espiritualidades preservadas en los más insospechados sitios del país», reiteró.

A Gustavo González, líder del proyecto La Cruzada, le preocupa que las becas otorgadas por la AHS no sean tomadas en cuenta para las giras nacionales que organiza el Instituto Cubano de la Música, o que no se «proteja» al joven talento en las fiestas populares.

También llamó la atención acerca de cómo todavía algunos subestiman el pensamiento de las nuevas generaciones de artistas e intelectuales. «Me asombra cómo algunos se sorprenden de lo profundos que pueden ser nuestros pensamientos, de las soluciones que aportamos, como si no supieran hasta dónde podemos llegar los jóvenes de la AHS».

Gustavo insiste en lo vital de que constantemente se esté pensando «qué obras nos interesa realizar, a dónde queremos llegar. Creo que nuestra obra tiene que ser la gente, tocar sus corazones, que entiendan por qué estamos haciendo lo que hacemos, si nuestra obra no se vuelve de pueblo y la gente no hace suya cada una de nuestras batallas, estamos perdidos».

A Gustavo le resulta «sospechosa» a veces la frase «vanguardia artística», sobre todo cuando se queda solo en consigna. «La verdadera vanguardia artística debe verse empoderada, tener poder transformador y ser protagonista. Y la vanguardia tiene que ser más plural, como lo es la cultura, por tanto está conformada por creadores que estamos de acuerdo en cuestiones de principios, aunque podamos tener ideas distintas».

Criticó a esos «que no se dignan a dar respuestas, que no respetan los acuerdos tomados, que callan y ni siquiera son capaces de decir: no lo sabemos o no la tenemos, o de invitarnos al diálogo para juntos buscar soluciones. Hablan de problemas como si nosotros los hubiéramos generado, mientras omiten a los responsables. Sabemos que las decisiones que adoptan a veces responden al proceso de reconstrucción del país que vivimos, pero hay que dejarnos ser protagonistas también de ese proceso».

Este joven músico no duda del rol fundamental de la institución en un país como el nuestro, pero es hora, dijo, que escalemos un nivel superior, hacer que funcione realmente, para que pueda     defenderse sola, contrario a lo que ocurre en ella con frecuencia: programaciones deficientes, permeadas por favoritismo, falta de moral, problemas éticos...

Jerarquías culturales

A la importancia de que se vele todo el tiempo por las jerarquías culturales se refirió el periodista José Ernesto Nováez, de Villa Clara. «A veces la dejamos en manos del funcionario que le toca la tarea pero que cumple de forma deficiente un punto esencial de la política cultural, cuando se trata de un asunto que atañe a la totalidad de los organismos e instituciones en todos los niveles de la cultura.

«El Ministerio invierte grandes presupuestos para proteger lo más valioso de la cultura, y luego viene un director artístico de un hotel, el director de un centro gastronómico o el chofer de una guagua y lo tira todo por la borda. Es una lucha que hay que desatar en la conciencia de la gente, articular estrategias coherentes; lograr que la calidad de la programación sea tan alta en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso como en el batey o en las zonas rurales —a veces perdemos de vista que esos amplios sectores también son Cuba—, pero todo se resuelve “traduciendo” el gusto del pueblo: reguetón del malo y la pipa de cerveza como propuesta de recreación.

«Cierto que la crítica es necesaria, mas solo funciona si hemos creado un público para el arte, si se ha trabajado en el gusto estético. Muchos ejemplos existen en Cuba de que es posible educar el gusto. Contamos con una compañía de primerísimo nivel como el Ballet Nacional, que ha conseguido que ese arte, una de las formas más elaboradas y complejas que ha producido la humanidad, sea aquí seguida por multitudes. ¿Qué pasó con la cinemateca móvil del Icaic que hizo que un guajirito de un pueblo lejano empezara a admirar a Ingmar Bergman y a Akira Kurosawa? Actuamos por campañas, llevamos los artistas a un lugar y después…

«Hay que exponer la gente al arte. Pensar en qué ponemos los recursos: no debe ser en un artista en particular, sino en manifestaciones, obras, estéticas..., y en promover lo que posea un valor. Una obra de arte verdadera defiende con una fuerza enorme la Revolución. En lo que jerarquizamos se expresa qué proyecto de país avalamos».

El también conductor de la peña La Caldera valoró además el mercado en ese contexto. «Tiene el poder de construir una falsa jerarquía, dando la ilusión de que vender mucho es sinónimo de buen artista, olvidando que el mercado trabaja con mercancías. Sabes que es mal necesario, pues el artista debe comer, el problema aparece cuando cambia el arte por la candonga».

Los criterios del realizador capitalino Pedro Luis Rodríguez se desarrollaron a partir de las interrogantes: ¿cuál es el país que queremos para el futuro y qué papel nos tocará jugar en él como artistas? «En la actualidad se han diversificado enormemente las fuentes de realización y de consumo de los productos culturales, dijo. Las instituciones han perdido el control sobre gran parte de los contenidos que circulan en nuestra sociedad, mientras no está en el día a día el debate sobre la cultura y las ideas, que además sea profundo y creador. Y ello trae como consecuencia que se instaure una especie de metodología de trabajo absolutamente verticalista.

«A veces nos encontramos con una acción que parte de un buen propósito, pero que se convierte en un error por la forma en que se materializa. Y es que tomar cualquier decisión sobre la creación, sin la participación de sus protagonistas: los artistas, es una fórmula que ha llevado más de una vez al fracaso. No debemos estar haciendo enmiendas y parches que amortigüen el impacto del error, debemos, y esta vez junto a los criterios de los creadores, concebir fórmulas legales nuevas y coherentes,    que permitan jerarquizar y regular, sin obstaculizar y prohibir.

«La política cultural debemos hacerla entre todos y para eso la institución debe abrirnos las puertas y estar dispuesta a debatir ideas, como un ejercicio natural. Hay que crear un mecanismo permanente de trabajo con las instituciones», apuntó Pedro Luis, quien propuso establecer consejos asesores de artistas, «donde no solo se discutan los temas logísticos, sino que, sobre todo, prime el pensamiento».         

En la clausura fue reconocido el trabajo realizado por Rubiel García al frente de la Asociación.

 Avivar las almas y la esperanza

El mundo cambió. Así inició su intervención el escritor granmense radicado en Santiago de Cuba, Yunier Riquenes, consciente de que no estaba aportando ninguna idea nueva, pero que le servía como pie para su análisis. «A todos nos queda claro, pero muchas veces no sabemos cómo actuar, cómo colocarnos. El acelerado desarrollo de las comunicaciones y el efecto de la globalización han transformado la vida cotidiana. Y la influencia de las tecnologías de información y comunicación (TIC) son enormes», puntualizó Riquenes en el plenario presidido por Víctor Gaute, miembro del Secretariado del Comite Central del Partido; Roberto Montesino Pérez, jefe del Departamento de Cultura y Propaganda del Comité Central; Alpidio Alonso, ministro de Cultura; y Abel Prieto, director de la Oficina del Programa Martiano y la Sociedad Cultural José Martí, entre otros.

«Hay zonas wifi en la Sierra Maestra y Sagua de Tánamo, conectarse a la red de redes se ha convertido en una prioridad para los cubanos —prosiguió Yunier. Estamos en un mundo dominado por las pantallas, nuestros hijos manipulan los diferentes soportes de un modo increíble, por lo tanto no debemos dejar espacios vacíos, por el contrario, utilizarlos en la construcción de identidades y en la salvaguarda de la cultura cubana».

Llamó a sus contemporáneos a no actuar con apatía e indiferencia ante su realidad. «Debemos estar comprometidos con nuestro tiempo y participar, no olvidar que somos parte de los que deciden, decisores, como líderes de opinión somos y porque estamos más cerca de la gente, de la comunidad. Es importante, no obstante, la formación y superación constante, la inquietud profesional, que nos transformarán en verdadero intelectual, siempre y cuando no perdamos la sencillez, la humildad y la persistencia.

«La lectura sigue siendo un ejercicio obligatorio. No se concibe a un artista, ni a un dirigente político que no lea, que no se informe. Ser líderes implica, además, responsabilidad, ética. Debemos aprender a dialogar. El debate no puede ser en silencio».

No duda Riquenes que el arte de la oratoria forma parte del arte de la política. «No se deben ahuecar las palabras ni construir discursos con frases hechas, porque nos hace poco creíbles. Hagamos todos los días, desde la práctica, el pensamiento de Fidel, hagamos todos los días cultura y Revolución. Nos corresponde a nosotros refundar, sensibilizar, transformar y conectar con el arte, encender con la palabra, avivar las almas y la esperanza. Quiero seguir pensando que en Cuba es posible fundar, construir y permanecer».

Fotos: Roberto Ruiz

 

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